Nos apoyamos en datos del ADAC alemán (el RACE o RACC germano, para entendernos) a partir de su gran comparativa de costes primavera/verano 2026, con 1.183 modelos nuevos analizados bajo un mismo escenario: 5 años y 75.000 km (15.000 km/año). El informe desglosa el coste total en cuatro bloques: depreciación, costes de uso (combustible/energía), costes fijos (seguro, impuesto, etc.) y taller/neumáticos. Lógicamente no te vamos a dar datos al céntimo por diferencias de precios con nuestro país en todos los parámetros medibles y analizables. Pero sí vamos a extraer conclusiones perfectamente aplicables a nuestro mercado y a tu compra.

La depreciación, lo que más resta…
En la práctica, lo que más «pesa» en la mayoría de coches es la depreciación (lo que pierde el coche desde que sale del concesionario). El ADAC lo dice sin rodeos: es, normalmente, la partida más grande del coste mensual.
En España, aunque cambien los precios de combustibles, la prima del seguro o la mano de obra del taller, la lógica es la misma. Porque la depreciación depende sobre todo de tres cosas: precio de compra, demanda en el mercado de segunda mano y cómo evoluciona la tecnología (especialmente ahora con electrificación, etiquetas y restricciones urbanas). Es decir: aunque gastes poco durante la vida útil contigo, si compras caro y vendes barato, el coche «sale caro».
Y el trabajo realizado por el ADAC lo ilustra bien: hay modelos donde el coste de uso está relativamente controlado, pero el coste total se dispara por la caída de valor. Y al revés: coches modestos pueden no ser los más frugales en carretera, pero su coste total queda contenido por una depreciación menor y una estructura de costes fijos más racional. Así, en Alemania, por ejemplo, aparecen utilitarios y modelos asequibles con costes por kilómetro muy competitivos (casos como Dacia Sandero o Fiat 500 Hybrid en sus versiones básicas), mientras que berlinas o SUV premium se disparan, aunque no sean «tragones» en términos relativos.
Tres ideas prácticas para el comprador español
Elige versiones vendibles. Un acabado exótico o una motorización rara puede penalizar mucho el valor futuro. A veces, la versión «intermedia» es la que mejor se revende.
No mires sólo l/100 km: mira €/año y valor residual. Un coche que ahorra 200–300 € al año en combustible puede perder mucho más por depreciación si se compra caro.
Los costes fijos importan más de lo que parece. Seguro, impuestos municipales, neumáticos y mantenimiento pueden igualar la partida energética en coches de uso normal.
El titular, al final, es claro: la gasolina no suele ser el mayor gasto. Y si el mercado español sigue encareciendo el coche nuevo (precio y financiación), entender el coste total será cada vez más importante que obsesionarse con el consumo homologado.
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