Hay coches que buscan llamar la atención desde el diseño rupturista o agresivo y coches que quieren captar la atención desde el refinamiento de una línea ya de por sí elegante. El nuevo Mazda CX-5 pertenece a la segunda categoría. En su presentación dinámica, nos ha quedado claro que Mazda no ha querido romper con el pasado, sino afinarlo. Evolucionar sin traicionar una fórmula que, desde 2012, ha convertido al CX-5 en su pilar en Europa. Veamos si el fin justifica los medios.

Diseño evolutivo para el Mazda CX-5
Estéticamente es una evolución muy medida. Las formas siguen siendo fluidas, redondeadas, limpias, sin aristas innecesarias, pero todo muy contemporáneo. El lenguaje Kodo se ha depurado, pero no dramatizado. No busca epatar en el retrovisor, sino convencer en el día a día. Y eso, en un segmento saturado de líneas agresivas y falsos músculos, tiene su mérito. Otros apuestan por hacer naves espaciales, Mazda prefiere conectar emocionalmente sin intimidar. Y esto funciona en el cliente europeo.
Crece en lo justo para reforzar su papel familiar. Con una longitud que ronda los 4,7 metros y una batalla aumentada en 11,5 cm, el espacio trasero es uno de sus argumentos donde más se gana. Con 1,80 m de estatura, viajé detrás con holgura tanto para rodillas como para la cabeza. Incluso alguien cercano a dos metros de altura lo podría hacer con similar confort. Además, las puertas abren prácticamente a 90 grados, un detalle práctico que facilita el acceso de manera notable. El portón trasero es más grande y la boca de carga queda más baja, mejorando la ergonomía en el uso cotidiano. Además, esa mayor longitud influye en más maletero, 61 litros más que antes, con un cubicaje de 583 litros.

Cómo va el nuevo Mazda CX-5: confort primero, carácter después
El nuevo Mazda CX-5 evoluciona también en su planteamiento dinámico. Y esta evolución es más buscando clientela que especializándola. Suspensión más “familiar”, menos dura, no tan efectiva. El resultado es un SUV más equilibrado, más cómodo y con una excelente calidad de rodadura, especialmente en autopista. Cuando el trazado se retuerce no resulta torpe, pero inclina más y reacciona con menos inmediatez que antes. Coche mucho más generalista… La dirección sigue siendo precisa y la frenada mantiene buen tacto.
Mecánicamente solo hay un 2.5 atmosférico microhíbrido de 141 CV, con cambio automático de seis marchas y etiqueta ECO. Ofrece más par a bajo y medio régimen que el anterior 2.0 de 165 CV, pero menos empuje en la zona alta -ha perdido 25 CV de potencia-. No esperes una aceleración fulgurante -0-100 en10,5 s-. Consumos homologados de 7 litros para la versión de tracción delantera –en nuestro recorrido de pruebas, aplicando conducción suave, hemos marcado 6,8 litros-. Como habrás barruntado por todo lo que te venimos contando: Más burgués, menos “canalla”. Un CX-5 pensado para viajar cómodo en familia.

Interior CX-5: luces y sombras en la era digital
El habitáculo transmite calidad general, aunque hay algunas sombras. Hay plásticos duros en zonas visibles que desentonan en un coche que aspira a posicionarse como alternativa refinada dentro del segmento. No es un problema estructural, pero sí una sensación mejorable.
La nueva pantalla central digital -12,9 o 15,6 pulgadas, según acabados- concentra prácticamente todas las funciones, eliminando la botonería física tradicional para volumen y climatización. Personalmente, no me convence. Obliga a apartar la vista y añade un paso extra en operaciones cotidianas. La ergonomía clásica de Mazda era uno de sus puntos fuertes; aquí se ha sacrificado parte de esa intuición en favor de la tendencia digital. Claro que yo soy viejuno y demasiado analógico. La clientela a la que se dirige, seguro que lo entiende de otra manera. Solo hay botón físico para el aviso de emergencia y desempañado de lunetas. Eso sí, el funcionamiento del sistema de infoentretenimiento, excelente.
Precio: menos de 30.000 €, argumento definitivo
Y luego está el precio. En un mercado donde el segmento C-SUV ha escalado claramente por encima de los 35.000 euros en muchas versiones equivalentes, encontrar un Mazda CX-5 desde 29.995 euros es, sencillamente, un golpe sobre la mesa. Precio cañón-cañón para un coche equilibrado, espacioso y confortable. Es verdad que este precio es con descuento promocional de 4.205 euros y financiando -1.000 euros más-, pero ahí está. Las tarifas oficiales sin descuentos estarían entre 35.200 y 41.780 euros para las variantes 2WD -acabados Prime, Centre, Exclusive y Homura-. Las variantes de tracción total, 2.000 euros más y sin posibilidad de acabado Prime.
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