¿Un coche sin frenos? Estaríamos hablando de una transformación técnica que podría alterar la arquitectura, el peso y hasta la autonomía de los coches de próxima generación. Durante décadas, la industria del automóvil ha ido refinando —más que reinventando— el sistema de frenado. Incluso con la llegada del coche eléctrico y su frenada regenerativa, el freno hidráulico ha seguido siendo una pieza intocable. Pero esto ha sido hasta ahora. La irrupción del motor axial ultraligero desarrollado por Yasa, filial de Mercedes, abre un escenario inesperado: la posibilidad real de eliminar los frenos traseros, y más adelante incluso todo el sistema de frenado mecánico tal y como lo conocemos.

Un one pedal “salvaje”
El origen de esta revolución está en un propulsor que, sobre el papel, rompe con cualquier referencia previa. Doce kilos largos para desarrollar más de 1.000 CV —o 738 CV en su variante ya validada— sitúan a este motor en una liga inédita, no solo por potencia, sino por densidad energética. Durante años, los motores integrados en las ruedas fueron considerados demasiado pesados, vulnerables y poco eficientes para un uso real en carretera -recordamos la solución Active Wheel de Michelin-. El planteamiento de Yasa les da la vuelta: su diseño axial es tan compacto, tan ligero y tan potente que convierte en viable lo que antes era una excentricidad de laboratorio.
Aquí es donde la frenada entra en escena. El par de regeneración que generan estos motores es tan alto que, según la propia Yasa, podría reemplazar completamente al freno convencional en determinadas arquitecturas. Para quien haya conducido un eléctrico moderno, la experiencia del “one-pedal” ya resulta familiar: levantar el pie del acelerador basta para frenar con suavidad, incluso hasta detener el coche. Pero esta tecnología va más allá. Hablamos de una regeneración capaz de suplir la frenada habitual, no solo suavizarla. Mercedes contempla comenzar retirando los frenos traseros en futuros eléctricos, un paso que supondría un salto técnico y conceptual sin precedentes en un fabricante generalista o premium.
Las implicaciones son enormes. En primer lugar, el peso: solo eliminando pinzas, discos, pastillas y parte de la hidráulica trasera, el ahorro puede rondar los 200 kilos. Y en plataformas diseñadas desde cero para motores en las ruedas, esa reducción podría llegar a los 500 kg. Y menor peso significa más eficiencia, más autonomía o, en su defecto, baterías más pequeñas y coches más asequibles de fabricar.

A ello se suma la libertad de diseño. Con el conjunto propulsor alojado en las ruedas, desaparecen ejes de transmisión y otros elementos mecánicos que hoy condicionan la arquitectura del vehículo. Cada centímetro liberado es una oportunidad para mejorar aerodinámica, estructura, suspensiones o reparto de masas. Simon Odling, responsable de nuevas tecnologías de Yasa, lo resume con claridad: liberar espacio es abrir puertas.
Los primeros Mercedes AMG 100% eléctricos equiparán motores Yasa, aunque aún con una configuración tradicional —un motor delante y dos detrás—. La integración total en las ruedas requerirá una nueva plataforma. Pero el camino parece estar ya trazado.
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