En esta santa redacción (y esto probablemente no deberíamos divulgarlo) tenemos un aforismo que, como todo buen aforismo, mezcla 50 % de sarcasmo y 50 % de sabiduría, muy al estilo de Mark Twain: nunca te compres un eléctrico más caro que un Tesla, ni ningún coche en general más caro que un Porsche Cayman. Es un consejo matizable, claro, pero con un trasfondo de enseñanza real.
El Model 3 de 35.000 y pico euros representa un nudo ahorcaperros en el gaznate de todos los fabricantes, pero al menos hasta ahora afectaba a un tipo de carrocería con tantas restricciones —desde el punto de vista de las madres convencidas de que cada día acabará con un atracón de Ikea, y de aquellos caballeros que encuentran doloroso doblar el lomo para descender a un nivel próximo al del asfalto— que el chiste se quebraba en cuanto el lector o cliente de Autofácil decía: “es que yo quiero un SUV”.
El chiste también se disolvía cuando otro lector nos decía —como me confesó hace poco un fan de Autofácil—: “es que meterse en un Tesla es como entrar en un túnel oscuro”. Y vaya, no le falta razón ni criterio, porque aún más sagrado que el derecho a opinar es el de invertir tu dinero donde te dé la gana. Sobre todo, si aplicamos criterios estéticos.
Hasta aquí, todo “normal”. Tesla se había buscado la vida para estrangular las ventas del resto del universo con unos precios de apertura transparentes y reducidos, pero aplicados a un animal muy concreto: una berlina de tres volúmenes. Aun así, la mera existencia de ese Model 3 SR RWD con Tesla Boost acercaba a mucha gente al funnel (eso significa embudo, pero si lo dices en español parece que estás en la cárcel de Abu Ghraib en lugar de en una call de ventas) del universo Tesla. Muchos acababan planteándose el Model Y, que además de feo y remozado a medias con algunas pinceladas de Highland, ya era un coche caro (no en mala relación calidad/precio, pero sí en relación con el saldo en cuenta corriente del mortal medio).
En medio de estos mimbres, y tras una cantidad enorme de anuncios sobre la posibilidad de un nuevo Tesla “para el pueblo” —que hizo fantasear a los fans con un Model 3 sin puertas dispuesto a aniquilar todo el heritage del Volkswagen Golf—, hace menos de 72 horas se presentaban en Estados Unidos las variantes Standard del Model 3 y del Model Y: ejemplares downgradeados donde una especie de Milei con motosierra ha recortado de todo (menos la palanca de los intermitentes) para conseguir hacerlos más baratos y generar más gama. A partes iguales, porque la diferencia de precio no cuadra del todo con lo que se ha suprimido en aquellas latitudes.
Con la rapidez de la propagación de la luz en el vacío, esta mañana nos hemos desayunado con el precio y la existencia del Model Y Standard por 39.990 € en España, ya disponible en el configurador. Un SUV eléctrico ultraasequible y de buen tamaño, con casi 600 km WLTP, el interfaz de Tesla y fabricación europea (en Berlín). Very bad news.
Los matices de un “Standard” que no lo es tanto
Ahora vienen los detalles. El primero (y salvaguarda temporal para los fabricantes legacy) es que este Standard es realmente “normalillo”. Como decía, la motosierra Milei (o Marchionne, si queremos una figura de referencia menos politizada) ha hecho de las suyas, aunque sospecho que Elon se siente más cómodo con la metáfora argentina… algo que debería hacerse mirar a la luz de otro aforismo: piensa lo que dices, pero por Dios, no digas todo lo que piensas.
El segundo es que el salto al escalón “guay” es gordo. Diez mil euros no son un d(p) o diferencial de precio —que Newton definiría como un incremento infinitesimal en la magnitud p—, sino más bien un terriblemente inmenso ΔP, una delta de Dirac de manual: una discontinuidad brutal en la curva de decisión que difícilmente pasa desapercibida. Esa ruptura va a atraer a mucha gente que no se planteaba el Model Y… pero desde luego no va a engatusar a muchos candidatos para dar el salto al “gordo”.
Los cambios concretos de este Model Y Standard respecto del fantástico Juniper que te presentamos en vídeo hace un tiempo son bien conocidos. Se elimina la barra luminosa frontal, se suaviza la solución retroiluminada trasera, se cancelan elementos como el alumbrado matricial, los retrovisores abatibles o el techo solar (aunque se mantiene un vidrio laminado cubierto por tela por motivos estructurales, que carece de propiedades calorífugas). También hay asientos con insertos en tela, ausencia de mini-pantalla trasera y algunos ajustes menores… vamos, ningún drama.
Funciones como el modo centinela, la conectividad, la apertura con el móvil o la bendita palanca de intermitentes (ese vestigio de cordura en un mundo de botones táctiles) se mantienen.

Entre el Standard y el Performance: cuatro Teslas, cuatro filosofías
La nueva gama del Model Y ya se puede configurar en España, y deja claro que Tesla no se conforma con una única carta: ha creado cuatro niveles de ambición, que van del más sensato al más marciano. Y lo más sorprendente no es la escalera, sino lo abrupto de cada peldaño.
El Model Y Standard (39.990 €) abre el juego con tracción trasera, 534 km WLTP, 0-100 km/h en 7,2 s y una supercarga de hasta 260 km en 15 minutos. Es el Tesla de acceso, con lo esencial: 7 altavoces, techo cerrado, decoración textil, volante de ajuste manual y un filtro de aire convencional. Los asientos combinan tela y cuero vegano, y aunque pierde la iluminación ambiental o los retrovisores automáticos, mantiene el alma Tesla: conectividad total, planificador de rutas, modo centinela y pilotaje automático básico.
Por encima está el Premium RWD (49.990 €), que añade más autonomía (622 km WLTP), mejor audio (9 altavoces), techo panorámico, volante eléctrico, decoración de microante, y sobre todo, mayor confort térmico y filtrado HEPA con “modo defensa biológica”. Acelera en 5,6 s y monta llantas de 19’’, logrando una sensación general de producto “terminado”, aunque mantiene la tracción trasera.
El siguiente escalón, el Premium AWD (52.990 €), introduce tracción a las cuatro ruedas, 600 km WLTP, 4,8 s en el 0-100, y repite el nivel de lujo interior del anterior, pero con mejor motricidad y estabilidad gracias a los amortiguadores adaptados a la frecuencia. Es el punto de equilibrio entre placer y practicidad: lo bastante rápido para divertir, pero sin llegar a la brutalidad del tope de gama.
Y al final, el Performance (61.990 €): tracción total, 580 km WLTP, y un 0-100 km/h en 3,5 s que lo coloca en terreno de superdeportivos. Trae amortiguadores electrónicos de variación continua, asientos deportivos calefactados y ventilados, decoración en fibra de carbono, techo panorámico, sistema de sonido de 15 altavoces con subwoofer, y pantalla QHD de 16 pulgadas. Un Model Y con alma de misil balístico.
Y aquí vuelve a cobrar sentido la metáfora del diferencial: Tesla no construye una progresión continua, sino escalones pronunciados. Entre el Standard y el Premium RWD hay una delta de 10.000 € que no responde a pequeños detalles, sino a un cambio completo de atmósfera. Es, literalmente, una función discontinua en la curva del deseo: un salto de Newton a Dirac.
Por eso el Standard no solo existe, sino que incomoda. Porque cuesta casi 12.000 € menos que el rival más próximo, y aun así ofrece autonomía realista, carga rápida y acceso al ecosistema Tesla. Un coche que desactiva argumentos. O como diría cualquier director comercial de la competencia: una barbaridad innecesaria.

La opinión de Autofácil…
Probablemente, y a estas alturas, ya hemos opinado demasiado, pero nos reafirmamos: este SUV eléctrico de 39.990 € coloca un listón muy duro para el resto de fabricantes. No viene pelado, ofrece autonomía seria, equipamiento funcional y desembarca en un mercado en el que las versiones “super top” no es que arrasen. Muchos clientes ya solo esperan que el coche tenga ruedas, volante y capacidad de moverse sin dramas.
Y desde el punto de vista del departamento de Psy Ops (Operaciones Psicológicas), el golpe es duro. Si valoras precios “a bulto”, sin un análisis sesudo, la realidad es cruda: rivales como el Leapmotor C10, el Skoda Enyaq o el BYD Seal U ofrecen autonomías de unos 420 km WLTP, frente a los 539 km del Model Y. Súmale el interfaz Tesla, la planificación de rutas impecable y el acceso a los Superchargers, y el resultado es simple: nuevo (y enésimo) jaque al mercado eléctrico. Y lo más irónico de todo: lo han conseguido sin necesidad de sacar un compacto.
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