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Nuevo Suzuki S-Cross 2022 1.4 4×4 S3: primera prueba

Suzuki S-Cross 2022
Nuevo Suzuki S-Cross 2022 1.4 4×4 S3: primera prueba
Enrique Espinós
Enrique Espinós
El renovado Suzuki S-Cross mantiene su único motor gasolina microhibridado de 129 CV, pero renueva su aspecto y suma más equipamiento tecnológico y de seguridad.

Desde su lanzamiento en 2014, el S-Cross se ha convertido en un superventas de la marca nipona; así, ha vendido más de 650.000 unidades (310.000 de ellas en Europa). En 2016, ya tuvo un restyling y, ahora, Suzuki lanza la segunda renovación de este modelo.

Lo único que no varía en el último S-Cross es su motor 1.4 gasolina con microhibridación y 129 CV, ahora más eficiente y el único disponible tanto para las versiones con tracción delantera como para las 4×4. En el plano estético este S-Cross tiene un aspecto más robusto gracias a los cambios en su frontal (nueva parrilla, faros led más afilados…) y en su zaga, con nuevos pilotos y paragolpes.

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En el interior las modificaciones son mínimas; por ejemplo, los aireadores centrales quedan por debajo de la pantalla multimedia, que pasa a ser de 7 ó 9″, según acabado.

El S-Cross no es barato; la versión 4×2 S1 cuesta 24.945 euros y, por ejemplo, un Kia Sportage 1.6 GDi de 132 CV, desde 21.550 euros. Sin embargo, este Suzuki ofrece la etiqueta Eco, y desde el acabado básico lleva mucho equipamiento: control de crucero adaptativo, retrovisores calefactados, cámara trasera, llantas de 17″…

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El Suzuki S-Cross por dentro: práctico y bien hecho

Con 4,30 Metros de largo, el S-Cross es más grande que la mayoría de SUV urbanos (un Seat Arona mide 4,18 m) y se acerca a los SUV compactos (un Nissan Qashqai, 4,42 m). Por eso, el S-Cross resulta cómodo para cuatro ocupantes de 1,80 m de altura.

Sus plazas traseras destacan por el espacio para las piernas, pero no por anchura (la plaza central, para un niño) ni por altura. Desde el acabado S2, los asientos traseros ofrecen dos inclinaciones para el respaldo, pero en cualquiera de ellas los pasajeros de más de 1,80 m pueden rozar con el techo.

Los plásticos de este Suzuki son, en su mayoría, duros y no muy vistosos; pero están bien ajustados. Todos los mandos quedan a mano; excepto el que cambia la información del ordenador, situado tras el volante y dentro del cuadro de instrumentos.

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Por su parte, su maletero, resulta algo justo. Con 430 litros, queda por detrás de la capacidad media del de los SUV compactos (aprox. 490 L). Pero tiene formas regulares, toma de 12V y prácticos ganchos y asas para sujetar objetos. Además, todos los S-Cross equipan un kit reparapichazos bajo el piso del portaequipajes.

¿Cómo va en marcha?

Este S-Cross recurre a la misma plataforma del primer modelo, el de 2013. Por eso, sigue siendo un coche fácil y agradable de conducir en el día a día.

Su motor gasolina, de cuatro cilindros turbo, ofrece una respuesta suficiente, suave y homogénea desde 1.600 rpm (entrega 235 Nm a 2.000 rpm). Es más que suficientes para mantener ritmos ágiles en cualquier terreno, aunque, en algún repecho, tendrás que reducir alguna marcha.

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A cambio, su consumo no es especialmente elevado y, durante nuestra prueba (por carreteras secundarias de montaña a un ritmo ágil), gastó en torno a 7,2 litros/100 km.

El S-Cross tiene una amortiguación tirando a firme, aunque su suspensión podría controlar mejor los movimientos de la carrocería. Su dirección resulta precisa, pero también asistida en exceso. Los frenos resultan adecuados por potencia y el cambio, por tacto.

Fuera de asfalto, hay que tener en cuenta que el S-Cross ofrece 17,5 cm de altura libre al suelo y, en las versiones 4×4, cuenta con un sistema de tracción total conectable (con cuatro modos de conducción). Así, este sistema sí ofrece un plus de tracción y seguridad en caminos y terrenos resbaladizos.

 

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