Prueba Mercedes-Benz Clase C 200 2021: el interior de un Clase S… y un mini motor

17 Prueba Mercedes-Benz Clase C 200 2021: el interior de un Clase S… y un mini motor
Mercedes-Benz C 200 AMG Line
Álvaro Sauras
Álvaro Sauras
La sexta generación del Mercedes Clase C, estrena un interior inspirado en el del Clase S… pero cae en el pecado del downsizing extremo.

El Mercedes Clase C es el modelo que Mercedes concibió para sustituir al legendario (y prácticamente indestructible) Mercedes 190 (código W201). Llegó al mercado en 1993 y, a lo largo de las últimas cinco generaciones, ha acumulado unas ventas de casi once millones de unidades.
La primera generación, apodada W202, comenzó con muy buen pie, especialmente en cuestión de acabados interiores. Era elegante y lujosa… como una pequeña Clase E.

Después, en 1997, Mercedes lanzó el Clase A… y las cosas iniciaron una espiral descendente. La segunda generación del Clase C (W203) llegó al mercado en el año 2000, y lo hizo con un interior aparente, pero que marcaba algunas distancias sutiles con los modelos superiores de la marca. Después, en 2007, llegó el W204… dotado de un interior decididamente decepcionante, que transmitía la impresión de que era, junto con el Clase A y derivados, la gama beta de Mercedes.

Afortunadamente, Mercedes se dio cuenta de que los clientes que se decantaban por sus modelos más pequeños querían algo más que una
estrella en el capó; querían contar con un interior adecuadamente refinado. De esta forma, la serie W205 de 2014 comenzó a remontar… y esa remontada queda consolidada por este nuevo Clase C W206, que cuenta con un interior directamente inspirado en el del Mercedes Clase S más reciente. Ahora nos entendemos.

Esta nueva serie conserva muchos de los aspectos positivos que convierten al Mercedes Clase C en un gran coche, como sus suspensiones de paralelogramo deformable, la combinación de motor longitudinal, caja automática y tracción trasera o los mejores asistentes a la conducción actualmente disponibles en el mercado.

Vano Motor Mercedes Clase C
Motor Mercedes Clase C

Otros aspectos son más criticables, como el asunto de las motorizaciones o, mejor dicho, la relación motorización/precio. Sin ir más lejos, el C 200 que hemos probado está propulsado por un motor 1.5 turbo de 204 CV. En la práctica, no hay mucho que reprochar: las prestaciones son
aceptables, y la caja automática de nueve relaciones ayuda a exprimirlas (aunque se percibe un poquito perezosa a la hora de reducir de marcha).

Sin embargo, muchos clientes encontrarán frustrante el tener que desembolsar casi 50.000 euros por un Mercedes equipado con un ‘pequeño’ motor de gasolina. No es una cuestión racional, sino visceral. ¿El precio de dar el salto al 2.0? Pues unos escalofriantes 10.000 euros. Al menos, con ese, pone C 300 en el maletero… y tiene 256 CV de potencia.

Así es el Mercedes Clase C 2021 por dentro

Por dentro, el nuevo Clase C está muy bien resuelto. De serie, viene con la gran pantalla central de las fotos, que está levemente orientada hacia
el conductor, y que además cuenta con un hardware y software que, según Mercedes, es un 50 % más rápido que el que podemos encontrar
en el sistema MBUX de un Clase A. En la práctica, da la sensación de ser bastante instantáneo.

La ergonomía es buena. Mercedes ha combinado con habilidad mandos táctiles, convencionales y en pantalla para dar una sensación de sofisticación sin que resulten difíciles o incómodos de manejar (y el volante con dobles radios horizontales es una auténtica monada). Los
materiales también son buenos… aunque hay cierto exceso de superficies lisas en el salpicadero.

Salpicadero Mercedes Clase C
Interior Mercedes Clase C

¿Cómo va en marcha?

Una vez en marcha, el tacto es suave y confortable (incluso con la suspensión asociada al acabado AMG Line). Puede que lo mejor del coche sea la dirección, que es suave, pero directa y precisa, y preserva algo de la sensación flotante y desconectada que encontramos en un Clase S. De lo que no cabe duda es que lo peor es el tacto del freno: blando, dotado de mucho recorrido y con un tacto cambiante en función del nivel de regeneración automática dictado por la detección del tráfico que realiza la cámara estereoscópica montada en el parabrisas.

Apriétale las tuercas, y comenzarán a asomar las lagunas en el apartado deportivo. La dirección apenas transmite ninguna información. El
motor 1.5 aúlla con un chillido más plañidero que varonil. Y las levas de cambio no resultan lo bastante obedientes e interactivas como para exprimir al pequeñín. ¿Será posible parchear estos defectos de cara al Mercedes-AMG C 43 que va a llegar hacia el otoño? Esperemos que
sí… especialmente el asunto de los frenos.

Primera toma de contacto con el Mercedes Clase C

 

Mercedes-Benz Clase C

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