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Habla el expresidente de Stellantis y arremete contra todo y todos

Carlos Tavares, expresidente de Stellantis expresa dudas sobre la capacidad de Europa para remontar su declive industrial.

El ex consejero delegado de Stellantis, Carlos Tavares, retirado de la gestión directa tras una década al frente de este gigante automovilístico, alerta sobre el declive industrial francés y denuncia la hostilidad social hacia los empresarios. En una entrevista concedida a Le Point, Tavares asegura que la recuperación del país vecino y de su industria pasa por una revolución de mentalidad y por reformas profundas.

Carlos Tavares, uno de los ejecutivos más influyentes del automóvil europeo, vuelve a ocupar titulares con un mensaje tan incómodo como lúcido: “¿Francia puede salir de esta situación? Tengo mis dudas”. Así lo ha reconocido en una entrevista exclusiva publicada por Le Point, donde el ex número uno de Stellantis —el grupo resultante de la fusión entre PSA y FCA— desgrana sin rodeos su diagnóstico sobre la fragilidad industrial y social del país que le adoptó profesionalmente.

Carlos Tavares en el Shanghai Motor Show
Carlos Tavares en el Shanghai Motor Show

Parálisis por análisis en Europa

A sus 67 años, alejado ya del vértigo del poder empresarial, Tavares combina nuevos proyectos personales —desde la restauración de coches clásicos hasta la gestión hotelera o la inversión aeronáutica— con una reflexión serena, pero nada complaciente, sobre el rumbo de Europa. Su visión es la de un observador libre, que mira con preocupación cómo Francia, dice, “se enreda en contradicciones que la paralizan”.

El exdirectivo denuncia la creciente hostilidad hacia los empresarios y creadores de riqueza, una actitud que, en su opinión, “desincentiva la innovación y convierte la inversión en un acto heroico”. Según Tavares, la política francesa se ha dejado contaminar por el resentimiento, lo que genera decisiones “dictadas por la emoción y no por la eficacia industrial”.

Tampoco ahorra críticas a la Unión Europea, a la que acusa de imponer una rigidez normativa “que no tiene en cuenta las realidades nacionales”. Las políticas comunitarias, dice, se han convertido en palancas de constricción más que de estímulo, generando desconfianza y frustración. “Europa no puede pretender ser una potencia si asfixia a quienes crean valor”, sentencia.

Tavares no ofrece soluciones milagrosas, pero sí exige valentía y coherencia. Pide reformas estructurales en fiscalidad, energía y mercado laboral, y un liderazgo político capaz de romper la inercia de la resignación. “Cada día cuenta”, recuerda, consciente del desgaste de generaciones enteras de directivos que se enfrentaron solos a un sistema reacio al cambio -y aquí nos acordamos de Luca de Meo y su reciente salida del sector del automóvil-.

Más que un pesimismo, su diagnóstico suena a advertencia: sin reconciliación entre industria, sociedad y política, Francia —y por extensión Europa— corre el riesgo de quedar atrapada en un declive irreversible. Y seguro que todo lo que en este texto aparece referido a Francia, lo podríamos extrapolar a nuestro país y nuestro sector.

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