Más allá del número total de vehículos expuestos -te avisamos ya: no está abierta al público general-, lo relevante dentro del ecosistema de Seat Históricos es el enfoque: patrimonio controlado, restaurado y en perfecto estado de marcha, añadiendo en esta última entrega piezas tan especiales como el exclusivo Seat 1400 Sport Serra, el lujoso Seat 131 Diplomatic y el sorprendente Seat Exeo ST V8 4×4, un prototipo interno que demostraba que la ambición técnica de Martorell no tiene límites.

Seat Históricos: protegiendo la cultura automovilística
Custodiar el pasado no es un ejercicio de nostalgia: es una forma de proteger cultura industrial, conocimiento técnico y memoria colectiva. En ese terreno, Seat Históricos está construyendo una de las iniciativas más sólidas del automóvil en España, con un objetivo claro: conservar y mantener operativo el legado de la marca. La última prueba es la ampliación de la Nave A-122, el emblemático espacio ubicado en la planta original de Seat en la Zona Franca (Barcelona), que gana capacidad para dar cabida a una colección que no deja de crecer.
Tras el proyecto de ampliación y optimización, la Nave A-122 incorpora 57 vehículos más a la exposición. El resultado: 241 coches expuestos que recorren 76 años de historia de la compañía. En conjunto, el fondo es todavía mayor, porque Seat Históricos custodia casi 400 modelos. Hasta ahora, 184 se mostraban en la A-122 y el resto permanecía en el pabellón A-127, un espacio todavía más restringido que la nave A-122. Con esta reorganización, Seat logra algo importante: dar más coherencia al relato histórico, integrar etapas que estaban «fuera de foco» y, además, sumar cada vez más presencia de Cupra dentro de la cronología.

El valor diferencial de la Nave A-122 no es únicamente lo que guarda, sino cómo lo guarda. A diferencia de un museo estático, aquí manda un principio: mantener el patrimonio vivo. La práctica totalidad de los vehículos se conserva en perfecto estado de funcionamiento y uso, gracias a un trabajo continuo de restauración realizado por un equipo especializado de mecánicos y “artesanos” y pilotado por Isidre López. El proceso no se limita a «dejar el coche bonito»: se busca preservar la originalidad (componentes de época, tejidos descatalogados, especificaciones de fábrica) y también el comportamiento dinámico que definía a cada modelo cuando era nuevo. Esa filosofía explica por qué la colección participa habitualmente en exposiciones internacionales, acciones con medios y eventos dinámicos. En competición, el enfoque es igual de ambicioso: desde iconos del asfalto como los Ibiza Kit Car o los Córdoba WRC, hasta proyectos pensados para lo extremo, como el Toledo Marathon, que hoy sigue demostrando su fiabilidad en Marruecos en el RallyClassics África.
Nuevas incorporaciones. ¿Con qué tres nuevos coches nos quedamos?
Si hay que quedarse con tres piezas especialmente significativas de las recién añadidas a la colección, la primera es el Seat 1400 Sport Serra. Es, literalmente, artesanía de carrocería aplicada a una base Seat: el prestigioso carrocero barcelonés Pedro Serra esculpió una silueta descapotable-coupé de aire europeo sobre la plataforma del 1400. Producción bajísima, ejecución a medida y detalles personalizados lo convierten hoy en una de las joyas más elegantes y codiciadas del coleccionismo español.

La segunda es el Seat 131 Diplomatic, un recordatorio de que Seat también supo jugar en la liga de la representación. Con el motor gasolina más potente de su gama —2.0 biárbol de 113 CV— y cambio manual de cinco marchas, era una berlina pensada para viajar con confort y estatus. Su equipamiento sorprende incluso hoy: aire acondicionado, elevalunas eléctricos, cierre centralizado, dirección asistida e incluso flexo trasero para lectura. Un tope de gama que explica aspiraciones y contexto de toda una época.
Y la tercera incorporación destacada es la más inesperada: el Seat Exeo ST V8 4×4. Un prototipo desarrollado «en secreto» por los ingenieros del Centro Técnico, capaz de encajar un V8 atmosférico del Grupo con tracción integral permanente. No llegó a producción, pero su valor es enorme: es un laboratorio rodante que demuestra hasta dónde podía llegar la ingeniería de Martorell cuando se trataba de explorar límites.
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