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Citroën Centenario de Citroën: Expedidiones a principios del siglo XX

Citroën y la aventura: el Crucero Negro y el Crucero Amarillo

Publicado el lunes 04 de febrero de 2019
Citroën y la aventura: el Crucero Negro y el Crucero Amarillo

Si nos preguntan si existe relación entre Citroën y aventura es posible que respondamos que ninguna, o como mucho mencionaremos el Dakar. Pero lo cierto es que se trata de una de las marcas que más fuerte ha apostado siempre por los desafíos fuera del asfalto, sobre todo a principios del siglo pasado, llegando incluso a los libros de historia.

A principios del siglo XX y sin la ayuda de GPS ni de sistemas de orientación ni comunicaciones, unos pocos entusiastas del automóvil y locos por la aventura decidieron emprender una serie de viajes que les llevarían a atravesar tierras hasta ese momento casi inexploradas.

Al final de la I Guerra Mundial, Francia buscaba una forma segura y rápida de unir la metrópoli y el África ecuatorial. Esta idea, descabellada en un principio, seduce a colonos e industriales, encontrándose con un apoyo muy favorable de los medios militares y científicos. Una gran idea que el automóvil hace por fin posible.



Entre todos estos visionarios se encontraban André Citroën y Adolphe Kégresse. Citroën, que estaba seguro de que el mencionado recorrido podía hacerse en apenas 20 días, desde enero de 1921 fabricaba vehículos con un nuevo sistema de tracción equipado de bandas de goma sin fin, lo que permitía circular fuera de los caminos, sobre diferentes tipos de terrenos. Kégresse, ingeniero de gran talento y secundado por Citroën, creó el concepto de este singular vehículo, capaz de moverse sobre terrenos inestables a una velocidad de entre 40 y 45 km/h.

En diciembre de 1922 comienza la aventura

Así nació la primera de las grandes aventuras de Citroën. La travesía del Sáhara contó con la participación de George Marie Haardt y de Louis Audoin-Dubreuil, y partió de Touggourt (Argelia) el día 18 de diciembre de 1922. Concluiría 20 días después, el 7 de enero de 1923, con la entrega simbólica del primer correo transahariano en automóvil, que fue para el comandante de la región de Tombuctú, el coronel Mangeot.



Debido a la inexistencia de cualquier asistencia o lugar de hospedaje, estos aventureros, en su mayoría militares, debían de ir pertrechados de todos los elementos mecánicos y recambios necesarios para reparar los vehículos, así como de víveres, tiendas de campaña, etc.

Tras el éxito conseguido con esta primera aventura, tanto publicitariamente como en el ámbito de la investigación y experimentación, Haardt y Audoin deciden organizar otra travesía después de comprobar que el automóvil era un medio perfecto para unir la parte norte de África con la central.

El Crucero Negro, el segundo de los desafíos

Así, deciden dos años después emprender un nuevo viaje, esta vez mucho más ambicioso y que tendrá como objetivo Madagascar. Esta nueva ruta, denominada Crucero Negro (1924-1925), crea tanta expectación que hasta el Presidente de la República Francesa, Gastón Doumerge, hace mención a la importancia como enlace entre las colonias africanas y la "Gran Isla", territorio francés en el Océano Índico.

La expedición necesitará más de un año de preparación, debido entre otros motivos a la gran expectación creada tanto en el público como en los medios científicos, artísticos y económicos, movilizando para esta travesía a ocho vehículos auto-cadena equipados con el sistema de tracción de Kégresse y con más de 28.000 kilómetros por recorrer.



La aventura partió de Colomb-Béchar (al norte de Argelia) y en su planteamiento Haardt atravesó con su equipo el citado país, Níger, Chad, Oubangui-Chari y el Congo Belga. Una vez en Kampala, la columna se dividió en cuatro grupos, que siguieron diferentes rutas hasta reunirse de nuevo todos en el Índico. Durante el camino, los miembros de la expedición vivieron muchos encuentros y situaciones curiosas que gracias a León Poirier, un cineasta que acompañaba a la expedición, pudieron quedar filmados en una interesante y espectacular película.

Una de las curiosidades de este viaje fue la utilización de la expedición de Haardt por parte de los belgas para abrir una ruta en el bosque ecuatorial. Para ello se extendió el rumor entre los indígenas de que "Boula-Matari" (sobrenombre del conocido explorador inglés Stanley y considerado por los nativos como un profeta) iba a llegar a sus poblados. Con esta maniobra los administradores belgas consiguieron que 40.000 indígenas participasen en esta obra de "desmonte".
 

Hombres que marcaron una época



André Citroën (1878-1935). Con 20 años es admitido en la Facultad Politécnica y a los 22 descubre en Polonia un procedimiento de engranajes en forma de "chevron", apostando posteriormente todo por él. En 1906, Automóviles Mors le nombra administrador general; reorganiza los talleres y define los nuevos modelos, duplicando la producción en diez años. En 1912 se crea la sociedad de engranaje Citroën-Hinstin y visita las fábricas de Ford. Acabada la 1ª Guerra Mundial, readapta su fábrica y comienza la producción de un único modelo en gran serie (al estilo del Ford T) con el fin de reducir el precio y hacerlo accesible al público. En 1934 y a causa de la crisis económica, los hermanos Michelin adquieren una participación a petición de la banca. Muere sin ver su último proyecto: la tracción delantera.

George Marie Haardt (1883-1932). Hombre de confianza de Citroën, se encargó de proyectar, preparar y dirigir las expediciones que patrocinaba la marca para experimentar con materiales y sistemas nuevos, haciéndolos fiables y llevándolos a la producción en serie.



Adolphe Kégresse (1879-1943). Ingeniero francés, se mudó a San Petersburgo (Rusia) en 1905 para trabajar para el zar Nicolás II, realizando adaptaciones de su sistema de tracción por cadena. Estos vehículos fueron utilizados por el ejército ruso en 1914 y a partir de 1919 por Citroën, con la ayuda del ingeniero Jacques Hinstin.

30.000 kilómetros entre Beirut y Pekín

Tras pasar varios años sin actividad, Haardt se plantea en 1928 más como un sueño que como una posibilidad real el abrir un paso de circulación de vehículos por la antigua "Ruta de la Seda", a través de la cual se realizaban los intercambios comerciales entre Oriente y Occidente.

Después de proponerle la idea a André Citroën, éste decide financiar el nuevo proyecto y empiezan a trabajar en la preparación y las prospecciones. Esta tarea de estudio minuciosa hará que la salida se lleve a cabo en 1931. Para este nuevo viaje se recorrerían más de 30.000 kilómetros uniendo las ciudades de Beirut y Pekín, atravesando entre otros lugares el desierto del Gobi hasta el río Amarillo, de ahí el nombre de la travesía, Crucero Amarillo.

Esta nueva aventura estará marcada entre otras por la inestabilidad política de la URSS y posteriormente de Afganistán, lo que lleva a Haardt, Audouin y Point a cambiar parcialmente el itinerario del viaje, obligándoles a comenzar desde Cachemira, situado a más de 5.000 metros de altitud.

Debido a esto, deciden dividir la expedición en dos para tener más posibilidades de éxito. Uno de los grupos, el de Pamir, partirá de Beirut para intentar pasar el Himalaya; el otro, el chino, saldrá de Tien Tsin, yendo en busca del primero. Tras muchos imprevistos, como la rotura de todas las auto-cadenas del grupo chino, ambos se reunieron el 8 de octubre de 1931 en Aksou. Desde allí retomaron el viaje a Pekín otra vez todos juntos, a donde llegan el 12 de febrero de 1932. Tras todos los esfuerzos diplomáticos, son recibidos con una gran bienvenida, aunque por desgracia, Haardt, el gran impulsor de estas travesías, fallecería el 15 de marzo de 1932 en Hong Kong a causa de una gripe, sin poder ver de nuevo Francia.

A partir de esta expedición se sucedieron otras a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, aunque no con la importancia, los medios y la repercusión histórica de aquella época.

La París-Kabul pretendió satisfacer las ansias de aventura de mucha gente joven que pretendía vivir aventuras como las de antaño. Para ello Citroën convocó a todos los propietarios de un 2CV con edades comprendidas entre los 18 y los 30 años. Con una previsión de 200 participantes, la marca tuvo que hacer una selección, ya que se llegaron a recibir más de 1.300 peticiones. Los datos: 80.000 litros de gasolina, 12.000 de aceite y 16.500 kilómetros para ir desde Suiza a Afganistán. Con el fin de motivar más a los participantes, se organizó un concurso por el cual optarían a un premio de 5.000 francos y un 2CV nuevo. Más adelante se organizaría el Raid de África (1973), La Operación Dragón, que intentó recuperar el espíritu de las grandes travesías de principios del siglo XX (1988), y el Raid Berlingo (1997), además de participar en la maratón Londres-Sidney con los Citroën DS Proto preprarados específicamente para esta prueba.

El rincón del coleccionsita

Para nostálgicos y amantes de la Historia

Aunque la gran mayoría de las aventuras descritas en este artículo tuvieron lugar a principios del siglo XX, cuando la mercadotecnia casi ni existía, actualmente es posible encontrar una gran variedad de productos relacionados con los primeros viajes. Así, podemos localizar múltiples objetos que harán las delicias de los coleccionistas y los amantes de la historia y la aventura. Es el caso de las maquetas a escala 1:43 de los Citroën Kégresse que atravesaron el desierto del Sáhara y la Ruta de la Seda, de los sellos con escenas de las rutas y hasta de un juego de mesa del Crucero Negro para emular a Haardt, Debreuil y demás. También podemos encontrar una gran bibliografía sobre estas aventuras escritas por sus protagonistas e historiadores... y hasta una película filmada por León Poirier.





 

 
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