En el debate sobre baterías para coches eléctricos, las LFP (litio-ferrofosfato) y las NMC (níquel-manganeso-cobalto) están enfrentadas. Muchos aseguran que las LFP son superiores, pero pocos explican el porqué. En este análisis profundizamos en la física y química de cada tecnología, usando como referencia la Blade Battery de BYD, una de las soluciones LFP más avanzadas del mercado.
Ciclos de vida y degradación
Una de las grandes diferencias está en la estructura cristalina. Las NMC emplean óxidos de níquel, manganeso y cobalto con una estructura en láminas planas que se expande cada vez que el litio entra y sale del cátodo. Este movimiento repetido provoca estrés mecánico, degradando la batería más rápido y reduciendo su vida útil.
Por su parte, las LFP utilizan óxidos de hierro y fósforo en una estructura tridimensional tipo olivino, mucho más estable. Esto permite que soporten más ciclos de carga / descarga y que la degradación sea menor, incluso si permanecen cargadas al 100% durante largos periodos.

Coste y materiales
El precio es otro factor clave. Los materiales de las NMC (destacando el cobalto) son caros y sensibles. En cambio, el hierro y el fósforo de las LFP son abundantes, más baratos y fáciles de conseguir. Además, la fabricación de cátodos LFP no requiere niveles de pureza tan estrictos ni sistemas de gestión térmica tan complejos, lo que reduce el coste por kWh y simplifica la ingeniería de los vehículos.
Seguridad y thermal runaway
La seguridad es un punto donde las LFP brillan. Los enlaces metal-fósforo son muy estables, y su menor tensión de operación reduce el riesgo de thermal runaway. Pruebas prácticas como el nail penetration test de BYD muestran que, al perforar una celda LFP, la reacción térmica es mucho más controlada que en una NMC, reforzando su reputación como baterías más seguras.

Primeras conclusiones
La Blade Battery de BYD ejemplifica por qué las LFP están ganando protagonismo: ofrecen mayor durabilidad, menor coste y mayor seguridad sin sacrificar el rendimiento. Comprender la química y la física detrás de cada tipo de batería ayuda a los usuarios a tomar decisiones informadas y a confiar en que la tecnología LFP no es solo una moda, sino una alternativa sólida y confiable para los coches eléctricos.
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