En los últimos meses, el HVO100 ha empezado a ganar protagonismo en algunas estaciones de servicio como una alternativa “más limpia” al diésel tradicional. Su origen renovable y la reducción de emisiones que promete lo convierten en una opción atractiva para muchos conductores de coches diésel. Sin embargo, no todo son ventajas. El principal problema es que no todos los motores están homologados para utilizarlo, y hacerlo sin autorización puede tener consecuencias importantes.
A diferencia de otros combustibles, el HVO100 no está amparado de forma general por la normativa que regula el gasóleo convencional. Esto deja al conductor en una situación delicada si decide repostar sin comprobar antes si su vehículo es compatible.
Qué es exactamente el HVO100
El HVO100 es un diésel sintético fabricado a partir de aceites vegetales hidrotratados y residuos orgánicos, como aceites de cocina usados o grasas animales. No contiene azufre ni compuestos aromáticos y su índice de cetano es más alto, lo que se traduce en una combustión más limpia y, en teoría, un funcionamiento más suave del motor.
En términos medioambientales, las marcas y operadores destacan reducciones de CO₂ de hasta un 90 % respecto al gasóleo fósil. Pero esa ventaja no implica que sea automáticamente compatible con cualquier coche diésel que circule por nuestras carreteras.

Los problemas que pueden aparecer en motores no preparados
El principal escollo del HVO100 está en su composición química, distinta a la del diésel convencional. En motores más antiguos, especialmente con muchos kilómetros, la ausencia de aromáticos puede provocar que las juntas y retenes se contraigan, lo que aumenta el riesgo de fugas en sistemas sensibles como la bomba de alta presión o los conductos de retorno.
Además, su menor densidad puede confundir a las centralitas de gestión más veteranas, generando avisos de fallo o incluso limitando el rendimiento del motor. No es un problema generalizado, pero sí lo suficientemente conocido como para que los fabricantes sean muy cautos con su aprobación.
Garantía y responsabilidad
Más allá de la parte mecánica, el aspecto que más preocupa a los fabricantes es el legal. El HVO100 no cumple la norma DIN EN 590, que es la referencia para el gasóleo convencional. Por ese motivo, marcas como Volkswagen o Audi advierten claramente de que el uso de HVO100 sin homologación específica anula la garantía y cualquier posible gesto comercial en caso de avería.
BMW y Mercedes-Benz mantienen una postura similar: sin una autorización expresa para el motor concreto, el conductor asume toda la responsabilidad si aparece un problema.
Qué coches pueden usar HVO100 con tranquilidad
Algunos fabricantes ya han dado el paso y han aprobado este combustible en parte de su gama. En estos casos, suele indicarse claramente en el manual o incluso mediante una etiqueta “XTL” en la tapa del depósito. Aun así, la compatibilidad depende del motor, el año de fabricación y, en ocasiones, del mercado.
Por eso, antes de dejarse llevar por el cartel “diésel renovable” del surtidor, conviene comprobar la información oficial del fabricante o consultar directamente con el concesionario.
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