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Probamos el Aston Martin DBS Superleggera

Publicado el miércoles 17 de octubre de 2018
Probamos el Aston Martin DBS Superleggera

El DBS Superleggera reemplaza al Vanquish S y pretende ser la epítome de todo lo que representa Aston.

¿Qué podría mencionarte para captar tu atención sobre el DBS Superleggera? ¿Por ejemplo que tiene un motor que entrega 900 Nm de par desde 1.800 rpm? Suponía que eso bastaría... Porque sí, el DBS es un DB11 puesto de esteroides tanto en términos dinámicos como estéticos. Pero, teniendo en cuenta lo indiferente que nos dejó el DB11 V12 –actualmente reemplazado por el moderadamente mejorado DB11 AMR–, la idea de que Aston Martin haya mejorado su producto hasta el punto de convertir al DB11 en un coche capaz de disputar el trono de los hiperdeportivos de motor delantero a un modelo como el cabreadísimo Ferrari 812 Superfast parece un poco difícil de creer.

Aston ha desempolvado la vieja denominación Superleggera porque el DBS emplea una carrocería de paneles de fibra de carbono montados sobre el chasis de aluminio, imitando –en espíritu– a modelos como el DB5, construidos con paneles de aluminio montados sobre un chasis tubular. Respecto del DB11 AMR, el empleo de una carrocería de carbono contribuye a aligerar el coche en 25 kilos. Sin embargo, con un peso de 1.770 kilos en vacío, la denominación de ´superligero´ no hace mucho honor a la verdad.



Con su enorme calandra delantera dispuesta a engullir todo lo que se le ponga por delante, y un montón de mejoras aerodinámicas, el DBS tiene una apariencia amenazadora... además de ser capaz de generar unos aprovechables 180 kg de apoyo aerodinámico cuando circula a los 340 km/h de velocidad punta homologada. Aunque lo más llamativo de todo es su tamaño. No importa por dónde lo mires: con un inmenso capó delantero, parece un enorme Goliath rodante.

El inconveniente de estas proporciones mitológicas es práctico: con el asiento en la posición más baja apenas puedo ver dónde termina el capó? no digamos ya intuir con precisión dónde acaba el coche. Y aunque su aspecto de hiperdeportivo es uno de sus atractivos, la combinación entre grandes dimensiones y la enorme incertidumbre sobre por dónde están pasando las ruedas delanteras complica todo a la hora de exprimir las prestaciones del coche en carreteras de montaña.

El uso masivo de la Alcántara en el interior le brinda un aspecto lujoso, pero echo en falta el dramatismo de los Aston de antaño... incluso si, tal como ocurre, todo lo relacionado con el interfaz con el usuario funciona mejor en los actuales.



Una cifra oficial de aceleración de 0 a 100 km/h de 3,4 segundos da a entender que se trata de un coche bastante rápido, aunque lo que te deja abrumado es el suave e inacabable empuje que ofrece a medio régimen. Para hacernos una idea, los 160 km/h llegan tras 6,4 segundos... y eso es sólo una décima más lento que un McLaren F1.

Al volante, resulta inmediatamente evidente que el DBS es un coche muy diferente al Ferrari 812 Superfast. Mientras que el Ferrari cuenta con el motor de un hiperdeportivo y es tan hiperactivo y exigente como cualquier superdeportivo radical de motor central, el Aston es un producto más convencional, con un cambio que te mima y una suspensión que, al menos sobre el asfalto impecable de las carreteras austriacas de la presentación, parece bastante aplomada y absorbente. Podrías conducirlo durante todo el día y parte de la noche sin llegar a cansarte.

Por supuesto, también puedes ´darle caña´. Dispones de los tres modos habituales para el motor y el cambio, más otros tres para la amortiguación adaptativa Shyhook. Con todo en la posición más confortable, el DBS se comporta de manera recatada, y sólo comienzas a echar en falta más control del movimiento de la carrocería para no percibir claramente cómo se escora la masa del coche hacia un lado cuando la carretera se vuelve exigente. Pasar del habitual modo GT al Sport proporciona una respuesta del acelerador más entusiasta y un montón más de ruido, incluido ese petardeo que de un tiempo a esta parte se ha vuelto imprescindible en cualquier deportivo que se precie.



El tacto es muy parecido al del DB11 y el Vantage –algo que no debe sorprendernos, ya que los componentes mecánicos principales y su ubicación son similares–; sin embargo, la puesta a punto de aquellas pequeñas piezas que marcan la diferencia –como los casquillos o los componentes internos de los amortiguadores– dota al DBS de una personalidad que cae un poco entre la de ambos vehículos. En cuanto a la dirección, aún no estoy muy seguro de que me guste que sea tan directa, porque requiere tratarla con mesura si no quieres que el coche acabe girando de más... aunque la parte positiva es que tiene el grado de asistencia correcto y resulta muy informativa.

Donde el DBS lo pasa un poco mal es en aquellas circunstancias en las que la suspensión trasera está muy cargada, un defecto que también percibimos cuando probamos el Vantage. La trasera del DBS no realiza movimientos verticales tan grandes, pero aún permanece esa sensación peculiar del eje trasero pivotando en direcciones aparentemente aleatorias, minando tu confianza. Por supuesto, una suspensión relativamente blanda favorece mucho la motricidad... pero a ratos puede resultar un poco irritante.



En cuanto a los frenos carbocerámicos, proporcionan una potencia impecable combinada con un buen tacto de pedal, mientras que la caja de cambios hace todo lo posible por estar a la altura de las prestaciones. Como ocurre siempre que se monta una caja de convertidor en un coche de altas prestaciones, el resultado es una suavidad exquisita durante una utilización convencional y un funcionamiento menos brillante cuando los cambios se realizan cerca del corte de inyección.

En definitiva, el DBS bien podría ser el Aston más coherente de los tres que ha lanzado la marca recientemente. Y más le vale, porque cuesta la friolera de 290.000 euros. Pero, combinando de forma inteligente las cualidades más destacables del resto de productos del catálogo, Aston ha conseguido dar con la receta secreta de una salsa realmente espectacular.



Ficha técnica del Aston Martin DBS Superleggera

Motor 12 cilindros en V, 5.204 cc, biturbo
Potencia 725 CV a 6.500 rpm
Par 900 Nm de 1.800 a 5.000 rpm
Largo / ancho / alto 4,71 m / 1,96 m / 1,28 m
Velocidad máxima 340 km/h
0-100 km/h 3,4 segundos
Consumo mixto 12,3 l/100 km
Emisiones CO2 235 g/km
Peso 1.770 kg
Cambio Automática de convertidor, 8 velocidades
Tracción Trasera con autoblocante
Precio 290.000 euros

 
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