Europa estudia imponer el 100 % de eléctricos en flotas corporativas y de alquiler a partir de 2030. Según adelantó el diario Bild am Sonntag a partir de varias fuentes bien informadas, Bruselas tiene sobre la mesa una propuesta de reglamento que podría obligar a que todas las nuevas adquisiciones de vehículos para flotas empresariales sean de cero emisiones. Aunque aún no se ha presentado oficialmente, el debate ya está encendido.
La medida formaría parte de una batería de iniciativas para reforzar la industria automovilística europea en su transición ecológica. De hecho, ya se barajan pasos intermedios: un 75 % de cuota de eléctricos en 2027 antes de llegar al 100 % en 2030. La Unión Europea reconoce que el texto está en fase de desarrollo y que se espera su presentación formal antes de que finalice el verano. A partir de ahí, comenzaría el recorrido legislativo en el Consejo y el Parlamento europeos.
¿Por qué es tan relevante?
Porque alrededor del 60 % de todos los vehículos nuevos matriculados en la UE pertenecen a empresas o servicios de alquiler, no a particulares. Además, se generaría una bolsa potente de eléctricos de segunda mano que haría que esta tecnología fuese ganando protagonismo en esa segunda vida ya en mano de particulares.
Varios países ya han dado pasos similares. Francia obliga desde 2022 a que un 10 % de las renovaciones de flotas sean con vehículos limpios en empresas con más de 100 vehículos, porcentaje que subió al 20 % en 2024 y llegará al 40 % en 2027. Ya este año las sanciones podrían alcanzar los 2.000€ por vehículo que esté fuera de estos cupos, aunque de momento parece que se está haciendo la vista gorda en el país vecino -en 2023 solo el 11% de las ventas corporativas francesas fueron eléctricas-.
Pero la resistencia no se hace esperar
El eurodiputado alemán Markus Ferber ha enviado una carta a Ursula von der Leyen pidiendo que se frene el proyecto. Argumenta que muchas empresas comprarían eléctricos solo para cumplir la normativa, sin una estrategia real de transición. También desde la patronal del leasing, Leaseurope, se critica que el plan nace “de la convicción ideológica y no de los hechos”, en referencia a la falta de infraestructura de recarga rápida.
Del lado de los actores del sector, el rechazo es notorio. Nico Gabriel, director general de Sixt, califica la propuesta como «fuera de la realidad» y advierte que muchos usuarios podrían renunciar a alquilar un coche en vacaciones si no hay suficientes puntos de recarga disponibles. También alerta de que el acceso al renting eléctrico podría encarecerse hasta el punto de excluir a buena parte de los consumidores.
La poderosa patronal alemana de fabricantes VDA se suma a las críticas, advirtiendo de un posible impacto negativo sobre el empleo, la inversión y la competitividad del sector europeo frente a rivales asiáticos. Y aunque desde Bruselas se defiende la medida como pilar clave de su estrategia climática, sus detractores la tildan de apuesta arriesgada. Para las empresas implicaría revisar de raíz la gestión de flotas, invertir en recarga y asumir sobrecostes inmediatos.
Para los particulares, podría traducirse en precios más altos en alquileres. En el largo plazo, sí es cierto que podría acelerarse el mercado de eléctricos de ocasión, aún incipiente. Pero todo ello dependerá de que las infraestructuras europeas estén listas para sostener una transición de esta magnitud.
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