El coche volverá a ser el gran protagonista de las vacaciones de verano. Miles de familias preparan ya sus desplazamientos por carretera, pero este año los viajes podrían arrancar con una mala noticia para el bolsillo: llenar el depósito puede resultar hasta 20 euros más caro a partir del 1 de julio. La razón está en la posible desaparición de las ayudas fiscales a los carburantes que el Gobierno aprobó hace unos meses. Estas medidas, que redujeron tanto el IVA como el impuesto sobre Hidrocarburos, tienen fecha de caducidad el próximo 30 de junio y, por el momento, no se ha confirmado una prórroga.
Si estas ayudas desaparecen, el sector energético calcula que la gasolina y el diésel podrían encarecerse entre 30 y 40 céntimos por litro. En la práctica, un conductor que reposte un depósito de 50 litros podría pagar entre 15 y 20 euros más, mientras que en vehículos con depósitos de mayor capacidad la diferencia podría alcanzar los 25 euros.

Con la gasolina 95 situada alrededor de los 1,57 euros por litro, algunos expertos no descartan que vuelva a acercarse a los dos euros, un escenario que muchos conductores ya vivieron durante la crisis energética de 2022.
El 93% de los conductores viaja en coches de combustión
Pese al avance de la electrificación, los españoles siguen confiando en los coches de gasolina y diésel para viajar. Según una encuesta realizada por Carwow, el 93% de los españoles realizó sus desplazamientos vacacionales en un coche de combustión, frente al 7% que optó por un vehículo eléctrico. La mayoría de los conductores recorre más de 500 kilómetros durante sus vacaciones y suele completar el viaje con una o dos paradas breves para repostar. En la mayoría de los casos, las detenciones duraron entre cinco- diez minutos y el 97% no encontró esperas en las gasolineras.
La situación cambia en los vehículos eléctricos. Aunque muchos usuarios también realizan viajes largos, las recargas obligan a detenerse durante más tiempo, durando entre 20 y 40 minutos. Dentro de ese grupo, casi tres de cada diez sufrieron retrasos por problemas técnicos, incidencias en los cargadores o dificultades en el proceso de recarga.

El calor añade otro riesgo a los desplazamientos
Al posible aumento del precio del combustible se suma otro enemigo habitual de los viajes de verano: las altas temperaturas. El calor extremo puede afectar tanto al conductor como al propio vehículo. Los neumáticos trabajan a mayor presión, los frenos pierden eficacia y la fatiga o la deshidratación pueden reducir la capacidad de reacción al volante.
Por ello, los expertos recomiendan revisar el estado de los neumáticos, comprobar los niveles de los líquidos y asegurarse de que el aire acondicionado funciona correctamente antes de iniciar el viaje. También aconsejan evitar las horas centrales del día, hacer descansos cada dos horas e hidratarse con frecuencia.
Además, recuerdan una recomendación esencial: nunca se debe dejar a un niño, persona mayor o mascota dentro del vehículo, ya que la temperatura del habitáculo puede superar los 60 grados en apenas unos minutos.
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