Nuevamente el césped impecable del campo de golf The Lodge en Pebble Beach (Monterey, Estados Unidos) ha sido el lugar elegido para que el mundo del automóvil clásico señale a su nuevo rey. El Best of Show del 75º Pebble Beach Concours d’Elegance (2026) ha sido para un Duesenberg SSJ Special Speedster de 1935, una de esas piezas únicas que más que poseerse, se custodian: solo se fabricaron dos SSJ, y éste, además, fue originalmente propiedad de Clark Gable. El coche ha sido presentado por el coleccionista Harry Yeaggy (Cincinnati, Ohio) en una edición que reunió 218 vehículos (185 desde Estados Unidos y 33 desde fuera de las fronteras del país norteamericano).
Un coche único. Solo dos unidades, una para Clark Gable
El jurado ha premiado una mezcla casi imposible de repetir: importancia histórica, rareza extrema, presencia escénica y una historia con olor a celuloide. El comunicado oficial del Concours lo subraya: el SSJ ofrece estilo y prestaciones, y remata con «un fantástico trasfondo hollywoodiense». No es retórica. En 1935, Duesenberg atravesaba tiempos difíciles: la Gran Depresión había golpeado incluso a las marcas más aspiracionales, y la compañía necesitaba un golpe de efecto. El presidente E. L. Cord ideó entonces una estrategia tan audaz como desesperada: fabricar dos «súper coches» exclusivos, casi de exhibición, y colocarlos en manos de las mayores estrellas de Hollywood para lograr publicidad gratuita, deseo instantáneo y, con suerte, ventas.

Así nació este Duesenberg SSJ: el músculo del SJ —ocho cilindros en línea con supercargador—, llevado a una especificación espectacular y montado sobre un chasis especial recortado (125 pulgadas). Con carrocería LaGrande, el resultado era pura arrogancia mecánica para la época: un coche capaz de humillar a casi cualquier rival en suelo americano, tanto por velocidad como por presencia. Y, como en todo buen guion, hubo reparto protagonista doble: el chasis 2594, en gris bicolor, fue para Gary Cooper; el chasis 2595, en laca negra con interior marrón claro, para Clark Gable.
La leyenda creció en Los Ángeles a golpe de boulevard. Cooper y Gable, ambos entusiastas de la velocidad, competían informalmente, alimentando el mito de que aquellos Duesenberg eran los coches personales de los dos galanes. Pero el detalle que vuelve aún más cinematográfica la historia es el giro de guion: Gary Cooper se enamoró del suyo y lo compró a precio de coste (unos 5.000 dólares de la época). Gable, en cambio, lo devolvió tras aproximadamente seis meses en régimen de préstamo. Después, Duesenberg vendió este chasis 2595 a Georgie Stoll, director musical asociado a los estudios MGM. El SSJ siguió viviendo, cambiando de manos y, con el tiempo, quedando en la penumbra de una colección familiar durante más de seis décadas.
Cómo es el ganador de Pebble Beach 2026
Pero para ganar Pebble Beach hace falta algo más que un pasado brillante: se necesita exactitud, rigor, restauración impecable…. Su actual poseedor, Harry Yeaggy, adquirió el coche hace tres años y, para llegar al 75º aniversario del Concours como candidato real, el SSJ fue sometido a una restauración con mentalidad forense: desmontado hasta el chasis e investigado al milímetro para recuperar su presentación original. Los restauradores localizaron muestras de cuero y fragmentos de pintura ocultos cerca del mamparo del motor, y devolvieron el coche a la configuración que lució con Gable: acabado en laca negra y un interior de cuero en tono saddle claro. En Pebble Beach, esa fidelidad se ve. Y se premia.
Para Yeaggy, el triunfo tiene también un sabor personal: ya ganó en 2007 con otro Duesenberg SJ Speedster, el célebre «Mormon Meteor», pero ahora —dijo— aprecia mejor lo que significa y el trabajo que hay detrás: «La gente no se da cuenta de lo difícil que es, de lo especial que es, ganar este premio». Con esta victoria, Duesenberg refuerza su condición de marca americana más laureada en Pebble Beach, sumando ya ocho Best of Show en las 75 ediciones del certamen.
Su silueta, además, lo hace inolvidable incluso entre leyendas: línea de capó larguísima, proporciones tensas, y un parabrisas bajo y aerodinámico. Es el tipo de coche que, parado, transmite velocidad; y en marcha, transmite poder. No extraña que la presidenta del Concours, Sandra Button, lo definiera como «la expresión definitiva» del deseo por Duesenberg.
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