El tablero geopolítico ha vuelto a temblar y, como ocurre cada vez con mayor frecuencia en una economía globalizada, la onda expansiva ha impactado directamente en la línea de flotación de la industria del automóvil. Tras el reciente ataque coordinado de Estados Unidos e Israel sobre Irán, el sector se enfrenta a una nueva «prueba de estrés» que amenaza tanto a la fabricación de vehículos en Europa como al bolsillo de los conductores españoles.
Para comprender el alcance real de este conflicto más allá de los titulares de guerra, hemos analizado la situación con Francisco J. Girao, director de Defensa, Seguridad y Aeroespacial en ATREVIA. Su diagnóstico es claro y poco alentador para el corto plazo: lo que ocurre en los despachos de Defensa tiene una traducción inmediata en las fábricas y en las gasolineras.

El Estrecho de Ormuz: la verdadera «bomba nuclear»
Según explica Girao a este medio, el ataque evidencia cómo «sectores industriales como el automovilístico, en principio alejados de la defensa, se ven afectados por contextos de este otro mundo». El experto señala que la dinámica ha cambiado: Washington y Tel Aviv han perdido el miedo a la amenaza histórica de Teherán.
«La gran bomba nuclear de Irán siempre fue bloquear el Estrecho de Ormuz», asegura Girao. Al perder ese elemento disuasorio su valor absoluto para las administraciones americana e israelí, se ha desencadenado una contienda que, inevitablemente, «va a impactar en la cadena de suministro para el sector automovilístico europeo».
Gasolina: sube rápido, baja lento
La consecuencia más palpable para el usuario de a pie es el precio del combustible. Girao advierte de un fenómeno conocido pero doloroso para el consumidor: la asimetría en la traslación de precios. «La subida del precio del crudo afecta directamente al precio de la gasolina en el surtidor, pero la bajada, cuando llegue, no siempre se traslada tan rápidamente al conductor», sentencia el directivo de ATREVIA.
Con un incremento que ya ronda el 10% en los precios del combustible, Girao es tajante: «se avecinan, al menos en los próximos días y semanas, malas noticias para los conductores». Aunque España no se surta directamente de petróleo iraní, la interconexión de los mercados energéticos mundiales hace que el alza sea sistémica.

La industria contiene la respiración: desvíos y sobrecostes
Mientras los analistas de defensa miran a los cielos de Oriente Medio, los logísticos miran al mar. Según datos de Automotive News, la tensión ha obligado a gigantes del transporte marítimo como Maersk y Hapag-Lloyd a pausar sus travesías por el Canal de Suez y el estrecho de Bab el-Mandeb.
La alternativa es costosa: rodear África por el Cabo de Buena Esperanza. Esto supone añadir entre 10 y 15 días a las rutas de suministro entre Asia y Europa, además de disparar el consumo de combustible de los buques y las primas de seguros por «riesgo de guerra».
Los fabricantes europeos, no obstante, afirman estar mejor preparados que en crisis anteriores. El Grupo Volkswagen ha declarado estar «muy preocupado», aunque de momento mantiene la producción gracias a los inventarios de seguridad. Una postura similar mantiene Volvo. La industria ha aprendido de la crisis de los microchips y del colapso del puente de Baltimore en 2024: ahora operan con stocks de amortiguamiento de dos a tres semanas y sistemas de logística digitalizada que permiten redirigir envíos en cuestión de horas.

La resiliencia tiene un precio
Sin embargo, esta seguridad no sale gratis. Fuentes del sector confirman que los costes logísticos han aumentado un 40% en los últimos años debido a la necesidad de mantener rutas redundantes y mayor stock. Si el conflicto se alarga, estos sobrecostes acabarán erosionando los márgenes o trasladándose al precio final del vehículo.
La clave, como apunta Francisco J. Girao, reside en el tiempo: «todo va a depender de cuánto dure y cuán grave sea esta afección». Del análisis de la capacidad de resistencia de Irán y la intensidad del ataque aliado dependerá si esto queda en un susto inflacionista o si nos enfrentamos a una rotura de stock estructural.
«Irán está acorralada y no tiene más remedio que utilizar sus líneas rojas», concluye Girao. Para el sector del motor, la esperanza es que esas líneas rojas no terminen de estrangular el comercio global, aunque la advertencia está sobre la mesa: preparémonos para semanas de turbulencias en el mar y precios altos en la carretera.
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