Hay fechas que no hacen ruido en el momento en que ocurren, pero que con el paso de los años terminan explicando un país. El 29 de diciembre de 1951 es una de ellas. Ese día se constituía en Valladolid FASA (Fabricación de Automóviles S.A.), la sociedad que marcaría el inicio de la aventura industrial de Renault en España. De esta manera, comenzaba a gestarse uno de los mayores motores de transformación económica e industrial del siglo XX español.
La “prehistoria” de FASA-Renault
Para entender la magnitud de aquel paso hay que retroceder medio siglo más allá de aquel 1951. La relación de Renault con España no empezó en los años 50, sino mucho antes. Ya en 1901, apenas tres años después de la fundación de la marca por Louis Renault, un cliente español adquiría uno de sus primeros vehículos: el Voiturette. Era un gesto casi anecdótico, pero revelador del temprano interés por el incipiente automóvil.

Ese vínculo se consolidó en 1908 con la creación de una estructura comercial estable, que permitió a la marca francesa convertirse en uno de los primeros fabricantes extranjeros con presencia organizada en España. Durante décadas, esa red no solo comercializó turismos, sino también vehículos industriales, autobuses o tractores, construyendo un conocimiento profundo del mercado local.
Pero el contexto no acompañaba. La primera mitad del siglo XX estuvo marcada por el proteccionismo, la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, que frenaron el desarrollo industrial y limitaron el comercio exterior. Aun así, la semilla estaba plantada: cuando el país volviera a crecer, la automoción sería clave.
Ese momento empezó a tomar forma a finales de los años 40. El éxito del Renault 4CV en Francia abrió una oportunidad evidente: España no solo podía vender coches, debía empezar a fabricarlos. La solución fue una fórmula habitual en la época: producir bajo licencia, combinando tecnología extranjera con capital y mano de obra local.
La elección de Valladolid no fue casual. Con tradición industrial y ferroviaria, la ciudad ofrecía el entorno adecuado para levantar un polo productivo fuera de Madrid. FASA arrancó con un capital inicial de cinco millones de pesetas y con un objetivo claro: crear industria donde antes solo había distribución.
Los primeros planes eran prudentes: producir entre 6.000 y 6.500 vehículos al año. Pero detrás de esas cifras había un reto mayúsculo: formar trabajadores, crear cadenas de montaje, establecer estándares de calidad y, sobre todo, desarrollar una red de proveedores desde cero. No se trataba solo de fabricar coches, sino de construir un ecosistema industrial completo.
11 millones de coches producidos…
El Renault 4CV fue el encargado de inaugurar esa etapa. En 1953 saldrían de la línea de montaje 707 unidades. Un volumen modesto, sí, pero suficiente para marcar el inicio de una historia que cambiaría la economía de una región y, en buena medida, del país.
Desde entonces, Renault en España ha sido mucho más que una marca: ha sido empleo, innovación, formación técnica y desarrollo industrial. Ha sido Valladolid con carrocerías y motores, ha sido Valladolid con el centro de I+D+i, ha sido Palencia con su planta de producción de vehículos, ha sido Sevilla con la fábrica de cajas de cambio primero y ahora con el concepto Refactory, ha sido el centro de software de Madrid…
Para el presidente de Renault Group España, Josep Maria Recasens “aquella firma de 1951 trajo una cultura de calidad e innovación que hoy, 75 años después, convierte a nuestras plantas en el Polo de Hibridación del Grupo, siendo referentes mundiales dentro de la compañía en materia de productividad, competitividad y eficiencia”.
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