Muchos vais a decir «¿pero qué necesidad de fingir lo que no eres?». Y, ciertamente, tenéis toda la razón del planeta. Pienso lo mismo. Lo que pasa es que una vez que coges el Hyundai Ioniq 6 N te das cuenta que tiene algo diferente al resto de eléctricos, y es que mola conducirlo.
No voy a entrar en lo de fingir, emular o como lo quieras llamar, porque ahí hay poca discusión. Sin embargo hablaré del resultado final: si yo, amante de los deportivos de gasolina, tuviese que comprarme un eléctrico, indudablemente sería este. Si tuviese los 79.500 euros que vale, que a tenor de lo que ofrece, no es tanto.
Una estética rollo The Fast and the Furious, 650 CV de potencia, batería razonablemente grande, un chasis portentoso y ese software de simulación del que ahora hablaremos.
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Ioniq 6 N, o como olvidarte de que es eléctrico
Lo curioso es que el Ioniq 6 N no deja de ser una berlina de corte familiar y 4,93 metros de largo. Es una especie de Lancer Evolution de la era eléctrica, salvando las distancias con aquel icono, claro.
Tiene un motor delantero de 238 CV y un motor trasero de 412 CV y, en consecuencia, 650 CV durante 10 segundos cuando aprietas latecla NGB (N Grin Boost) ubicada sobre el radio derecho del volante en plan BMW M.

Corre una salvajada, como te puedes imaginar, pero es en la experiencia de conducción donde destaca. Que un eléctrico corra… bueno, no es tan difícil. Que transmita lo que transmite este, no se había visto antes, literal. Bueno, en el Hyundai Ioniq 5 N, que a nivel powertrain comparte todo, solo que en un formato de menor altura, lo que debería ser un punto dinámico positivo.
La batería, por cierto, es la de 84 kWh de capacidad bruta y, en este caso, dota al Hyundai de una autonomía oficial de 487 km conduciendo normal. Divídela por dos si pretendes extraer todo el potencial deportivo del coche. Ah, y puede recargarse a 11 kW en corriente alterna y a 240 kW en continua.

Te cambia los esquemas
Al principio te quedas un poco con el culo torcido porque piensas, «¿pero esto qué es?». Luego, con los kilómetros, empiezas a sentirte cada vez más a gusto y a explotar las cualidades del chasis. Y hasta comienzas a disfrutar de lo lindo.
La principal característica del Ioniq 6 N es que intenta suplir parcialmente las sensaciones de los deportivos de gasolina que se han ido perdiendo. Lo hace emulando el sonido del motor, los petardeos y hasta los cambios de marcha. Y delante de ti te encuentras un cuentarrevoluciones fake tarado hasta las 8.000 vueltas. Cuando el motor, en realidad, gira a 19.000 rpm.
Pero todo está hecho para que te diviertas y, aunque sea falso, es un buen valor si lo que quieres es no aburrirte. Es que incluso derrapa gustosamente con su modo N Drift Optimizer.
Y sí, es todo mentira. Y sí, no había necesidad. Y sí, es cuestionable. Pero de lo que no hay la más mínima duda es de que si eres un amante de la conducción, particularmente de la deportiva, de momento no hay nada mejor que esto. No porque sea el coche eléctrico más efectivo o veloz, sino porque es el único, junto al Ioniq 5 N, que es capaz de que te olvides un poquito, no del todo, de los deportivos de gasolina.

Además que puedes usarlo para todo porque aparte de correr, frenar bien, tenerse firme en curva y tal, puedes viajar con él con un consumo de unos 23 kWh/100 km pudiendo irte a la costa desde Madrid tragando sólo con una parada.
Levantará ampollas este Hyundai Ioniq 6 N, pero lo tengo clarísimo: no hay cosa igual en el mercado.
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