El coche que ves en estas imágenes, y cuyas impresiones mías vas ahora si quieres a leer, es único. Al menos, único en la época actual. No existe en el mercado nada ni medio parecido. Porque este Ford Mustang GT es el único coche del mercado, al menos del nuestro, con motor V8 atmosférico, sin sobrealimentación. Para encima, puede llevar cambio manual si así lo deseas. No puede ser más políticamente incorrecto.
Suena, gasta y contamina, no es un coche para pusilánimes. Y precisamente por eso, es maravilloso. El Mustang es un objeto estéticamente impactante y con el motor V8 también lo es acústicamente y románticamente. Ya no se ofrece con el motor 2.3 EcoBoost que había antes, más eficiente, eso seguro, sino sólo con el bloque 5.0 V8 en su versión de 446 CV.
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También hay una versión Dark Horse por encima con un poquito más de potencia y mejor equipamiento, pero el Ford Mustang GT normal es el más comprable. A ver dónde encuentras un concesionario que te dé esto por 64.557 euros. Es que es barato para lo que es.
Carrocería coupé de corte clásico y gran tamaño, 4,81 metros de longitud. No pesa poco, más de 1.700 kg en vacío, pero tiene cuatro plazas aceptables y un buen maletero de 381 litros. Por dentro no destaca por la calidad de sus materiales pero desde luego no está mal hecho. Es sencillo, simplemente.

Por cierto, antes de que te emociones, ese freno de mano no es real. Tiene el aspecto de una palanca mecánica, pero no lo es. Al tirar de ella o al empujarla hacia abajo activas o desactivas un freno de mano eléctrico. Queda chulo, pero es innecesario y decepciona un poco porque de primeras parece que vas a poder tirar de la palanca y derrapar. Y no.
8 cilindros y 3 pedales: aquí venimos a conducir
La palanca del cambio manual de seis marchas justifica todo en este coche. Puedes comprarlo con transmisión automática de diez velocidades, pero le quita especialidad. V8 manual en los tiempos que corren. Debes remontarte unos cuantos años atrás, y no pocos, para encontrar un V8 manual en el mercado.

Lo pones en marcha pulsando ese botón rojo y arranca con la virilidad de tu bisabuelo luchando en la guerra. Suena gordísimo, fuerte, acompasado y muy masculino. El pedal del embrague es duro, también el manejo de la palanca. Como demanda el tarado de los coches que se compra esto.
El motor es una maravilla. No lo es en términos prestacionales, de hecho, puede decirse que corre poco en comparación con muchas alternativas. Pero es que aquí no se trata de lo que corre, sino de cómo corre. Y en eso, buf, es una pasada.

Porque dirás tú que con un motor de cinco litros y más de 400 CV debería acelerar de 0 a 100 km/h en nada, cuando en realidad lo hace en 5,3 segundos. Pero es que el quid en este coche está en lo que te transmite cuando las cosas pasan, no en lo rápido que puede llegar a tal sitio.
Una experiencia muy especial
Obviamente corre. Casi 450 CV y 540 Nm de par hacen que sea veloz. Lo que sucede es que tiene fuerza desde muy abajo y relaciones de transmisión muy largas. Dispones de fuerza y de instantaneidad de respuesta en toda la curva de potencia y par, las cuales son tremendamente planas, así que la respuesta del coche es ultraprogresiva, y eso tiene su atractivo. Acelerar a fondo desde 1.500 rpm y que el coche tenga vigor desde ahí hasta las 7.500 rpm no está al alcance de muchos.

Puedes tener mejores prestaciones en coches que tienen menos potencia y consumen mucho menos (se me ocurre un BMW M440i de 394 CV, por ejemplo), pero el alemán es mucho más efectivo de una manera infinitamente menos dramática. Juega a otra cosa. Bien puede considerarse un rival, que es mucho más rápido y gasta notablemente menos, pero conducirlo es otro rollo. Aparte de que cuesta 20.000 euros más.
Y a nivel de chasis no te creas que esto vale solo para acelerar en línea recta. Es grande y pesado, no te creas que puede hacer cosas para las que no está pensado. Pero sí se desenvuelve bien cuando hay curvas, no exhibiendo agilidad pero sí haciendo lo que le mandas. No hay mucha motricidad en el eje trasero y eso es parte de su carácter. Si desliza, lo hace además con progresividad y nitidez.

Va duro de suspensión, obviamente, y puedes llegar a hacer que los frenos se agobien un poco en uso muy intensivo, aunque la potencia de la mordida es contundente y dosificable. También tienes una dirección de muy buen tacto y la correcta desmultiplicación. De nuevo aquí es un coche para disfrutar más del momento que del resultado.
El Ford Mustang es único, no hay otro igual
Claro que hay cosas que no nos gustan dentro del Mustang. Por ejemplo, tiene las calidades de un coche modesto. O la pereza que da navegar por no pocos menús para desactivar el aviso acústico de velocidad cada vez que te montas en el coche. Pero es un coche que miras, con el que te miran y que acabas adorando conducir.

Sí, consume mucho (bueno, tampoco te creas, a ver, unos 12 L/100 km en uso normal) y como te cruces con un Cupra León VZ un poco vitaminado lo mismo te deja atrás, pero el Ford Mustang GT es un coche espectacular. Te brinda momentos inaccesibles para el resto de coches actuales. Para encontrar una alternativa estricta, debes irte al mercado de vehículos usados.
Así que es una maravilla. Ojalá nunca lo quiten, aunque siendo tan políticamente incorrecto, por desgracia lo dudo. No tiene viabilidad en la era de los coches sostenibles. Es un coche para conductores, para puristas, para enamorados. Para todos aquellos que disfrutan del trayecto. Pagas algunos peajes (el consumo y lo que antes hemos comentado), pero te llevas un coche único por un precio que quizá no te imaginabas. Me dan igual sus defectos, este es un coche para tener toda la vida.

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