Cada vez los coches son más grandes, más potentes… a veces no de una forma sensata. Hubo un tiempo, no te creas que hace tanto, en el que viajar con un coche de 60 o 70 CV, o incluso menos, era relativamente normal. Hoy en día es una cosa rara, y hasta encontrarás gente que considerará locura viajar en un coche de tan poca potencia.
Pero se puede, se puede. Como prueba, este trayecto de 600 km, más otros tantos de vuelta, a los mandos de un Toyota Aygo X Cross. Este pequeño microurbano equipa un motor 1.0 de tres cilindros, sin turbo ni nada, que desarrolla 72 CV de potencia y 93 Nm de par.

Aun siendo un coche estrictamente de ciudad, me hizo cierta gracia afrontar este reto con él. La unidad que tengo aquí corresponde a la edición Limited Edition, que lleva todo lo que puede llevar el Aygo, incluyendo el cambio automático de tipo CVT y hasta techo de lona practicable.
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Por eso es el Aygo más caro. Sale por 19.950 euros, bastante más de los 15.500 euros que cuesta el modelo más básico con el mismo motor, cambio manual y menos equipamiento.

Viajar en un Aygo
Maletero cargado (sus 231 litros, tampoco me puedo flipar) y a funcionar. Lo positivo del Aygo es que consume muy poco. Puedes llevarlo en 5,0 L/100 km sin excesivo esfuerzo, aunque en autopista es otra cosa.
Lo es porque para llevar un ritmo digno, entendiendo por digno ir a la velocidad máxima legal como mínimo, requiere que el motor gire alto de revoluciones. No utilizo la expresión «bajar machas» porque en realidad esta caja de cambio automática no las tiene, porque es de variador continuo.

Sí que tiene siete relaciones ficticias que simulan siete marchas, y que bueno, dan el pego más o menos y hacen que la conducción sea un poquito más agradable, aunque creo que el viaje habría sido más placentero y menos ruidoso con una transmisión manual, aunque ello requiriese bajar a la cuarta o incluso tercera marcha en alguna ocasión.
Este Aygo mantiene los 120 km/h dignamente y, si quieres ir a más, créeme que puede. Claro, que tienes que coger algo de carrerilla. Como algún vehículo te ralentice, ya sea un turismo o más gravemente un camión, luego recuperar velocidad cuesta un poco. Y la única forma de hacerlo es acelerando de más, por lo que las revoluciones suben hasta el límite y claro, hay ruido y consumo.

Aun así gasta poco. A ritmo legal, los 6,0 L/100 km son muy realistas. Si ilegalmente vas a fondo (tranqui, con 72 CV no te quitarán muchos puntos), obviamente el consumo sube, pero no mucho más de un par de litros, y eso, si tienes en cuenta que vas estrujando el motor a todo lo que da, es buen reflejo de lo eficiente que es este motor.
Aparte el coche frena bien, tiene buen tacto en la dirección y es estable a pesar de sus finitos neumáticos de 175 mm de ancho (en llanta de 18″, una medida muy poco común).

A ritmo tranquilo, la caja CVT hace girar el motor a unas 3.000 ó 3.500 rpm. Entonces, hay poco ruido y la conducción es agradable. Si necesitas adelantar, necesitas un pico de potencia puntual o simplemente llevas una velocidad de crucero más alta, entonces el motor gira en el entorno de las 5.000 rpm, más incluso a veces, y ahí sí que hay ruido. Pero bueno, es lógico, hay muchos condicionantes que así lo hacían presagiar.
Está claro que un Toyota Aygo no es un coche para viajar, como tampoco lo es cualquier alternativa de potencia equivalente. Sin embargo, si no eres de correr, es un coche que puede acometer viajes sin ningún tipo de problema. Es raro ver un Aygo por autopista pero, ¿por qué no?
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