A mí el rollo pick-up me atrae, me gusta. Como la Toyota Hilux, toda una institución en este segmento. Claro que es una clase de vehículo que no tiene sentido alguno en uso cotidiano, pero que tiene dos tipos de uso en los que es una pasada. Uno es como vehículo de carga rural, obviamente. El otro responde a sus capacidades todo terreno.
La actual generación de la Hilux data de 2015 y va a ser renovada muy pronto. Así que posiblemente, bueno más bien seguramente, esta sea la última vez que podamos ponernos a los mandos de la Hilux en su actual forma.
Es grande, mucho. Mide 5,32 metros de largo, 1,85 metros de ancho y 1,81 metros de alto. Tiene cinco plazas y claro, se ve veteranía de modelo por todos los lados. Hay un freno de mano mecánico, una palanca del cambio automático mecánica, un cuadro de mandos analógico… Aunque a mí, ciertamente, todo esto me gusta.

Evidentemente hay otras cosas que denotan la antigüedad del modelo y que no son positivas, como que lleve faros halógenos o que la pantalla central sea más pequeña de lo habitual hoy en día. Pero bueno, son detalles muy perdonables cuando le sacas partido a este coche.
Las dos versiones que se venden son diésel, una con motor 2.4 y 150 CV y otra con propulsor 2.8 y 204 CV, que además lleva un sistema de hibridación ligera de 48V equipado con un motor eléctrico de 16 CV que actúa como generador y que sirve para beneficiarse de la etiqueta ECO en España.

La diferencia de precio entre ambas versiones es de 10.000 euros. La más modesta cuesta 41.250 euros y la que tenemos hoy entre manos, 51.250 euros.
Cómo es convivir con la Hilux
De primeras has de saber que, como toda pick-up, la Hilux no es del todo cómoda en carretera, es algo ruidosa, es poco maniobrable y consume bastante gasóleo. En la práctica puedes llevarlo en unos 10 L/100 km, pero si disfrutas de sus capacidades, bastante más.
Es que al final es un coche muy disfrutable en campo. Ahí no te voy a decir que no hay quien la pare, pero en buenos fangos te tienes que meter para quedarte tirado. Por supuesto tiene reductora y bloqueo trasero, ambas cosas de serie.

Sobre tierra, bajo mi punto de vista, la Hilux es una de las mejores pick-up del mercado, artilugios bestias como la Raptor aparte. Si te asomas por debajo la verás hecha con robustos materiales, lo que te permite derrapar, saltar y meterte en el agua con bastante garantía de no liarla.
A fin de cuentas, la fiabilidad es de hecho una de las mayores cualidades históricas de la Hilux, y aquí se ve claramente reflejado. La Hilux es para disfrutar al volante, no para presumir, ni para ir cómodo, ni para escuchar música en un equipo de alta fidelidad.
También tiene unas calidades no modestas pero sí sencillitas. Todos los plásticos son duros y se aprecian más duraderos que refinados. Hay ciertas aristas cortantes, encajes mejorables… pero todo forma parte de un paquete de cosas que están hechas para satisfacer en la durabilidad, no en el trato diario. Y eso es bueno.
También tiene asientos de confort normal, con reglajes pequeños (igual que en la columna de la dirección) y una visibilidad hacia atrás un poco comprometida. Pero nunca querrás bajarte de la Hilux, te lo digo, y cuanto más barro haya, más aún.
Es de hecho uno de los coches que más me ha costado soltar en los últimos tiempos, y eso que en términos prácticos no me ha valido para nada, pero la he disfrutado tanto que no puedo quedarme con mejor recuerdo de ella. Veremos qué tal esa nueva generación que llegará a lo largo de 2026…
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