Jeep Willys: 80 años de un todoterreno que lo cambió todo

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Jeep Willys: 80 años de un todoterreno que lo cambió todo
Nicolás Merino
Nicolás Merino
Pensado como vehículo de transporte durante la Segunda Guerra Mundial, el Jeep Willys sobrevivió al conflicto y su versión comercial alcanzó las 1,5 millones de unidades hasta 1986.

Es 1942 y la Segunda Guerra Mundial está en su punto álgido, con Alemania campando a sus anchas por Europa. En este sentido, Estados Unidos se está preparando para el conflicto y en ese mismo año, el Departamento de Guerra, comienza a probar un nuevo vehículo que usará en el frente: el Jeep Willys.

Estados Unidos buscaba un vehículo con tracción total, ligero, capaz de transportar a las tropas sobre cualquier terreno y, sobretodo, fiable. El resultado fue un novedoso vehículo multiusos de 1.113 kg, el “General Purpose Vehicle”, más conocido por sus iniciales Willys MA y MB hasta 1945. Comenzaba la historia de uno de los 4×4 más legendarios.

1942 Willys MB

El Jeep Willys también atesora el reconocimiento de ser el primer todoterreno producido en masa. Sus características, donde destacaba por encima de todo la ligereza y la polivalencia, hablan por sí solas: un vehículo descubierto de cinco plazas, sin puertas, con parabrisas abatible. Su motor de 2.197cc con cuatro cilindros en línea desarrollaba 60 CV. Su robustez y su resistencia a las condiciones extremas le hicieron brillar en todos los frentes, desde las estepas rusas o las zonas de alta montaña hasta la arena del desierto o los terrenos embarrados y pantanosos. Sus prestaciones se pusieron a prueba con éxito en el desierto californiano y en las escaleras del Capitolio.

Tal fue la eficacia del Jeep Willys que, de las 650.000 unidades producidas durante la guerra, muchas de ellas fueron a parar a otros ejércitos, como es el caso de los aliados británicos y soviéticos. Sus funciones fueron de lo más variopintas: como vehículo de mando, ambulancia, unidad de exploración o de asalto, soporte de lanzacohetes y morteros, camión de bomberos en los portaaviones, remolque de piezas de artillería, locomotora… Su capó plano permitía tanto extender mapas como celebrar una misa de campaña o una partida de póquer. Su equipamiento podía utilizarse como fuente de iluminación o como hornillo para cocinar y de su radiador se sacaba agua caliente para afeitarse.

Una nueva vida comercial tras el conflicto

1954 Willys Cj-5

Tras el conflicto, el todoterreno pudo sobrevivir como versión civil, conocida como Jeep CJ-2. Se diferenciaba del Willys por un espacio de carga trasero, remolque y techo tela. Eso sí, seguía manteniendo un espíritu espartano al ofrecerse de serie con asiento del conductor y retrovisor lateral de serie. Elementos como el asiento del pasajero, el cabestrante, el limpiaparabrisas o las luces traseras estaban disponibles como opción.

De la pintura de camuflaje pasó a colores llamativos como el verde, el amarillo o el rojo. Tal fue el éxito en esta segunda vida, que logró vender 1,5 millones de unidades hasta el cese de la producción en 1986. Ya en 1987 se lanzó su sucesor, el Jeep Wrangler y que, a día de hoy, se ofrece con versiones electrificadas.

 

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