Tour de Francia: otra manera seguir la carrera

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Tour de Francia: otra manera seguir la carrera
Manuel Horcajo
Manuel Horcajo
Son lugares para disfrutar. En equipo o solitario; en bicicleta, en moto o sobre cuatro ruedas, estos puertos son ideales para salir de la rutina.


La montaña pone el paisaje y la carretera se convierte en camino. Cada puerto, o col, guarda su propia colección de emociones. Estas carreteras tienen algo de reto. Su firme, los cambios de climatología y los animales que suelen pasear por las cunetas en libertad nos obligan a extremar nuestra atención. El disfrute es enemigo de las prisas.

Cuando se sube el Tourmalet por cualquier de dos sentidos se valora mucho más el esfuerzo de los ciclistas. Es mucho más que una carretera. El paisaje no aporta energía, pero limpia el espíritu. Conocer alguno de los puertos más bonitos de los Pirineos es un reto. Verlo desde casa es emocionante€ Subir, y bajar, por sus carreteras tiene algo de épico. Nombres como Aspin, Tavascan o Aubisque son referencias.

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Tourmalet

col de Tourmalet

Desde hace años, un fotógrafo realiza fotos de todos los que suben en bicicleta hasta la cumbre. Lo que en invierno forma parte del dominio esquiable de La Mongie, en verano es un lugar mítico para cualquier usuario de las carreteras.

Hasta 1846, era un simple camino de caballerizas. Fue Napoleon III quien decidió crear un paso de carruajes€ que es el embrio de la actural carretera. Un lugar salvaje asusta a los coches pequeños€. Para los ciclistas es un referente.

Peyresourde

Col de Peyresourde

Quizá menos emblemático que el Tourmalet, pero igualmente una de las leyendas del Tour y uno de los puertos de montaña más altos del mundo. Este ascenso pirenaico forma parte casi inseparable de la carrera desde hace un siglo, y ofrece todo tipo de sensaciones salvajes al fanático de la bicicleta.

Ubicado en los Pirineos centrales, entre Arreau y Bagnères de Luchon, alberga una parada ideal para descansar o hacer todavía más ejercicio, con la estación de esquí de Peyragudes en su trayectoria. Se trata del escenario perfecto para unas vacaciones verdes y recargar las pilas en su spa y todo tipo de actividades relacionadas con el turismo en la nieve: desde dormir en un iglú hasta los baños de agua caliente al aire libre de Génos Loudenvielle. Una maravilla de sitio

Balès

Col de Bales

Rodeados de naturaleza verde y frondosa y a través de pequeños pueblos pintorescos como Ferr’ere y Bourg D’Oueil nos encontramos con un espectacular fragmento de carretera en pleno macizo central de los Pirineos, habitual en el Tour desde el 2007. Una ruta para sacar el máximo partido a la cámara de fotos, con ríos y arroyos, campos y prados verdes y árboles que parecen puestos para la foto, nos invitan a mirar hacia arriba, con picos que desafían al cielo.

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Inserto entre dos valles, el de Oueil y el de Barousse, en los Altos Pirineos, el Puerto de Balès tiene fragmentos casi siempre cerrados en invierno, con pistas y secciones durísimas para los ciclistas. Que no sea el más conocido no significa que no sea duro para las bicis: las pendientes pueden alcanzar el 12 y 14% de inclinación. Paraíso para los moteros.

Artigascou

Artigascou

Otro coloso que desafía a los ciclistas. Pero también un reto para los demás fanáticos del turismo rural, deseosos de sumergirse en este ecosistema donde el paso del hombre todavía resulta insignificante, al menos en comparación con los macizos montañosos y la exhibición de poder de la Madre Naturaleza. Parar en el pueblo de Melles y disfrutar de sus casas de montaña es una de la sensaciones más gratificantes que podemos tener después de una buena caminata.

Estamos en el corazón de los Pirineos, cerca de la estación de esquí de La Mourtis, encontramos una vía directa prácticamente en la frontera que comienza en Les, un espectacular puerto de montaña repleto de curvas y con una pendiente que en ocasiones es de más del 8%. Unos 13 kilometros de castigo ciclista y de placer turístico para los demás, rodeados de frondosa naturaleza. Impresionantes y bonitos miradores.

Ares

Col de Ares

Dicen que no es tan difícil€ pero depende para quien. Tras tan mitológico nombre encontramos un puerto quizá no tan poderoso como otros; pero posiblemente uno de los más bonitos.

Enlaza Menté y Artigascou, dos puertos más duros, y también las comarcas de Vallespir y Ripollès, con 10 kilómetros de subida constante pero no demasiado agresiva (sobre todo por el lado español) que no obstante nos sirven para cruzar la frontera.

Es el escenario ideal para relajarnos y disfrutar de la gastronomía, de sus deliciosos quesos locales y el célebre cassoulet de alubias blancas. El ser paso de los exiliados españoles en tiempos de la Guerra Civil, aporta la componente histórica.

Menté

Col de Mente

Dentro de la extensa galería de puertos todavía desconocidos para muchos encontramos el de Menté, un tanto desatendido por eventos como el Tour pero sin embargo todo un tobogán de sensaciones y paisajes típicos de la zona. Aquí volvemos a encontrarnos con todo tipo de macizos montañosos rematando un paisaje verde salpicado de pueblos con encanto y muy buena comida.

Ubicado en el departamento del Alto Garona, este puerto de casi 1.350 metros une los valles del Ger y el Garona. Estrechas carreteras bastante bien asfaltadas, frondosos árboles y abundantes curvas en herradura, que pondrán a prueba las piernas de los ciclistas y la habilidad con el cambio de marchas de los conductores. Un homenaje también a Fuente, Virenque, Jalabert y Ocaña. Cuando recorríamos las carreteras con chapas en el patio del colegio.