La carga ultrarrápida se ha convertido en uno de los grandes argumentos de venta del coche eléctrico. Promesas de pasar del 20% al 80% en apenas 30 minutos y seguir el viaje. Pero hay una cara menos visible: abusar de potencias superiores a 100 kW puede acelerar el desgaste de la batería.
Un estudio realizado sobre 22.700 vehículos eléctricos pone cifras reales a una sospecha habitual entre conductores: cuanto más recurras a la carga ultrarrápida, antes perderá capacidad tu batería. Ahora bien, el contexto es clave.
El umbral de los 100 kW: aquí empieza el problema
Los datos muestran una diferencia clara según el tipo de uso:
- Si la carga rápida supone menos del 12% de las recargas totales, la degradación media es del 1,5% anual.
- Cuando supera ese 12%, la pérdida sube a 2,5% anual.
- En los casos más intensivos puede alcanzar el 3% cada año, prácticamente el doble que en un coche que carga en corriente alterna o baja potencia.
La explicación está en la propia química de la batería. A potencias muy elevadas, el proceso de carga es más agresivo y puede provocar lo que se conoce como lithium plating: parte del litio se deposita de forma incorrecta en el ánodo, reduciendo progresivamente la capacidad útil.
En pocas palabras: cargar muy rápido, muy a menudo, pasa factura.

¿Significa eso que la batería se “muere” pronto?
No. Y aquí es donde conviene evitar alarmismos.
Las baterías actuales siguen mostrando una buena resistencia con el paso del tiempo. La degradación media observada ronda el 2,3% anual. Después de ocho años de uso, la capacidad media se mantiene en torno al 81,6%, y en los casos más expuestos a carga ultrarrápida baja hasta el 78%.
Son cifras que siguen por encima del 70%-75% que suelen garantizar los fabricantes. Es decir, la batería pierde capacidad, sí, pero de forma progresiva y dentro de márgenes asumibles.

El calor y el frío también influyen (y mucho)
La potencia no es el único factor. En climas donde la temperatura media supera los 25 ºC, la degradación puede aumentar alrededor de un 0,4% adicional al año.
En el extremo contrario, realizar cargas rápidas con temperaturas bajo cero sin que la batería esté preparada puede generar daños estructurales permanentes. Por eso los sistemas de preacondicionamiento térmico son tan importantes.
La clave está en el equilibrio
La carga ultrarrápida es imprescindible en viajes largos y aporta una comodidad enorme. El estudio también desmonta otro mito: cargar ocasionalmente al 100 % no es perjudicial. El problema aparece cuando los extremos y las cargas de alta potencia se convierten en rutina diaria.
Conclusión para el conductor medio: usa la carga ultrarrápida cuando la necesites, pero no la conviertas en tu forma de habitual de recargar. Porque sí, puede acortar la vida de tu batería… aunque no tanto como se piensa.
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