Stellantis revoluciona la seguridad de los coches electricos con un innovador escape que previene incendios en baterias 00004

Jean-Philippe Imparato, de Stellantis, lo tiene claro: así, las cuentas no salen

Stellantis ha apostado por el coche eléctrico, pero las multas, la falta de demanda y ahora los aranceles le están colocado en una situación delicada.

La Unión Europea tiene muy claro su objetivo: reducir drásticamente las emisiones de dióxido de carbono para 2030. Pero, a falta de menos de dos años para que entren en vigor los nuevos límites de emisiones, uno de los mayores fabricantes del continente, Stellantis, lanza una advertencia que resuena como una alarma en toda la industria: “Si no conseguimos cumplir, tendremos que cerrar fábricas”.

Sí, cerrar fábricas. Así lo ha dicho Jean-Philippe Imparato, director de operaciones del grupo para Europa, que alerta de que las nuevas normas europeas podrían suponer para Stellantis multas de hasta 2.500 millones de euros entre 2025 y 2027. Y eso solo si las ventas de coches eléctricos no despegan como exige Bruselas.

Qué exige Europa… y qué no está funcionando

Desde 2025, entran en vigor nuevas metas de reducción de emisiones para los fabricantes de automóviles en Europa. En concreto, se les obliga a reducir las emisiones medias de CO₂ de sus flotas en un 15 % respecto a los niveles de 2021. Esto afecta tanto a turismos como a vehículos comerciales ligeros (furgonetas, pickups y similares).

Para 2030, el recorte debe ser del 50 % (y del 100 % en 2035, salvo cambios de última hora). ¿La herramienta clave? Vender más coches eléctricos y menos de gasolina o diésel.

Pero Stellantis se enfrenta a un muro: aunque invierte miles de millones en electrificación, las ventas de eléctricos no crecen al ritmo necesario. En el caso de las furgonetas eléctricas, que son clave para los objetivos de CO₂, suponen solo el 9 % de las ventas totales del grupo en Europa. El objetivo mínimo para 2027 es del 24 %, según los cálculos de la compañía. Una brecha enorme.

¿Qué puede hacer Stellantis?

Imparato es claro: “Solo tenemos dos opciones. O vamos a fondo con los coches eléctricos… o reducimos la producción de térmicos. Y eso significa cerrar fábricas”.

Y aquí está la cuestión: las sanciones por superar los límites de CO₂ pueden alcanzar hasta 2.500 millones de euros entre 2025 y 2027. Para Stellantis, ese importe supone un golpe enorme. La alternativa que propone el grupo es “reestructurar la producción térmica”, es decir, fabricar menos gasolina y diésel.

¿El problema? En muchas fábricas europeas, esa es precisamente la base de su actividad. Por eso, la advertencia es real: si no se cumplen los objetivos o no se reequilibran los costes, algunas plantas pueden cerrar.

Eléctrico más vendido Citroen e-C3

Qué fábricas están en riesgo

Stellantis no ha confirmado oficialmente qué centros podrían verse afectados. Pero en los últimos meses ya ha habido señales.

Una de las más comentadas es la planta de Luton (Reino Unido), donde se producían furgonetas Vauxhall, Opel y Peugeot. Esta planta ha sido cerrada este mismo año, según ha confirmado la prensa británica y especializada en automoción. En su lugar, la producción se ha trasladado a Francia y a otros centros más competitivos.

Otra planta que está “en la cuerda floja”, según medios como New Mobility News, es Atessa (Italia), una de las mayores de Stellantis en Europa para la producción de vehículos comerciales. Allí se fabrican las furgonetas Fiat Ducato, Citroën Jumper y Peugeot Boxer. Pero si las ventas de sus versiones eléctricas no crecen… la viabilidad de la planta podría estar en juego.

Imparato asegura que no tomarán decisiones drásticas hasta que el impacto de las nuevas normas se vea con claridad. Pero añade: “Todo depende de las cifras. Y si no llegamos, no podremos hacer milagros”.

¿Por qué no despegan los eléctricos?

Stellantis no oculta su frustración: aunque ha lanzado ya versiones eléctricas de la mayoría de sus turismos y furgonetas, el cliente no responde como esperaban. Hay varias razones para esto:

  • Precio elevado: los eléctricos siguen siendo más caros que los modelos térmicos, y las ayudas públicas son limitadas o lentas.

  • Infraestructura insuficiente: aunque la red de recarga ha mejorado, sigue sin estar al nivel necesario para furgonetas y coches de trabajo.

  • Desconfianza profesional: muchos autónomos y empresas no ven todavía viable sustituir su vehículo térmico por uno eléctrico, por autonomía, coste o mantenimiento.

Imparato resume la situación así: “Hacemos eléctricos, pero si nadie los compra, no podemos inventarnos los datos”.

Qué pide Stellantis a Europa

El grupo no se opone a las metas climáticas. De hecho, Stellantis está invirtiendo 50.000 millones de euros en electrificación hasta 2030. Pero pide a Bruselas que reconsidere el calendario y que tenga en cuenta la realidad del mercado.

También advierten que los competidores chinos están entrando con fuerza en el mercado europeo con eléctricos más baratos, lo que pone más presión sobre los fabricantes locales. “Si nosotros fabricamos en Europa con costes europeos y ellos importan más barato, es una carrera imposible”, afirma el directivo.

Además, Stellantis reclama más ayudas a la compra, incentivos a la renovación de flotas y una red de carga rápida más amplia, especialmente en entornos urbanos y logísticos.

El riesgo de Stellantis para España

En España, Stellantis tiene tres fábricas importantes: Vigo, Zaragoza y Madrid. Aunque de momento no hay amenazas concretas para ninguna de ellas, lo cierto es que la planta de Vigo produce modelos como el Citroën Berlingo y Peugeot Partner, que también existen en versión eléctrica… pero cuyas ventas, de momento, no son mayoritarias.

La transición energética puede suponer una oportunidad para modernizar la industria… o un problema si no se adapta a tiempo. Por eso, Stellantis ha pedido al Gobierno español y a la UE que aceleren los apoyos si quieren mantener el empleo.

¿Y los conductores?

Para los conductores, esta situación tiene varias lecturas:

  • A corto plazo, puede que algunas marcas reduzcan su oferta térmica, lo que podría afectar al precio y la disponibilidad de modelos de gasolina o diésel.

  • A medio plazo, si se generalizan los eléctricos por imposición normativa, podría haber tensiones de precios o problemas de oferta si la demanda supera a la producción.

  • Y si hay fábricas que cierran o se reestructuran, puede afectar al empleo, a los talleres y al suministro de recambios en determinadas regiones.

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