Durante años, la narrativa en el sector automovilístico ha sido constante: mientras los fabricantes occidentales luchan con problemas de software y llamadas a revisión, China avanza imparable con productos tecnológicamente superiores y, aparentemente, libres de fallos. Sin embargo, la realidad acaba de golpear con fuerza a uno de los gigantes tecnológicos más admirados del mundo. Xiaomi, en su ambiciosa entrada al mercado de los coches eléctricos, se enfrenta a una crisis de reputación y seguridad que demuestra que los problemas de fiabilidad y diseño no entienden de fronteras.
La presión mediática y social se ha disparado para que Lei Jun, CEO de la marca, ordene la retirada inmediata y revisión de aproximadamente 370.000 unidades de su modelo estrella, el SU7. Lo que se vendió como una revolución sobre ruedas podría esconder una trampa mortal.

Un diseño «premium» que se convirtió en una jaula
El detonante de esta crisis no es un fallo de mecánico ni una batería defectuosa, sino una decisión de diseño donde la estética venció a la funcionalidad. Un informe forense reciente, a raíz de un accidente ocurrido en octubre con un SU7 Ultra, ha sacado a la luz un defecto “mortal”.
El siniestro involucró a un conductor que, bajo los efectos del alcohol, chocó a 167 km/h. Sin embargo, el informe médico es contundente: el impacto no fue la causa de la muerte. El conductor falleció atrapado en el incendio posterior porque el vehículo se convirtió en una jaula de acero imposible de abrir desde el exterior.
El problema reside en las manetas de las puertas, totalmente motorizadas y enrasadas (escondidas en la carrocería para mejorar la aerodinámica). Al producirse la colisión, el sistema eléctrico de bajo voltaje falló, inutilizando el mecanismo de apertura. Sin un sistema mecánico de emergencia accesible desde fuera, los transeúntes no pudieron rescatar al ocupante, que pereció ante la impotencia de los testigos.
La respuesta de Xiaomi
Este incidente ha destapado que los fabricantes chinos también cometen errores graves de concepto. A diferencia de un fallo de software, que se puede solucionar con una actualización remota, este es un defecto físico y estructural.
La reacción de Xiaomi no se ha hecho esperar, como viene siendo habitual en cualquier fabricante también occidental. Así, esta marca china ha detenido la producción de la primera versión en febrero para introducir un nuevo modelo que sí incluye manijas mecánicas de emergencia. El destino de los miles de coches ya entregados es una incógnita, generando ansiedad entre los propietarios actuales. Las autoridades chinas han tomado cartas en el asunto. A partir de 2027, se prohibirán los sistemas de apertura que carezcan de apertura mecánica, admitiendo tácitamente el peligro de estas innovaciones.
Este caso marca un punto de inflexión. Demuestra que la inexperiencia en el sector automovilístico se paga caro, independientemente de si el fabricante es americano, europeo o chino. Xiaomi, un gigante en la telefonía, está aprendiendo a la fuerza que un coche no es un smartphone con ruedas; un error aquí no se arregla reiniciando el dispositivo, sino que puede costar vidas.
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