Durante años, en Dacia la receta fue clara: tamaño contenido, precio ajustado y sentido práctico. Con el Bigster, sin embargo, la firma ha decidido probar algo que en otras épocas habría parecido casi una herejía: subir de categoría sin renunciar a la ortodoxia del valor. El resultado empieza a hablar por sí solo porque este SUV de 4,57 metros ha superado la barrera de las seis cifras vendidas en tiempo récord tras su llegada al mercado europeo en mayor de 2025. En España el pasado año ya comercializó 4.567 unidades con más de la mitad de las ventas asociadas a soluciones full hybrid. En el primer mes del año, en un mes anormalmente raro para Dacia, 356 unidades del Bigster.
Un SUV para el segmento C por menos de 25.000 euros
Pero todas estas cifras no son causales ni moda pasajera. Antes incluso de que los primeros clientes recibieran las llaves, la cartera de pedidos ya mostraba que había hambre de un Dacia más grande, más familiar y con aspiraciones viajeras. Y leyendo las críticas europeas de la prensa, halagos y más halagos para el modelo.
Lo interesante es que este crecimiento no compite con el Sandero; lo complementa. El utilitario seguirá siendo, previsiblemente, el músculo en volumen. Pero el Bigster añade margen, posicionamiento y una imagen que acerca a la marca a territorios donde antes no jugaba. En otras palabras: amplía la mesa sin cambiar el mantel aunque incluyendo un nuevo plato en el menú.
La explicación se entiende rápido cuando se analiza el producto con frialdad. Pocos fabricantes se atreven hoy a ofrecer un SUV de este tamaño con un precio de arranque en el entorno de los 25.000 euros -24.990 euros el mild hybrid de 140 CV con etiqueta ECO-. Y menos aún acompañarlo de una dotación como la que ofrece a nivel de confort, seguridad y entretenimiento. La vieja fórmula de “lo esencial” ha evolucionado: ahora significa dar mucho más de lo que el cliente espera por su dinero.

Una gama con todo el sentido
A ello se suma una gama mecánica pensada con pragmatismo quirúrgico. Versiones microhíbridas de 140 CV, alternativas que combinan gasolina y GLP que pueden convivir con la solución microhíbrida e híbrida, propuestas full hybrid que superan los 155 CV e incluso variantes con tracción total asociadas al gas+híbrido. Traducido: abanico amplio, consumos contenidos —desde cifras que arrancan por debajo de los cuatro litros en las opciones bifuel pero que nunca superan los 5,4 l/100 en las versiones más tragonas y siempre, todas, con etiqueta ECO.
Y si necesitas espacio para equipajes, ojo al maletero del Dacia Bigster. En tiempos en los que el espacio vuelve a ser argumento decisivo para muchas familias, hablar de hasta 667 litros coloca al modelo en una liga superior, más cercana a vehículos tradicionalmente más caros.
Si uno mira atrás, recordará cómo el Logan cambió las reglas del juego del precio a principios del milenio o cómo el Duster demostró que el SUV accesible podía ser aspiracional. El Bigster parece destinado a desempeñar ese mismo papel en el escalón inmediatamente superior. No necesita titulares ruidosos ni campañas grandilocuentes; le basta con estar en la lista de la compra de quien compara. Y ahí reside su amenaza para el mercado en 2026: mientras otros discuten sobre electrificaciones complejas o reposicionamientos de marca, Dacia ha colocado un coche grande, honesto y asumible en el corazón del segmento que más crece, el de los SUV del segmento C. Una vez más, las revoluciones parecen empezar en silencio.
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