La mayor guerra tecnológica del automóvil acaba de cruzar una línea roja: en solo unas semanas, EE.UU. empezará a cerrar su mercado a cualquier coche conectado con software chino o ruso en su interior, obligando a rediseñar desde el “cerebro” electrónico hasta la estrategia global de decenas de fabricantes.
China no solo exporta coches baratos o tecnología. También exporta ambición por ser el fabricante chino más grande, poderoso e influyente. BYD y Geely son dos buenos ejemplos.
El mercado y el usuario francés, los más cercanos al español por oferta, gustos y peso de los fabricantes tradicionales, ponen el foco en una variable clave para el comprador: la fiabilidad.
Audi integra EasyPark y Ryd en su sistema multimedia para pagar combustible, aparcamiento y recarga eléctrica directamente desde la pantalla del coche, sin smartphone.
Desde un poquito más de 30.000 euros puedes hacerte con un nuevo Peugeot 408 con etiqueta ECO. Y por un poco más de 40.000 euros, eléctrico o híbrido enchufable.
La nueva plataforma SPA3 de Volvo permitirá fabricar eléctricos más bajos y aerodinámicos, abriendo la puerta al regreso de modelos como el S60 y V90 en versión 100% eléctrica.
El Citroën C3 Aircross Hybrid es uno de los SUV híbridos más asequibles con etiqueta ECO y, tras más de 1.000 km, confirma algo raro: prioriza el confort… pero también las prestaciones.
Un nuevo sistema de recuperación térmica de Mahle aprovecha la energía del aire que sale del habitáculo para precalentar el que entra. La consecuencia directa es menos demanda de calefacción, hasta un 20% menos de consumo y varios kilómetros extra de autonomía cuando más se necesitan.