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Curiosity: el todoterreno que rueda por Marte desde 2012

Publicado el miércoles 17 de julio de 2019

Desde agosto de 2012, un todoterreno 6x6 enviado por el hombre escudriña el suelo marciano con el objeto de determinar si alguna vez pudo haber vida allí.

Han sido muchas las ocasiones en las que, desde estas páginas, te hemos contado las peripecias de numerosos viajeros-aventureros que embarcan su todoterreno con destino a algún lugar lejano donde realizar la ruta de sus sueños. Estableciendo un paralelismo, podemos considerar que lo que ha hecho la NASA es, más o menos, lo mismo.

Después de varios años de desarrollo –como si de preparar un TT se tratara– el todoterreno Curiosity se embarcó en el cohete Atlas V, el cual despegó de la base de Cabo Cañaveral (Florida) en noviembre de 2011. Tras un periplo de 36 semanas y 538 millones de kilómetros recorridos, Curiosity tomaba tierra –en este caso, Marte– en un lugar bautizado como cráter de Gale. La operación de aterrizaje constituye la parte más compleja de este tipo de misiones; de hecho, desde la propia NASA la denominan "los siete minutos de terror".

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En ese tiempo, la estructura donde iba anclado Curiosity debía entrar en la atmósfera marciana –protegida por un escudo térmico del cual luego se tendría que desprender–, desplegar un paracaídas, activar unos retrocohetes que frenaran su descenso y accionar una grúa que lo sujetara mediante unos cables de acero para, finalmente, cortarlos de forma automática en el momento en que el Curiosity tocara el suelo.

Un laboratorio rodante

Tras realizar el aterrizaje con éxito, este heterodoxo todoterreno comenzó su labor que no es otra que estudiar el sustrato geológico y atmosférico de Marte para comprobar si se han dado, se dieron o se podrán dar las condiciones necesarias para la vida en este planeta.



Para llevar a cabo su cometido, Curiosity va dotado de numerosos sensores y dispositivos capaces de tomar muestras y analizarlas sobre el terreno o a posteriori, pues dispone de compartimentos para almacenar cápsulas con muestras. El todoterreno de la NASA cuenta con hasta 17 cámaras, un brazo articulado de dos metros de largo provisto de una herramienta para taladrar el suelo marciano, una estación meteorológica –que se ha desarrollado en España–, espectrómetros, sensores de radiación, etc.

Al contario de lo que ocurría con los anteriores rovers enviados a Marte, que disponían de paneles solares como fuente de energía, el Curiosity lleva un generador termoeléctrico, de 4,8 kilos de peso, que utiliza dióxido de plutonio como combustible y que se estima que puede producir electricidad para alimentar el Curiosity durante 14 años.

Para moverse, este todoterreno se sirve de seis motores eléctricos –uno situado en cada rueda– y, aunque su autonomía es espectacular, sus prestaciones resultan mucho más modestas, ya que su velocidad máxima es de 4 centímetros por segundo –0,144 km/h–.

Sus capacidades todoterreno son, sin embargo, bastante buenas, gracias a su sistema de seis ruedas independientes –de 50 cm de diámetro cada una–, suspendidas en una estructura de brazos articulados que permiten unos amplios recorridos de suspensión que facultan al vehículo para superar obstáculos de 40 centímetros de altura y pendientes de hasta 45 grados.

Para conducirlo, los técnicos de la NASA le envían cada día las órdenes con lo que debe hacer y es el propio vehículo el que haciendo uso de las cámaras estudia el terreno y establece la ruta y velocidad idóneas. Hay que tener en cuenta que no se puede pilotar en tiempo real por control remoto, puesto que las señales de radio tardan más de 13 minutos en recorrer los 245 millones de kilómetros que separaban a la Tierra de Marte en el momento del aterrizaje.

Larga vida marciana

Los expertos de la NASA han previsto que la misión de Curiosity tenga una duración de un año marciano –casi dos terrestres–, aunque se trata de un pronóstico bastante conservador, teniendo en cuenta los precedentes.



En enero de 2004, la agencia espacial norteamericana colocó en Marte dos rovers exactamente iguales, denominados Spirit y Opportunity –bastante más pequeños y ligeros que Curiosity–, cuya misión era encontrar evidencias geológicas de la presencia de agua en el Planeta Rojo. Estaba previsto que funcionaran durante tres meses, pero el primero mantuvo contacto con la Tierra hasta marzo de 2010 y el segundo sigue todavía operativo, después de haber recorrido casi 35 kilómetros y haber mandado, entre ambos, más de 100.000 imágenes a alta resolución.

En 1997, el pequeño Sojourner –de apenas 63 cm de longitud y, también, con seis ruedas motrices– fue depositado en la superficie de Marte por la sonda Mars Pathfinder, pero apenas logró recorrer un centenar de metros en los tres meses en que estuvo operativo, hasta que dejó de transmitir señales a la Tierra. Aún así, logró enviar miles de imágenes y 15 análisis químicos.

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Cuando aún está en sus albores la misión de Curiosity, la NASA ya ha confirmado una nueva para 2016, aunque sin todoterrenos. Lo que todavía es una incógnita es la fecha de la primera misión tripulada, aunque algunos hablan de 2030.

PRIMERO EN LA LUNA

Aunque el hombre llegó a la Luna en 1969, el vehículo todoterreno tuvo que esperar dos años. Fue el 21 de julio de 1971 cuando, el comandante del Apollo XV, David R. Scott (1), se dio un paseo por la superficie lunar a bordo del LRV (Vehículo de Exploración Lunar) que se utilizaría también en las dos siguientes misiones del Apollo hasta 1972. Este vehículo tenía unas dimensiones de 3,10 metros de longitud, 1,82 de ancho y 1,14 m de altura y se movía gracias a sendos motores eléctricos colocados en cada una de sus cuatro ruedas. Debido a la escasa gravedad del satélite, el peso del LRV era de tan solo 35 kilos, por lo que los 0,25 CV de cada motor eran suficientes para moverlo.



En 2008 la NASA anunció su intención de retomar las misiones lunares para lo cual desarrolló una plataforma tubular denominada "Chariot", con seis ruedas gemelas motrices, sobre la cual se podía anclar una cabina presurizada –para alojar a los astronautas– u otros accesorios. Cada par de ruedas disponía de tracción, dirección, suspensión y frenos independientes por lo que la movilidad del conjunto era más que notable y, además, permitía variar la altura de la plataforma.

Aunque la agencia espacial estadounidense señalaba entonces que una probable fecha para la llegada de este vehículo a la Luna era 2020, lo cierto es que el proyecto quedó pronto relegado, en favor del Mars Science Laboratory que ha conseguido llevar un nuevo todoterreno a Marte.

DEJANDO HUELLA

La imposibilidad de utilizar neumáticos de cauchos rellenos de aire fuera de la atmósfera terrestre, ha obligado a desarrollar diferentes soluciones: los LRV lunares de las misiones Apollo usaban una cubierta de laminas de titanio y llanta de aluminio; los Lunokhod rusos optaban por radios y cubierta metálica; mientras que las ruedas de los vehículos usados en las últimas misiones a Marte apostaban por el aluminio.



En la banda de rodadura de las ruedas del Curiosity se han dispuesto unas hendiduras que representan el acrónimo JPL –de Jet Propulsion Laboratory, el lugar desde donde se lleva el control de la misión, en California– en código morse. Esta medida no es del todo caprichosa, puesto que, gracias a estas marcas, los técnicos de la NASA pueden calcular con precisión la distancia recorrida por Curiosity, estudiando las huellas impresas por las ruedas. El problema es que la superficie marciana –donde, a diferencia de la Luna, sí hay atmósfera– está sometida a frecuentes tormentas de polvo que no tardarían en borrar dichas señales.

 


 
 
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