Los coches pequeños rara vez son el sueño de un director financiero. No elevan el ticket medio, no lucen margen y obligan a hilar fino entre precio, equipamiento y prestaciones. Cada euro cuenta y cualquier error se paga. Aquí tenemos el ejemplo del Dolphin Surf.
Por eso, el BYD Dolphin Surf resulta tan interesante: se atreve a hacer bien lo difícil, donde muchos solo cumplen. Es, si se quiere, “el coche que Tesla no quiere fabricar”: no por incapacidad, sino porque en esta talla el negocio es duro.
Por fuera apuesta por la proporción y la simpatía. Mide 4,0 metros y, gracias a una batalla de 2,50 m, saca partido del espacio sin parecer voluminoso. La silueta de “pelotilla” engaña a la vista: parece más pequeño y en ciudad gira donde otros maniobran.

Las llantas de 16” priorizan confort; el plástico en color masa que recorre bajos y pasos de rueda resiste roces y abarata reparaciones. El maletero, con 300 litros, es honesto: válido para el día a día, justo para viajes largos.
Dentro, BYD logra un ambiente agradable para su precio. Plásticos duros bien encajados donde corresponde y superficies suaves donde miras y tocas. Lo mejor, los asientos: sujetan y colocan el cuerpo con ergonomía poco habitual en este segmento. La postura de conducción es natural, con mandos principales de buen tacto, aunque la célebre pantalla giratoria cuenta con menús tan pequeños que exigen “puntería”.

Por supuesto, hay aspectos mejorables, algunos sangrantes: carece de un ordenador de a bordo decente (no hay consumos acumulados configurables) y prescinde de climatizador automático… un detalle llamativo en un coche concebido en 2022 y lanzado en Europa en 2025.
Tecnología Blade de BYD para el Dolphin Surf
La parte técnica sostiene el proyecto. El Surf Comfort monta batería LFP de 43,2 kWh netos con celdas Blade y refrigeración líquida directa. Admite 85 kW de potencia máxima en DC y 11 kW en AC trifásica: del 10 al 80% en 34 minutos en un cargador adecuado y, en casa, una noche basta.
La gama es clara: Active con 30 kWh y 88 CV, Boost con 43,2 kWh y 88 CV, y este Comfort con 43,2 kWh y 156 CV. Vista la solvencia del más potente, la diferencia de precio frente al intermedio se justifica por agrado, reserva y valor de reventa.

En marcha sorprende por dirección y chasis. La dirección es rápida y precisa, con un punto de tacto poco habitual en eléctricos urbanos; transmite confianza y permite un ritmo alegre sin castigar neumáticos ni nervios. La suspensión equilibra control y confort, y el freno se dosifica con naturalidad. Si enlazas bajadas con entusiasmo puedes calentarlos, prueba de que el coche invita a conducir.
La regeneración es mejorable: solo dos niveles (estándar y alto), sin levas ni verdadero “one-pedal”, y el conmutador está escondido en un menú en lugar de un botón físico. Aerodinámica y ruidos: a partir de 90 km/h los espejos generan un rumor perceptible, no grave pero constante. Como contrapartida, los asistentes superan lo esperable en precio: control de crucero y centrado en carril competentes.

En consumos muestra dos caras. En ciudad e interurbano lento es brillante, con medias en torno a 15 kWh/100 km. A 120 km/h sostenidos hablamos de 21–24 kWh/100 km y de una autonomía útil por debajo de 200 km. No es el candidato ideal para largas etapas de autopista; sí un eléctrico muy capaz para el día a día con alguna recarga planificada. La carga rápida resulta aprovechable y, sobre todo, predecible, que es lo que importa cuando llevas agenda.
Y aquí entra la economía doméstica. Este subsegmento no regala márgenes a los fabricantes, pero puede devolver sonrisas a quien compra si el producto está bien planteado. Con una tarifa inteligente, ayudas vigentes y un kilometraje diario de 80–110 km, los números encajan: electricidad barata en casa, mantenimiento reducido y cero restricciones urbanas.
Los precios se sitúan en 18.780 euros para el Active, 22.780 para el Boost y 25.280 para el Comfort. Esos 2.500 euros extra por el motor de 156 CV se justifican por prestaciones, agrado y valor futuro. En resumen: el BYD Dolphin Surf Comfort supera la prueba del “low cost comprable” y entra en la categoría de interesante por méritos propios. Honestidad de producto, carga útil y habitabilidad sorprendente en 2,50 m de batalla: el pequeño que hace grande el día a día.
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