Aniversario de la tracción quattro y el motor cinco cilindros

Audi Tradition: Quattro y cinco cilindros

Apertura
Audi Tradition: Quattro y cinco cilindros
Javier Arús
Javier Arús
En 2020 se cumplieron 40 años de la irrupción de la mítica tracción quattro y 45 años de la llegada al mercado de los no menos legendarios propulsores con cinco cilindros de Audi. La pandemia impidió que ambos hitos se celebraran como es debido… hasta ahora.

En cada conversación con los responsables de comunicación de Audi en nuestro país, estaba claro que la efeméride del aniversario de la tracción quattro y el motor cinco cilindros era una espina clavada. Por lo visto, en 2020 estaba previsto un evento espectacular, del cual no quisieron desvelarnos detalles para no compartir esa frustración.

Por suerte, hace apenas un par de meses, sonó el teléfono de la redacción. Normalmente las presentaciones nos llegan directamente al correo electrónico, y las gestionamos de manera directa vía e-mail. Pero esto había que comunicarlo de otra manera, y el entusiasmo de Álex (jefe de prensa de Audi España) al descolgar fue contagioso. Para que te hagas una idea, la conversación acabó con un “no os lo podéis perder”, así que las expectativas eran muy altas.

Al fin llega el e-mail con el programa del evento. Sin importar que ya lleváramos unos cuantos meses de 2021, la marca alemana había decidido recuperar esa presentación de los 40 años de quattro y 45 años de los motores cinco cilindros denominándola ‘Audi quattro moments experience’. Evocador es poco. Como os podéis imaginar, tardamos poco en responder afirmativamente a la invitación, preparados para vivir una de las mejores experiencias que esta profesión te puede brindar.

Nos citan a las siete de la mañana en el aeropuerto de Madrid Barajas. Antes de coger el vuelo, tenemos que pasar por el inevitable trago de que te inserten un palo (que a mí cada vez me parece más largo) en las fosas nasales, te rasquen el cerebro hasta que se te salten las lágrimas y esperar a que el resultado sea el adecuado para poder viajar con seguridad. Herencias del Covid. Tras el negativo, cogemos un vuelo a Niza, preciosa localidad de la costa azul francesa. Al llegar, Nacho, director de comunicación de Audi en España, esgrime una sonrisa confiada sabiendo que lo que nos espera es algo único… y nos suelta un prometedor ‘preparados para disfrutar’, señal inequívoca de que lo que estamos a punto de vivir es algo único y difícilmente repetible (me recordó a otra vez que me recomendó que me montara en un helicóptero en San Francisco, algo a lo que tengo pánico; le hice caso y es algo que siempre le agradeceré).

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Las curvas del Col de Turini y un Audi TT RS Roadster con 400 CV

No obstante, antes de empezar a disfrutar, nos tocó meternos otro palito… esta vez en la boca. Os aseguro que es la presentación más segura a la que he asistido; en apenas tres horas, dos test de antígenos. De nuevo, cosas del covid. En un parking del aeropuerto de Niza (el cual tiene un reportaje espectacular por los deportivos que se guardan allí abajo), nos esperan unos cuantos TT RS y RS Q3 para desplazarnos nada menos que al Col de Turini. En mi caso, escojo el único Audi TT RS Roadster disponible; qué mejor que combinar el último motor cinco cilindros turbo de la marca, con la tracción total… y la posibilidad de disfrutar de la brisa costera (en Niza no hace tan buen tiempo como la gente piensa, pero hoy luce el sol y hace una temperatura fantástica).

Y llega la primera experiencia inolvidable (leerás unas cuantas en este texto). Afrontar la subida al Col de Turini en un descapotable biplaza de 400 CV. He subido unas cuantas veces esta carretera, pero desde luego nunca lo había hecho en un día con tan poco tráfico y al volante de un modelo tan potente y, por qué no decirlo, seguro.

Estamos en el que para muchos es el mejor tramo de rally de todos los tiempos. Lugar mítico donde los haya, recuerdo con cariño las subidas nocturnas del Rally de Montecarlo. Sin duda, un escenario decisivo para la consecución de grandes victorias en la histórica prueba monegasca. El paso del Col de Turini, de 31 km de longitud, es una sucesión de giros cerrados capaces de poner en aprietos a cualquier coche deportivo. Una tortura para la dinámica de los automóviles. Atravesando las montañas entre Sospel y La Bollène-Vésubie, consta de 34 curvas en las que acabas por subir del nivel del mar hasta los 1.607 metros de altitud.

Es complicado registrar una velocidad media alta debido a lo retorcido de los giros… y a que muchos son ciegos. Para que te hagas una idea, ascender registrando una media de entre 30 y 40 km/h es circular a muy buen ritmo. Pues bien, algunos pilotos de rally suben por aquí a entre 80 y 90 km/h de media, lo cual me parece surrealista. El TT RS es un compañero de viaje espectacular, y el hecho de haberlo escogido en versión descapotable ha sido un acierto. El sonido del motor cinco cilindros es peculiar, único e inspirador. Pasar de manera constante de segunda a tercera velocidad usando las levas del volante mientras empleo acelerador y freno como si fueran dos interruptores, provocan una banda sonora que mezcla silbidos, pequeñas explosiones y ‘pedorretas’ que te ponen los pelos de punta.

El comportamiento del TT RS resulta impresionante; todas las curvas las trazas con tiralíneas, y si bien muchos lo acusarán de ser un coche aburrido, yo te digo que los que lo afirmen no han llevado en su vida un coche al límite. En mi caso no considero para nada aburrido que un deportivo reaccione siempre de la misma manera, con seguridad, y brinde un paso por curva ultra eficaz con una capacidad de tracción casi ilimitada que te permita pisar el acelerador sin miedo a la salida de los giros. Esto es algo más que útil en un lugar como este, repleto de horquillas que te obligan incluso a reducir hasta el punto de meter primera en algunas ocasiones.

He de confesar que soy el último en llegar al punto de encuentro. Y es que me he parado en muchísimos de los apartaderos para fotografiar las vistas de la costa del sur de Francia. Desde luego si nunca habéis venido por aquí, no os lo podéis perder. Es uno de los lugares obligatorios para disfrutar conduciendo. Merece mucho la pena.

Llegamos al Hotel des Trois Vallées, coronando el puerto. Y es justo en ese lugar cuando se me cae la mandíbula al suelo y se me salen los ojos de las órbitas. Punto de encuentro de fanáticos del motor, Audi ha preparado una serie de actividades espectaculares. De momento, aparcados allí tenemos nada menos que cuatro coches clásicos de la firma alemana y el Audi S1 del grupo B, ex Walter Rörhl. Te puedes imaginar que casi me bajo en marcha del TT RS para poder admirar de cerca semejantes bellezas. Pero primero toca tomar algo. Y es que el Hotel des Trois Vallées alberga un restaurante espectacular, con las paredes repletas de fotos, recuerdos y firmas para pasar horas (incluso días) ensimismado. Otro aliciente más para que visites este lugar.

Barra libre de clásicos

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Se me ocurren pocas formas mejores de celebrar un aniversario

Tratando de asimilar dónde estoy y lo que tengo delante, trago saliva y me acerco con cautela a los vehículos clásicos. Tengo delante de mí cuatro unidades en perfecto estado, todas con motor cinco cilindros turbo y tracción quattro. Se trata de un quattro coupé de 1980, un 200 Turbo de 1981, un S2 Coupé de 1991 y un TT RS Coupé de 2009. Pero, sin duda, el que atrae más mi atención es el Sport Quattro de color rojo… y no sólo por el coche que es, sino también por una historia personal. Mi padre tuvo un Audi Coupé de esta generación con el propulsor 2.2 atmosférico de cinco cilindros y 136 CV en color azul oscuro con unas preciosas llantas de radios de 14» y la palabra coupé que se intuía en una zona oscurecida entre los dos pilotos traseros. Evidentemente, ya me hubiera gustado que fuera un quattro coupé, pero guardo un recuerdo increíble de aquel coche, hasta tal punto de plantearme su compra si encontrara una unidad en buen estado en el mercado de segunda mano (ahí lo dejo).

El caso es que al rato de andar por allí deambulando, se me acerca una persona de la organización… para ofrecerme las llaves del coche. «¿Ah, puedo verlo por dentro?», le comento. «Sí claro, y darte una vuelta si quieres». Sabes eso de los dibujos animados cuando salen corriendo y dejan una silueta incolora; pues es lo que tardé en montarme y arrancar. Para empezar, el olor del interior me transporta directamente a aquel Audi de mi padre; es un aroma peculiar que identifica a la perfección a los modelos de la marca alemana de esta época. Todavía sin creérmelo del todo, ajusto el asiento para encontrar una postura cómoda al volante, aunque siempre con la sensación de que en algún momento se me va a acercar un alemán muy enfadado para decirme qué narices hago trasteando en un automóvil digno de museo. Pero no. De hecho, es una alegría que la marca utilice con frecuencia este tipo de coches en sus eventos (esta unidad supera los 80.000 km).

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Para empezar, un Audi quattro coupé

La persona encargada de estos clásicos se pone delante de mí al volante del nuevo Audi RS 3 Sedán (concretamente, la unidad que batió hace unos meses el récord de Nürburgring de su categoría) y me indica que le siga. Embrago y primera. Qué buen tacto tiene el cambio y todos los mandos. Sorprende mucho en un vehículo con más de 40 años de vida. Se escuchan crujidos de algunas piezas del salpicadero y los asientos, provocados por el frío que tenemos aquí arriba. Esto es algo totalmente comprensible dada la edad del coche.

El sonido del 2.1 turbo de cinco cilindros es súper particular, desacompasado y muy sugerente. La entrega de la potencia (200 CV) es un poco a la vieja usanza y característica en este tipo de propulsores; pisas a fondo y, hasta que el turbo toma el control de la situación, pasan un par de segundos. Es parte de la personalidad de este motor, y algo a lo que resulta fácil acostumbrarse. Pero, sin duda, lo mejor está entre 3.000 y 5.500 vueltas; si consigues que la mecánica gire en ese rango de 2.500 revoluciones (por cierto, la instrumentación es digital), el ritmo que puedes alcanzar con este quattro coupé es más que respetable. De hecho, la liebre que llevo delante no está bajando el Col de Turini digamos despacio; es verdad que el tramo destinado a que probemos los clásicos no es el más exigente, pero en el fondo se agradece que las curvas sean más rápidas y amplias. La carrocería se inclina el grado justo para notar como el coche apoya con solvencia y pasa por los giros con eficacia. La dirección es muy comunicativa comparada con las que tienen los coches actuales, pero también es cierto que no es tan directa y el diámetro del propio aro es bastante grande (eso sí, por grosor es perfecto).

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Parece mentira que este coche tenga 40 años

Alcanzamos el punto acordado para dar la vuelta y volver a subir. Dejo un poco de distancia con el coche precedente y piso a fondo mientras meto las tres primeras marchas; los pelos de punta. El sonido llega mucho menos filtrado de lo que estoy acostumbrado; y a través del asiento, el volante y los pedales, se transmite con claridad cada irregularidad del asfalto. Estoy totalmente enganchado a este coche, y apenas llevo unos kilómetros a sus mandos. Va tan bien, que pronto consigo que los neumáticos chillen tímidamente en alguna curva. Y en cada reducción, un toque al gas antes de insertar la marcha correspondiente. Qué maravilla. Ya no recordaba lo sencillo que era disfrutar al volante… circulando a una velocidad normal.
Cuando llegamos al punto de partida, aparco con cuidado el quattro en su sitio y me bajo con unas ganas locas de buscar unidades de segunda mano en mi móvil. Es una búsqueda banal, ya que los precios de estos coches están por las nubes; pero ¿y si cae la lotería? Con una sonrisa que no me cabe en la cara y mirando fijamente el coche antes de alejarme, el trabajador de Audi se acerca y me pregunta: «¿qué tal, cómo ha ido?». Mi cara es la mejor respuesta. Y, viendo mi sonrisa, no se le ocurre otra cosa que… ¡invitarme a conducir el resto! Esto pasa pocas veces, así que no dudo en aprovechar la oportunidad.

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Me dieron ganas de volverme hasta Madrid al volante del Audi S2

Le toca el turno al Audi S2 Coupé. Se trata de una unidad gris con también algo más de 80.000 km y, como es lógico, en perfecto estado. Sólo con el sonido que se genera al cerrar la puerta queda claro que estamos en un coche más moderno. Los asientos recogen mejor el cuerpo y, al mismo tiempo, son más cómodos; el volante es más pequeño, la palanca del cambio se parece a la de su antecesor y la instrumentación analógica ofrece una legibilidad admirable. Y el olor es similar.

Arranco y el sonido que llega al habitáculo es parecido a lo experimentado en el quattro de 1980… pero más amortiguado. Aquí contamos con un motor 2.2 turbo de cinco cilindros y 20 válvulas (en lugar de las 10 válvulas del anterior), por lo que la potencia asciende hasta los 220 CV… aunque el peso también aumenta en 120 kg, para rozar los 1.500 kg. La conclusión es que ambos coches declaran exactamente la misma relación peso/potencia: 7,2 kg/CV.

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Lo primero que se aprecia al emprender la marcha es una evidente mejora en el refinamiento y la calidad de rodadura. La suspensión es capaz de filtrar mejor los baches de la carretera, y pronto queda claro que este modelo es el perfecto aliado para viajar rápido y lejos. El tacto general se acerca más al de los deportivos modernos de la marca, y se nota; transmite un claro mensaje de deportividad y reaccionas seguras.
Recorriendo el mismo tramo, estoy tan cómodo manejando el coche que me dan ganas de volver hasta Madrid conduciendo (y no es ninguna broma).

El S2 fluye con una naturalidad pasmosa, aunque queda claro que cuando fuerzas un poco la situación, el eje delantero se carga con mucho peso y acaba deslizando sin remedio. Pero es un comportamiento esperado y fácil de entender por parte del conductor… para sacarle el máximo partido. El coche enlaza las curvas amplias incluso más rápido que el quattro, con la única pega de que la dirección, siendo algo más directa que la de su predecesor, no termina de transmitir tan bien lo que está sucediendo ahí abajo.

Audi 200 quattro
El Audi 200 Turbo fue una grata sorpresa

Dejo para el final, a propósito, el que a priori me parecía el modelo menos apetecible de la terna: el 200 turbo. Pero, para mi asombro, es el que más me sorprende… para bien. Se trata de una berlina de lujo de la época, con unos asientos tipo sofá pensados para resultar cómodos durante miles de kilómetros, unas plazas traseras gigantescas (con cojines a juego con la tapicería) y una calidad de acabados que llama mucho la atención por su solidez. En esta caso, el motor 2.1 turbo de 170 CV se asocia a un cambio automático de la época, con lo que la rapidez no es su punto fuerte, sino más bien la suavidad de funcionamiento.

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Complicado imaginar un asiento más cómodo

Acelerar a fondo requiere de paciencia, ya que hasta que la transmisión reacciona y, por ende, el turbo, el empuje se hace de rogar. Pero una vez llega, el coche avanza con una contundencia sorprendente. Además, enlaza curvas con una solvencia totalmente inesperada por mi parte, y si bien la carrocería se inclina con claridad, en ningún momento se altera la trayectoria elegida y el paso por curva es más ágil de lo previsto para una berlina de 4,8 metros de largo. Una de las claves para que este coche vaya tan bien es que apenas supera los 1.300 kg de peso; además, el encargado de estos vehículos clásicos me confesó que esta unidad acaba de recibir una profunda revisión, incluyendo la sustitución de los amortiguadores y neumáticos.

De postre, un Grupo B legendario

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Un sueño hecho realidad

Después de casi cuatro horas aquí arriba disfrutando de los clásicos de la marca, toca cambiar de país y poner rumbo a Italia, concretamente a la preciosa ciudad de San Remo. Dado que, para variar, he sido el último en acabar (quería aprovechar hasta el último instante con los clásicos), mis compañeros me han dejado un Audi RS Q3 para bajar el puerto hasta el nivel del mar, y coger la autopista que comunica las costas de Francia e Italia. Evidentemente, acostumbrado a los clásicos, este SUV se muestra tremendamente eficaz sin apenas esfuerzo, fruto de la evolución de la técnica aplicada a la automoción. Parece mentira que un coche alto y relativamente pesado se mueva de manera tan ágil a un ritmo endiablado. Tanto es así, que en apenas un abrir y cerrar de ojos ya estoy disfrutando de un maravilloso atasco por la autopista que comunica las regiones costeras de ambos países (no recuerdo haber estado aquí antes y que esta vía no estuviera con obras de alguna clase).

La marca nos ha reservado una habitación en el mítico hotel Royal de San Remo (donde se han alojado estrellas de cine, cantantes del famoso festival de música de la región… y los pilotos del Rally de San Remo), y nos tiene reservada una sorpresa para el final del día: cenar nada más y nada menos que con la leyenda de los rallyes Stig Blomqvist, campeón del mundo en 1984 con Audi. Tras una animada velada recordando momentos de su carrera, nos advierte que descansemos, ya que la jornada que nos espera mañana no va estar exenta de emociones. La cosa promete.

El despertador suena temprano, pero he de reconocer que ya llevo unos minutos despierto. Estoy impaciente por afrontar este segundo día de evento, con la expectativas altísimas teniendo en cuenta lo que ya vivimos ayer. En la puerta del hotel nos esperan una batería de Audi e-tron; con ellos nos dirigimos a un lugar muy especial, no sin antes soportar otro bonito atasco en las inmediaciones del centro de San Remo. Tenemos un cita en la plaza de San Romolo, donde Audi ha montado un parque cerrado en el famoso restaurante Dall’Ava, otro lugar de culto que recomiendo visites, aunque sólo sea por descubrir la innumerable cantidad de recuerdos que adornan sus paredes.

Lo cierto es que al entrar en la plaza hay dos cosas que me llaman mucho la atención. La primera es una enorme furgoneta de asistencia Volkswagen con los clásicos colores del mítico equipo de rallyes Audi Sport y un remolque vacío justo detrás… del que acaban de bajar lo segundo que me deja con la boca abierta; nada menos que una unidad del Audi Sport Quattro con el dorsal número 3, matrícula alemana IN-ND 63 (con el que Walter Röhrl quedó tercero en el Rally de Portugal de 1985) y en perfecto estado de conservación. Justo al lado espera Stig Blomqvist enfundado en un mono ignífugo. Inspirador y evocador a partes iguales.

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Audi Sport Quattro y su vehículo de asistencia

Al pasar al restaurante nos dan un pequeño briefing para contarnos en qué va a consistir la mañana de trabajo y, en un momento dado, nos anuncian que vamos a tener el privilegio de copilotar a la leyenda de los rallyes en el Audi Sport Quattro de ahí fuera. Me cambio de ropa a la velocidad de la luz, y antes de que siquiera arranquen el coche, ya estoy ataviado con un mono ignífugo exactamente igual que el de Stig. Y un casco. El Audi del mítico Grupo B arranca armando un estruendo imponente y que te retrotrae directamente a los años 80, donde este artefacto era el que tenía la banda sonora más característica de los que competían en la época.

Stig está concentrado; me saluda con cierta frialdad (nada que ver a su actitud durante la cena de la noche anterior) y nos ponemos en marcha. Delante de mí tengo un habitáculo espartano, y me llama la atención la palanca de cambios manual y la buena sujeción de los asientos. Nos desplazamos por un pequeño vial hacia la salida del tramo cerrado que vamos a recorrer; esperamos pacientes a que la asistencia nos indique que es seguro recorrer la carretera. Stig se lo toma como la salida real de un tramo de rally, por lo que se prepara con el motor alto de vueltas y el pie apoyado en el embrague. El sonido es increíble.

¡Salida! El turbo empieza a silbar como un demonio y Stig despliega una sinfonía de movimientos maravillosos, tanto con las manos pero, sobre todo, con los pies. Es una auténtica pasada observar como realiza maniobras como el punta-tacón, el doble embrague o la frenada con el pie izquierdo con una naturalidad pasmosa.

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Copilotar a Stig Blomqvist: una privilegio que jamás olvidaremos

Está claro que para él es otro día en la oficina, pero para un aficionado como yo, es como ver tocar a Beethoven el piano en directo. A nivel sensorial estoy sobrepasado en este momento; la velocidad a la que circulamos es alta. El coche baila de un lado a otro como una serpiente en movimiento. Todo pasa rápido, todo es emocionante; recorremos el tramo de Santa Ágata y el sonido del cinco cilindros turbo invade de nuevo los tranquilos bosques que rodean el lugar.

Stig gira el volante con maestría para atacar los vértices de las curvas, y pisa a fondo mientras frena con el pie izquierdo para provocar el movimiento del eje trasero y que el Audi adquiera una línea más directa hacia la salida de los giros. Jamás voy a olvidar esto. Un capítulo épico para alguien que ve esto de los coches como una manera de vivir.

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Cuando llegamos de nuevo al parque cerrado Stig parece más relajado y, esta vez sí, me da la mano y sonríe. Como no podía ser de otra manera, secuestro al fotógrafo para que inmortalice el momento. La sonrisa no se me borra de la cara en horas, y la posterior espera en el aeropuerto de casi cinco horas para coger el vuelo de vuelta a Madrid me importa un bledo. Trato de asimilar toda esta experiencia y sigo desbordado.
Llego rendido a mi casa, me acuesto y cierro los ojos.

Los sonidos e imágenes vienen de golpe a mi mente formando un sueño maravilloso. Es como un documental que resume a la perfección estos 40 años de tracción total y 45 años del motor cinco cilindros. En el café de la mañana me levanto lleno de energía recordando ese sueño tan real; cuál es mi sorpresa que al mirar el móvil, las fotos y los vídeos me recuerdan que ese documental lo he vivido en primera persona. Y cuando un sueño es algo tan real, queda para siempre en la memoria… y en este reportaje de un humilde aficionado a la automoción.