Coches eléctricos familiares

Tengo un CAE y (NO) sé cómo usarlo

No te hablamos de los CAE porque creamos que la normativa de Bruselas deba formar parte de tu lectura vespertina, sino porque podrías estar sentado sobre un montoncito de dinero… sin saberlo.

Los Certificados de Ahorro Energético (CAE) suenan a esas cosas que uno oye en prensa económica y que parecen ir dirigidas a empresas, no a personas. Pero aquí va la sorpresa: también tú puedes beneficiarte. El Gobierno quiere que el país consuma menos energía y, en lugar de repartir subvenciones eternas, ha creado un sistema que recompensa cada kilovatio hora que dejes de gastar. Si instalas una caldera eficiente, cambias luminarias o (y aquí viene lo nuestro) sustituyes tu coche de combustión por uno eléctrico, generas ahorro. Y ese ahorro, medido y certificado, tiene valor. Literalmente. 

El sistema nació para sustituir a las antiguas subvenciones del Fondo Nacional de Eficiencia Energética, que recaudaba dinero a través de los llamados “sujetos obligados”: las grandes energéticas que venden electricidad, gas o carburantes. Entre ellas Repsol, que (como mayor vendedor de energía de España) es también el mayor sujeto obligado y la fuente de información más especializada que existe sobre este tema. Durante años, el Estado les cobró un impuesto por cada megavatio hora vendido, con la promesa de financiar proyectos de eficiencia. Pero la maquinaria administrativa resultó tan lenta que apenas se tradujo en resultados reales. Así que, en 2023, España importó un modelo que en otros países europeos lleva años funcionando: los CAE. 

De dónde sale el dinero 

El principio es ingenioso (y algo poético). Si antes esas energéticas pagaban en metálico por la energía “derrochada” del país, ahora pueden pagar comprando los ahorros que logran los ciudadanos. Si un usuario reduce su consumo, genera un ahorro medible en kilovatios hora, y ese ahorro se convierte en un certificado digital que puede venderse. Repsol, por ejemplo, lo compra, lo valida y lo presenta al Ministerio como parte de su obligación anual de reducir consumo. Y, como Repsol, cualquier otra empresa que comercialice energía (sea del color que sea) puede y le conviene hacerlo. 

El resultado es un triángulo en el que ganan todos: el usuario monetiza su esfuerzo, la empresa cumple su objetivo de eficiencia pagando menos al fondo y el Estado puede demostrar ante Bruselas que su política energética funciona. 

La norma diferencia entre actuaciones “singulares” y “estandarizadas”, estas últimas descritas en fichas oficiales que simplifican los cálculos y la documentación. Entre esas fichas están las TRA del transporte, y en ese subgrupo brilla con luz propia la TRA050, que certifica el ahorro al sustituir un vehículo térmico por uno eléctrico. Es la puerta de entrada a comprar dinero por haber sustituido tu coche por otro más eficiente. 

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Lo que gana quien conduce eléctrico 

El ahorro energético que genera esa sustitución ronda, según la ficha vigente, los 7 MWh anuales. Su valor económico es variable porque (sí) existe un pequeño mercado de CAE en el que la oferta y la demanda marcan el precio. No hay una tarifa oficial, pero quienes más saben del asunto hablan de cifras en el entorno de los 100 euros por MWh. Está claro que no podemos salir del jardín en el que nos hemos metido sin darte una cifra aproximada; lo justo para que tengas una idea del orden de magnitud, así que ahí vamos, y sin compromiso: unos 700 euros por coche eléctrico medio. 

Nada que te cambie la vida, pero sí una forma tangible de rentabilizar tu apuesta por la eficiencia. Cada kilovatio hora que ahorras con tu estilo de vida vale dinero, y cada acción que reduzca tu consumo puede tener premio. 

Y si uno se pregunta si esto funciona y compensa, por supuesto que sí: no hablamos de una hipótesis. Tanto los sujetos obligados como los intermediarios (los llamados “sujetos delegados”) están muy interesados en adquirir tus CAE. De manera que, si no lo sabías, leer estas cuatro páginas acaba de convertirse en una inversión muy rentable. 

Esta introducción apenas roza la superficie. Te animamos a seguir aprendiendo con las entrevistas que acompañan a este reportaje y a profundizar en el webinario de Repsol y AUVE sobre CAE, donde se abordan estas y otras muchas cuestiones vitales con un nivel de precisión inmejorable. 

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Los 7 MWh que valen dinero 

No depende del tamaño de la batería, sino de la energía que dejas de gastar cada año al conducir un coche eléctrico. La ficha oficial TRA050 (la que regula el cambio de un vehículo de combustión por uno eléctrico puro) toma como referencia un uso medio de 13.073 kilómetros al año. Con datos del IDEA, un coche de gasolina típico consume unos 6,5 litros cada 100 km (equivalentes a algo más de 8 MWh de energía primaria), mientras que un eléctrico medio apenas ronda los 2,5 MWh en el mismo recorrido. 

La diferencia ajustada por eficiencia del sistema (y convertida a energía primaria, que es la que realmente hay que generar) arroja un ahorro estandarizado de unos 7 MWh por vehículo y año. Ese es el valor reconocido oficialmente y el que se puede convertir en dinero mediante los Certificados de Ahorro Energético. 

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