Giorgetto Giugiaro at Design Talk

El día en que el padre del Volkswagen Golf volvió a nacer

A sus 87 años, Giorgetto Giugiaro ha sobrevivido a un brutal accidente de tráfico en Cerdeña. Y ésta es su reflexión automovilística tras haber salvado la vida.

Un acantilado, una carta y una lección sobre la vida y los coches. Giorgetto Giugiaro convierte un incidente, un accidente, en una carta abierta tan elegante como sus diseños. Una reflexión profunda sobre la seguridad, el privilegio y el verdadero valor de la tecnología… escrita por quien ha modelado más de 200 coches y marcado la historia del automóvil desde los años 70.

Giorgetto Giugiaro es uno de los grandes del Diseño Automovilístico. Suyos son el primer Volkswagen Golf hasta el Fiat Panda, el BMW M1, el Lancia Delta… Y sin embargo el destino quiso que el pasado 25 de julio, en una curva cerrada de Cerdeña, a los mandos de su Land Rover Defender, la historia se pudiese haber truncado.

Giugiaro, padre del Volkswagen Golf

Su coche voló por un acantilado de veinte metros tras saltarse un muro en Abbiadori. Rodó por la ladera hasta otra carretera inferior. Milagrosamente, y gracias a una estructura moderna que resistió los diferentes impactos, Giugiaro sobrevivió. Días después, lanza una carta pública en el diario La Stampa. Una misiva íntima, lúcida, demoledora y hermosa, como sus mejores creaciones.

Carta abierta de Giugiaro tras su accidente:

«Pasé 70 años diseñando coches, imaginando líneas que fueran a la vez belleza y funcionalidad, curvas que hablaran de la velocidad, de los sueños, del futuro.

Desde el Fiat Panda hasta el Volkswagen Golf, desde el Lancia Delta hasta el DeLorean —el que ha hecho que al menos nuestros deseos viajen en el tiempo—, cada automóvil ha sido una pieza de mí, un diálogo entre el acero y el alma.

Pero hoy no les hablo como diseñador. Les hablo como hombre. Un hombre de 87 años que, por el más estrecho de los márgenes, aún está aquí escribiendo estas palabras.

Hace unos días, en una curva cerrada en Abbiadori, Cerdeña, mi coche decidió hacer una pirueta. Volcó y voló por un acantilado. Un accidente espantoso, de esos que te muestran el límite entre la vida y la nada. Y sin embargo, aquí estoy, con fracturas en tres vértebras, un aparato ortopédico… y muchas ganas de volver a mi mesa de dibujo

«Estoy vivo

Y se lo debo a la tecnología que, en mi pequeño papel, ayudé a moldear. Si hubiera estado en un coche de hace 15 años —la edad media de los coches en circulación en Italia— probablemente no estaría escribiendo esto.

Las estadísticas no mienten: un coche moderno ofrece siete veces más posibilidades de sobrevivir a un accidente que uno de hace 15 años. Soy prueba viviente de ello.

Mi coche —con cinturones inteligentes, múltiples airbags, una carrocería reforzada con deformación progresiva— me protegió como una coraza. Fue la diferencia entre un epílogo y un nuevo comienzo.

Pero aquí se abre una herida: una reflexión que pesa más que una chapa arrugada.

Giugiaro scketches

«La seguridad, hoy, es un lujo

Quien puede permitirse un coche nuevo tiene más posibilidades de volver a casa con vida. En 2024, en Italia, hubo 173.364 accidentes de tráfico. ¿Cuántos de esos conductores, en coches obsoletos, no tuvieron mi suerte?

La tecnología salva vidas, pero es una salvación que cuesta caro. Y eso, para alguien como yo, que siempre quiso diseñar coches para todos, es un pensamiento que arde.

No quiero que se me malinterprete: no estoy aquí para moralizar. Solo soy un hombre que, al salir de un coche volcado, se miró al espejo y vio no solo a un superviviente, sino a un privilegiado.

Los bomberos llegaron, pero no tuvieron que sacarme de entre las chapas. Ya estaba de pie, observando el desastre con la calma de quien, tal vez, ha pasado toda una vida domando el caos en una hoja en blanco.

Mi hijo, Fabrizio, dice que tengo molestias. Y tiene razón: no podré montar en bicicleta en agosto, y este aparato ortopédico me hará resoplar durante un par de meses. Pero son nimiedades. Detalles…

Tengo 87 años y todavía disfruto doblando el destino a mis reglas. Diseñé el siglo XX. Di forma a máquinas que aún hacen girar cabezas. Y no, no voy a parar. Este accidente no es un final, sino un recordatorio: la vida es una curva cerrada y necesitas un buen coche para lidiar con ella. Pero, sobre todo, necesitas el deseo de no rendirte, de mirar al acantilado y pensar: ‘Ok, ¿y ahora qué?’

Ahora ya estoy en Turín, en mi guarida creativa, donde las ideas no se detienen, ni siquiera con un aparato ortopédico. Y tal vez, de esta desventura nazca una nueva línea, una nueva forma de pensar en la seguridad. Y te aseguro que aún tengo muchas hojas en blanco que llenar y lienzos que dibujar.»

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