La movilidad urbana en España sigue girando alrededor del coche privado y la gestión del aparcamiento se consolida como pieza clave para que la ciudad “funcione”. Esa es una de las conclusiones principales de “telpark IMPACTA: Radiografía de la movilidad urbana en España”, el estudio presentado en la sede de la CEOE en Madrid y elaborado a partir de una encuesta a más de 1.800 conductores.
En el debate, además, quedó patente una realidad que se repite en muchas ciudades. Los automovilistas no entienden las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), percibidas como un mosaico de normas distintas y, en algunos casos, judicializadas o tumbadas por los tribunales, lo que alimenta la confusión y la inseguridad del usuario.
El coche sigue siendo el centro: manda la comodidad y el tiempo
El informe parte de un dato contundente, más del 70 por ciento de los encuestados usa el coche propio como medio habitual y casi el 99 por ciento lo utiliza al menos varias veces por semana. A la hora de elegir cómo desplazarse, los criterios dominantes son comodidad (71%) y rapidez (61%), muy por encima de cualquier otra consideración.
El medioambiente, de hecho, queda relegado. Solo cerca de un 7% asegura priorizar el impacto ambiental en sus decisiones de movilidad. Esa fotografía dibuja una movilidad urbana eminentemente práctica —trabajo, estudios, compras y gestiones— en la que el control del tiempo pesa más que la ideología, y donde el freno al cambio es sobre todo operativo. El 59% señala el tiempo de desplazamiento como el mayor obstáculo para abandonar el coche y más del 30% apunta a la falta de alternativas reales.
Para Chema García-Hoz, EV Managing Director de Telpark, el enfoque debería ser otro: “la clave no es enfrentar al ciudadano con el coche, sino ayudarle a usarlo de forma más eficiente, predecible y compatible con una ciudad más sostenible”.

Aparcamiento: de “servicio” a infraestructura urbana
Uno de los ejes del estudio es el papel del aparcamiento. Aunque solo un 12 por ciento utiliza aparcamientos de pago con frecuencia (a diario o varias veces por semana), un 44 por ciento recurre a ellos de manera ocasional. Especialmente cuando toca acceder a zonas saturadas, centros urbanos o áreas comerciales. Los motivos principales para pagar por aparcar también son reveladores. Encontrar sitio más fácilmente (52%), ahorrar tiempo (43%) y seguridad del vehículo (30%).
Esa experiencia se traduce en una percepción muy favorable. Casi el 85% de los conductores considera que los aparcamientos mejoran el funcionamiento de la ciudad, un 43% cree que impulsan el comercio local y alrededor de un tercio los asocia a una mayor eficiencia urbana y a la reducción del tráfico. De hecho, el 47% reconoce que planifica sus trayectos en función de la viabilidad de aparcar, confirmando que la “certeza” —saber que habrá plaza— condiciona la movilidad cotidiana.
“El aparcamiento es el corazón de la movilidad urbana”, afirma García-Hoz. Añade que cuando el conductor sabe dónde va a aparcar reduce tiempos, evita el tráfico de agitación y facilita el acceso a comercios y servicios del centro.
ZBE pesa en el debate… pero no cambia tanto los hábitos (y genera confusión)
El estudio muestra que sólo el 26% de los conductores afirma haber cambiado realmente su forma de moverse por la implantación de las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), mientras que casi la mitad reconoce que apenas han influido en su día a día.
Y más allá de estas cifras en el evento de presentación del estudio se subrayó además un problema que no siempre reflejan los porcentajes. La falta de comprensión de las ZBE por parte de los automovilistas. En buena medida por la heterogeneidad de normas entre ciudades y porque algunas ordenanzas han acabado siendo rechazadas por los tribunales, lo que dispara la percepción de inseguridad normativa. Por ejemplo, en unas ciudades se aparca gratis con un vehículo eléctrico y en otras, no.
Coche eléctrico: interés al alza, pero frenado por precio y recarga
El informe dedica un bloque específico al vehículo eléctrico. El dato principal es que casi un 35% de los conductores ya tiene o muestra interés en adquirir un coche eléctrico, aunque la adopción sigue condicionada por barreras muy concretas. La primera es el precio, el 57% lo señala como principal freno, seguido por la falta de puntos de carga (55%) y la autonomía limitada (54%). En recarga, la crítica es directa, 6 de cada 10 (60%) consideran insuficiente la infraestructura de carga en su ciudad y un 13% la califica de inexistente.
Para Telpark, parte de la solución pasa por integrar la recarga en los hábitos actuales. Incorporar puntos de carga en aparcamientos y gestionarlos desde el móvil para unir “aparcar, cargar y continuar” sin fricciones. Aun así, las expectativas están divididas. Más de un tercio cree que la expansión del coche eléctrico transformará positivamente la movilidad urbana, frente a un 25% que muestra rechazo.
El estudio también refleja la digitalización del estacionamiento. Más del 44% de los conductores utiliza aplicaciones para aparcar, y telpark se sitúa entre las más extendidas, con cerca de un 15% de uso a nivel nacional.

Necesidad de colaboración público-privada
El encuentro incluyó una mesa de diálogo con representantes institucionales y del sector. Por un lado, Alberto Gutiérrez Alberca, concejal de Movilidad del Ayuntamiento de Valladolid; Lola Ortiz, Directora general de planificación e infraestructuras de movilidad del Ayuntamiento de Madrid; Arturo Pérez de Lucía, director general de AEDIVE e Ignacio Merry del Val (Director de operaciones de Telpark).
En ese marco se insistió en la necesidad de colaboración público-privada para pasar del diagnóstico a la ejecución, regulación clara y coordinada, planificación e infraestructuras (especialmente de recarga), y servicios que reduzcan fricciones en la movilidad diaria. Merry del Val lo sintetizó con una idea fuerza: “la movilidad urbana del futuro no va solo de mover coches, sino de hacerle la vida más fácil al ciudadano. Y ahí el parking ya no es solo una plaza: es certidumbre, servicios e integración”.
La Jornada fue clausurada por el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, quien puso el foco en la neutralidad tecnológica y la multimodalidad como vías para avanzar hacia objetivos climáticos sin “romper” con la operativa diaria de ciudadanos y empresas.
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