La llegada del Livan X3 Pro al mercado español marca el aterrizaje de una nueva marca china, Livan, integrada en el potente grupo Geely. Este conglomerado asiático, que cuenta con participaciones o propiedad de enseñas tan reconocidas como Lynk&Co, smart, Volvo o Polestar, aprovecha así uno de los segmentos más disputados y sensibles al precio: el de los SUV urbanos. Con una longitud de apenas cuatro metros, el X3 Pro se presenta con un único motor de gasolina de 103 CV, sin opciones híbridas o diésel, y una configuración muy básica orientada a la sencillez y el bajo coste.
Pese a la experiencia acumulada por el grupo Geely, el X3 Pro es una apuesta humilde. Su calidad interior, su equipamiento o sus prestaciones no pretenden plantar cara a modelos consolidados por sofisticación o tecnología, sino que se dirigen a un cliente práctico y con un presupuesto ajustado. De hecho, el X3 Pro se posiciona como alternativa al Dacia Sandero, Citroën C3 o similares por tamaño y precio, aunque la ausencia de ciertas ayudas a la conducción y su elevado consumo no juegan precisamente a su favor en esta guerra de céntimos y normativas.

Por fuera: encaja con lo que pide el segmento
Por fuera, el Livan X3 Pro busca una apariencia sencilla y funcional, aunque no logra transmitir la solidez que uno esperaría de un SUV urbano actual. Sus proporciones compactas –con 4,00 metros de largo y 1,58 de alto– y una carrocería de líneas básicas denotan un diseño más preocupado por la practicidad que por la sofisticación estética. La calandra frontal, por ejemplo, parece inacabada, como si faltase algún elemento decorativo que dé mayor empaque al conjunto.
La altura libre al suelo (185 mm) contribuye a una posición de conducción algo más elevada que la de un utilitario, ofreciendo cierta ventaja en visibilidad y facilidad de acceso. Sin embargo, detalles como el acabado de los paragolpes, los plásticos de las molduras o el ajuste de las puertas no alcanzan el nivel de precisión y calidad que muchos rivales europeos y coreanos llevan tiempo ofreciendo.
Además, las llantas de 16 pulgadas con neumáticos 205/60 dan un aspecto proporcionado, pero no logran disimular la sensación general de que el X3 Pro es un producto “de entrada”. En otras palabras, este Livan muestra sin tapujos que su razón de ser es configurarse como un low cost, por encima de la imagen o el refinamiento exterior.

Por dentro, fiel a su enfoque ultra-sencillo
El habitáculo del Livan X3 Pro es un reflejo fiel de su planteamiento: la prioridad recae en la sencillez y el ahorro de costes. Los materiales del salpicadero y los paneles interiores resultan duros y sin pretensiones, con plásticos que transmiten una sensación algo tosca y un acabado general próximo a estándares de hace unos años. Aunque el volante y los asientos vienen forrados en símil piel, este detalle no logra disimular la austeridad global.
El espacio, sin ser abundante, resulta suficiente para cuatro pasajeros. La plaza central trasera queda más bien como recurso ocasional, ya que la anchura al nivel de los hombros es limitada y el espacio para las piernas, escaso. El maletero, con 245 litros de capacidad, se queda por detrás de rivales como el Dacia Sandero o el Citroën C3, aunque sus formas son aprovechables. No obstante, el suelo, que se encuentra claramente por debajo de la boca de carga, no va a facilitar introducir objetos.

En el apartado tecnológico, nos encontramos con un sistema multimedia muy elemental, sin integración nativa de Apple CarPlay o Android Auto, que requiere de un accesorio intermedio para conectar el móvil. La cámara de marcha atrás ofrece una calidad aceptable, pero poco más. Cabe destacar también la ausencia de ciertas ayudas a la conducción habituales ya en la mayoría de turismos vendidos en Europa: no hay reconocimiento de señales, ni mantenimiento activo de carril, ni detección de fatiga; todo ello debido a la homologación por serie corta que evita el cumplimiento obligatorio del paquete GSR europeo.

En marcha: como retroceder en el tiempo
Una vez al volante, el comportamiento del X3 Pro vuelve a recordarnos que su objetivo es la economía antes que el refinamiento. Su motor de gasolina de 103 CV y 1,5 litros, con alimentación por inyección indirecta y cambio manual de cinco velocidades, ofrece prestaciones correctas para un uso urbano o de corta distancia, pero se queda algo corto en vías rápidas, donde la falta de una sexta marcha penaliza la rumorosidad y el consumo.
La dirección, de tacto elástico y escasa precisión, no transmite confianza ni sensación de aplomo, algo que se une a un chasis con un balanceo de carrocería más pronunciado de lo habitual en maniobras bruscas. Este carácter flexible y despegado del firme se traduce en una experiencia de conducción menos estable y segura, especialmente en situaciones de emergencia o frenadas muy fuertes, aunque, sorprendentemente, el tacto y mordiente de los frenos resultan correctos.
El consumo homologado, de 7,2 l/100 km, es otro punto en contra. Esta cifra, traducida a emisiones de CO2, se traduce en 167 gramos por kilómetro, superando el umbral fiscal de los 160 g/km, y supone un impuesto de matriculación del 9,75 %, lo que incrementa su precio final y, por ende, su comparación desfavorable con rivales más eficientes. En un segmento donde cada euro cuenta, este lastre fiscal por sus mayores emisiones no ayuda a su competitividad.

En conclusión: barato, pero demasiado rústico
El Livan X3 Pro llega a España con la intención de ofrecer un SUV urbano sencillo y barato, intentando llenar el hueco que las marcas tradicionales van dejando en el escalón más bajo del mercado. Sin embargo, su elevado consumo, su equipamiento limitado y la ausencia de ayudas a la conducción habituales le complican las cosas, sobre todo frente a modelos como el Dacia Sandero o el Citroën C3, con precios similares y más prestaciones globales.
A favor del X3 Pro quedan su garantía de 5 años o 100.000 km y la promesa de una versión más económica y básica a finales de 2025. Por el momento, su relación entre precio, calidad y equipamiento no resulta especialmente seductora, dejando claro que esta primera apuesta de Livan en el mercado europeo necesita afinar su receta para convencer a un público cada vez más exigente.
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