Volkswagen presenta la llegada de la tecnología “Full Hybrid” como un hito. Sin embargo, la memoria del sector revela otra verdad: en Wolfsburgo ya habían apostado por esta solución mucho antes, cuando el mercado europeo aún miraba con escepticismo a todo lo que no fuera diésel.

Primero Touareg, luego Jetta
El primer intento se remonta a principios de la pasada década, cuando la marca probó suerte con el Touareg Hybrid, un SUV grande, Premium, que combinaba un motor V6 de gasolina con apoyo eléctrico. Con un precio excesivo ante los Premium de verdad y en plena fiebre del gasóleo, aquel modelo pasó casi inadvertido. Pero Volkswagen no se dio por vencida y en 2013 quiso plantar cara al Toyota Prius con una propuesta más popular: el Jetta Hybrid.
El planteamiento era interesante. Fabricado en México, esta berlina montaba un 1.4 TSI turbo de 150 CV apoyado por un motor eléctrico de 27 CV, para una potencia conjunta de 170 CV. El conjunto, asociado al cambio DSG de doble embrague, ofrecía una experiencia de conducción más refinada que la del Prius, evitando aquellos ruidosos comportamientos que no se correspondían con las aceleraciones que se demandaban a golpe de pie derecho. Sobre el papel, el Jetta híbrido era incluso más rápido y no menos eficiente: podía recorrer hasta dos kilómetros en modo eléctrico puro, registrar consumos de apenas 5 l/100 km en ciudad y homologaba apenas 95 g/km de CO₂.

Adelantado a su tiempo
El comunicado oficial de Volkswagen en 2013 lo presentaba como un paso firme hacia “una movilidad más sostenible y ecológica”, con versiones Hybrid y Hybrid Sport repletas de equipamiento. Sin embargo, la realidad comercial fue muy distinta. En Europa, el formato de berlina de tres cuerpos llevaba años perdiendo atractivo frente a los compactos y SUV y el Jetta nunca supo aprovechar que era un Golf con culo. Es verdad que restaba un maletero reducido por la batería —260 litros frente a los 420 habituales— que hacía practicidad a un coche pensado para familias.
Más de una década después, Volkswagen recupera el concepto con el nuevo T-Roc Full Hybrid, ahora en un contexto radicalmente distinto: el diésel se ha desplomado, el coche eléctrico no despega al ritmo esperado y los híbridos son la opción de moda en Europa -la microhibridación solo funciona en nuestro país por cuestión de etiqueta ECO-.
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