El GLP (gas licuado del petróleo) se ha consolidado como la opción más racional para quien busca un coche de combustión barato de usar, pero sin renunciar a la etiqueta ECO y a una gran autonomía. Según nos explica Sergio de la Torre, project director GLP en Renault Group, es verdad que el consumo de combustible aumenta «un 9% de media», pero la diferencia por litro compensa sobradamente: el usuario y «acaba ganando unos 0,5 euros por litro cada vez que llena».

“No hay tecnología mejor económica y ecológicamente que el GLP”
La gran singularidad de Dacia es que esa tecnología no tiene sobreprecio. «Proponemos al mismo precio el vehículo con combustión normal y el GLP», afirma de la Torre. Para la marca, el GLP no es un extra, sino una alternativa de serie. El motivo es estratégico: el GLP emite menos CO₂, unos 910 g/km menos, y los fabricantes se enfrentan a fuertes presiones y sanciones ligadas a las emisiones medias de sus gamas. Cada gramo de CO₂ que se recorta cuenta, y ese beneficio regulatorio se traslada al cliente en forma de precio.
De la Torre ilustra este impacto fiscal con un ejemplo concreto: «Si compras un Bigster gasolina y un Bigster GLP, el GLP está en 113-114 g/km, por debajo de 120 g/km, y eso implica un 0% de impuesto de matriculación, frente al 4,75% de un coche que emite entre 120 y 160 g/km. Y ese impuesto lo paga el cliente».
A esa ventaja económica se añade la autonomía combinada. Al montar un depósito de gasolina y otro de GLP, los modelos de Dacia alcanzan hasta 1.500 kilómetros de autonomía teórica sin repostar. El uso real es simple: el coche circula principalmente en GLP y, cuando el depósito se agota, conmuta a gasolina automáticamente -también funciona en gasolina solo en el arranque y hasta que el motor alcanza una temperatura mínima-. El conductor no tiene que hacer nada. «Puedes venir desde Madrid hasta París sin haber echado ni un litro», resume De la Torre.

Pero no todo son ventajas. De la Torre reconoce tres inconvenientes principales: la ausencia de rueda de repuesto, la existencia de un filtro adicional que se sustituye en las revisiones —aunque «con el mismo kilometraje que en gasolina»— y una red de estaciones de servicio más limitada. En España hay unas 900 estaciones que suministran GLP, frente a una densidad media europea de una de GLP por cada cinco o seis de gasolina. En función de la zona, el usuario debe planificar mínimamente sus repostajes.
Con todo, el balance es apabullante. Los datos internos de Dacia muestran que el cliente que prueba el GLP difícilmente vuelve atrás. «La persona que compra una GLP renueva al 94%», asegura de la Torre. Y lo hace con una conclusión rotunda: «No hay ninguna tecnología mejor económica y ecológicamente que el GLP». Y esto no solo lo dice Sergio de la Torre: el 86 por ciento de usuarios del Dacia Sandero -coche más vendido en España de largo-, eligen la fórmula del GLP. Un último hecho: solo con las ventas del Dacia Sandero GLP hasta noviembre -sin incluir resto de versiones-, habría sido líder de mercado total 2025 frente a resto de competidores con sus gamas completas.
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