Hago esta reflexión porque verdaderamente nunca he creído que sirvan para mucho, aunque con matices. Soy más de la opinión de que un buen motor y un buen chasis no necesitan artificios electrónicos para sentirse mejor. Pero hay veces que esos modos son útiles.
Normalmente, los modos de conducción aplican variaciones muy leves, a veces incluso imperceptibles, sobre elementos que tienen una parte electrónica, como es el pedal del acelerador o la dirección. Que el acelerador ya no sea por cable y que la dirección tenga asistencia eléctrica y no hidráulica habilita eso.
Lo estándar, por así decirlo, es que haya un modo de conducción ECO, que es el más ahorrador, uno Normal, que es el que se activa por defecto y uno Sport que es el que ‘tensa’ un poco la respuesta de la dirección y del acelerador. Si además el coche está equipado con suspensión adaptativa, que de nuevo tiene una parte electrónica, también se modifica su firmeza.
Rizando el rizo
Sin embargo hay coches más sofisticados que añaden modos de conducción adicionales, incluyendo uno personalizable, que es el que permite seleccionar un modo de conducción diferente para cada elemento ajustable. Es decir, puedes llevar el motor en ‘modo normal’ y la suspensión o la dirección en su programa más deportivo.
¿Sirven para algo los modos de conducción? Yo diría que en coches normales, los que normalmente ves por la calle, no tienen una utilidad diferencial. Es posible que en modo ECO reduzcan el consumo a base de quitarle sensibilidad al acelerador, pero en un margen tan pequeño que ni notarás. O lo notarás poco. Y también es posible que en un programa Sport sientas un poco más de agrado en el tacto de la dirección porque se endurece mínimamente, pero de nuevo hablamos de una diferencia poco perceptible.
Sin embargo, en coches deportivos, en esos en los que la dinámica de conducción sí tiene un papel crucial, los modos de conducción son mucho más complejos y mucho más protagonistas. Es el caso de coches como el BMW M5 o el Mercedes-AMG GT 55 que probamos recientemente. En estos vehículos puedes tocar hasta el tacto del freno o el reparto de tracción.
Es en estos coches en los que puedes verdaderamente sacarle un partido que merezca la pena a los modos de conducción, aunque hay tanto que puedes variar que necesitas unos cuantos kilómetros para encontrar tu configuración favorita.
Pero en nuestros coches normales…
En los coches normales, para mí los modos de conducción son puro artificio. Es cierto que los uso, selecciono el programa ECO cuando voy por ciudad o a baja velocidad y el modo deportivo cuando las condiciones me permiten disfrutar un poco, pero soy consciente de que no es algo que aporte nada definitorio.
Es más, estos modos de conducción ‘básicos’ por así llamarlos son puro software, tan baratos y relativamente fáciles de implementar que suelen formar parte del equipamiento de serie más como medallita que como algo realmente útil. Bajo mi punto de vista, los modos de conducción pueden ser útiles en coches de alto rendimiento, pero no tanto en los ‘normales’.
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