Tener un punto de recarga propio es muy cómodo cuando tienes un coche eléctrico porque permite aprovechar las horas en las que el vehículo está aparcado. Pero antes de elegir el equipo conviene aclarar una cuestión importante: instalar más potencia no significa necesariamente cargar más rápido.
La velocidad de carga doméstica depende tanto de la instalación eléctrica como del cargador de a bordo del vehículo. Por eso, un punto de 22 kW puede ser innecesario si el coche solo admite 7,4 u 11 kW en corriente alterna. Revisar este dato antes de hacer la instalación puede evitar una inversión mayor de la necesaria.
7,4, 11 o 22 kW: qué potencia tiene sentido en casa
La mayoría de las instalaciones domésticas funcionan con corriente alterna. En una vivienda con suministro monofásico, una potencia habitual para un punto de recarga es 7,4 kW, aproximadamente 32 A a 230 V. Para alcanzar 11 o 22 kW se necesita normalmente una instalación trifásica: 11 kW se obtienen con unos 16 A por fase y 22 kW, con 32 A por fase.
La diferencia puede parecer importante, pero el límite real lo marca el elemento menos potente de la cadena. El cargador de a bordo convierte la corriente alterna que llega al coche en corriente continua para almacenarla en la batería. Si admite un máximo de 11 kW, conectarlo a un punto de 22 kW seguirá dando como máximo esos 11 kW.
Es fácil comprobarlo en modelos actuales. El Kia EV3 admite carga doméstica a 11 kW. El BYD ATTO 2 incorpora un cargador trifásico de 11 kW y el BYD Dolphin Surf también carga a un máximo de 11 kW en corriente alterna. En cambio, el Dacia Spring se queda en 7 kW. También hay modelos en los que el cargador de 11 kW es opcional y la configuración de serie queda limitada a 7,4 kW.
Por eso, antes de elegir un cargador para coche eléctrico conviene consultar en la ficha técnica del vehículo su potencia máxima de carga en corriente alterna, no confundirla con la carga rápida en corriente continua y valorar si se prevé cambiar de coche en los próximos años.
¿Cuánto cuesta instalar un punto de recarga?
No existe una tarifa oficial para instalar un cargador doméstico y el presupuesto varía según la vivienda. Como referencia de mercado, una instalación sencilla con equipo incluido suele situarse aproximadamente entre 900 y 2.000 euros. En garajes comunitarios, recorridos largos de cable o instalaciones que necesitan obra adicional, el coste puede acercarse a 1.500-3.000 euros.
El precio no depende solo del cargador. También influyen la distancia entre el cuadro eléctrico y la plaza, la longitud y sección del cable, las protecciones necesarias, la canalización, la mano de obra y las posibles perforaciones u obra civil. Un recorrido de varias plantas en un garaje comunitario puede encarecer bastante el trabajo frente a una vivienda unifamiliar con el cuadro cerca del coche.
También importa si la instalación es monofásica o trifásica. Pasar a trifásica únicamente para instalar un cargador de 11 o 22 kW puede implicar modificaciones adicionales y no siempre compensa, especialmente si el vehículo puede recuperar durante la noche la energía utilizada durante el día cargando a una potencia menor.
Para hacerse una idea, recuperar 40 kWh exigiría algo más de cinco horas a 7,4 kW en condiciones ideales y menos de cuatro horas a 11 kW. En la práctica existen pérdidas y la potencia puede variar, pero el ejemplo muestra por qué para muchos conductores la carga nocturna no exige una instalación de máxima potencia.
¿Hay que aumentar la potencia contratada?
Tampoco es obligatorio subir la potencia contratada cada vez que se instala un punto de recarga. Una vivienda puede tener una potencia contratada inferior a la capacidad máxima del cargador si el sistema limita la recarga cuando el resto de la casa necesita electricidad.
Aquí entra en juego la gestión dinámica de carga. Esta función utiliza un medidor para saber en tiempo real cuánto está consumiendo la vivienda y adapta automáticamente la potencia destinada al coche.
De esta forma se reduce el riesgo de superar la potencia contratada y, en muchos casos, se puede evitar contratar más kW únicamente para cargar el coche. El instalador debe valorar la potencia disponible, los consumos simultáneos y las necesidades reales de recarga.
La gestión energética resulta especialmente útil cuando la vivienda ya tiene placas solares. Algunos cargadores inteligentes pueden medir el consumo de la casa y la producción fotovoltaica para dirigir al coche la energía solar sobrante. Dependiendo del equipo y de la configuración, es posible cargar solo con excedentes o combinar esa producción con energía de la red.
En definitiva, elegir un punto doméstico no consiste en buscar automáticamente la cifra de kW más alta. Lo más práctico es cruzar tres datos: la potencia que admite el coche en corriente alterna, la instalación eléctrica disponible y el tiempo que permanece aparcado.
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