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5 escándalos que sacudieron el mundo antes del caso Takata

Antes del escándalo global de los airbags Takata, la industria del automóvil ya se había enfrentado a crisis de seguridad y fraudes de impacto monumental. Te contamos los cinco casos más notorios.

La historia de la automoción no solo se escribe con avances técnicos, sino también con capítulos oscuros que pusieron en jaque la confianza de millones de conductores y la reputación de los mayores fabricantes del mundo. Repasamos cinco megallamadas a revisión y escándalos que han cambiado la seguridad y la transparencia del sector para siempre. Detrás de cada uno de estos episodios hubo errores técnicos, decisiones empresariales equivocadas y, sobre todo, ocultamiento o retraso en la comunicación.

Ford Pinto y el precio de la vida

En la década de 1970, Ford lanzó el compacto Pinto, que pronto se convirtió en símbolo de negligencia industrial y ética. El diseño del depósito de combustible —situado peligrosamente cerca del parachoques trasero— hacía que el coche pudiera incendiarse tras impactos leves. Lo más alarmante fue que Ford, tras calcular costes, decidió no rediseñar el vehículo, estimando que indemnizar víctimas saldría más barato que modificar la producción. Se calcula que más de 1,5 millones de unidades estuvieron en riesgo, y el caso forzó cambios legislativos y éticos históricos en la industria.

GM y los interruptores

Décadas después, General Motors protagonizó otra crisis monumental. Más de 30 millones de vehículos en todo el mundo fueron llamados a revisión por un defecto en el interruptor de encendido, que podía apagar el motor en marcha y desactivar los airbags, dejando a los ocupantes indefensos en caso de accidente. El fallo, oculto durante años por la compañía, se asoció oficialmente a al menos 124 muertes y supuso sanciones multimillonarias y una transformación radical en los protocolos de seguridad y gestión de crisis de GM.

Akio Toyoda
Akio Toyoda

Toyota que se autoaceleran

A finales de la década de 2000, Toyota —símbolo de calidad y fiabilidad— se vio envuelta en una crisis global tras detectarse defectos que provocaban aceleraciones involuntarias en varios modelos. La alarma social y varios accidentes mortales desembocaron en la revisión de cerca de 10 millones de vehículos a nivel mundial. Las investigaciones apuntaron a problemas tanto mecánicos como electrónicos. Toyota pagó multas récord, compareció ante el Congreso de Estados Unidos y elevó sus estándares de calidad y transparencia, marcando un hito en la gestión de crisis de la industria japonesa.

Neumáticos Ford-Firestone

El cambio de milenio trajo consigo una de las mayores megallamadas a revisión de la historia. Entre 1990 y 2001, más de 14 millones de neumáticos Firestone fueron retirados del mercado, la mayoría montados en los populares SUV Ford Explorer. El problema era la deslaminación de la banda de rodadura, que causaba reventones y pérdidas de control a alta velocidad. La NHTSA (Agencia Nacional de Seguridad del Tráfico en EE. UU.) registró más de 270 muertes y más de 800 heridos relacionados con estos fallos. El escándalo desató una tormenta mediática y política: Ford y Firestone intercambiaron acusaciones públicas, la histórica alianza entre ambas compañías se rompió y la industria tuvo que revisar de arriba abajo la seguridad y trazabilidad de los componentes críticos. Además, se instauraron nuevos requisitos de presión de neumáticos y sistemas de control electrónico (TPMS) obligatorios en EE. UU.

Wolfsburg, cuarteles generales Grupo Volkswagen
Wolfsburg, cuarteles generales Grupo Volkswagen

Volkswagen y el Dieselgate

En 2015, el Grupo Volkswagen protagonizó el mayor fraude de emisiones conocido hasta la fecha, conocido como Dieselgate o Volkswagengate. La compañía instaló un software ilegal en 11 millones de vehículos diésel de sus diferentes marcas para manipular las pruebas de emisiones contaminantes y aparentar que cumplían con los límites legales de óxidos de nitrógeno, cuando en condiciones reales superaban los límites hasta 40 veces. El escándalo no solo arrasó con la reputación del grupo alemán, sino que desencadenó una cascada de demandas colectivas, la dimisión de ejecutivos, la detención de directivos y más de 30.000 millones de euros en multas, compensaciones y costes legales. El Dieselgate aceleró la transición hacia los coches eléctricos, endureció la vigilancia medioambiental y dejó una profunda huella en toda la industria automovilística global.

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