Iberdrola y Santander Consumer Renting han lanzado Green Renting Iberdrola, una nueva fórmula de renting eléctrico “todo incluido” que intenta resolver una de las grandes dudas de muchos conductores ante el coche eléctrico: no sólo cuánto cuesta el coche, sino cuánto cuesta realmente usarlo, cargarlo, mantenerlo y tenerlo listo cada día.
La propuesta integra en una única cuota mensual el vehículo eléctrico, la instalación del punto de recarga en el domicilio, el cargador inteligente, la energía para cargar, el mantenimiento, el seguro a todo riesgo y la asistencia. Dicho de otra manera: el usuario no contrata por un lado el coche, por otro el cargador, por otro la instalación y por otro la electricidad, sino que recibe una oferta cerrada desde el principio.
Pero lo más interesante no está sólo en el renting, sino en la forma de integrar la energía. Green Renting Iberdrola utiliza bolsas de kWh calculadas en función del kilometraje contratado, separando la recarga doméstica de la recarga pública. No es un sistema bidireccional V2G, porque el coche no devuelve energía a la red, pero sí se acerca al concepto V1G: una recarga inteligente, unidireccional y comunicada, capaz de identificar la energía destinada al coche y tratarla de forma diferenciada.

No es V2G, pero sí un primer paso hacia la recarga inteligente
Conviene aclararlo desde el principio: este sistema no convierte el coche en una batería conectada a la red eléctrica. No hay descarga bidireccional, no se usa la batería del vehículo para alimentar la vivienda y tampoco se plantea que el usuario pueda vender electricidad al sistema. Eso sería V2G (vehicle-to-grid) o V2H (vehicle-to-home), tecnologías muy interesantes, pero todavía mucho más complejas de implantar de forma masiva.
Lo que propone Iberdrola es algo menos espectacular, pero probablemente más fácil de desplegar: identificar la energía utilizada para cargar el coche eléctrico y separarla, a efectos comerciales, del resto del consumo eléctrico de la vivienda. Según las aclaraciones facilitadas por la compañía, no se instala un contador adicional, sino que la medición se realiza mediante el Asistente Smart Avanzado de Iberdrola.
Ese sistema se apoya en la conectividad del propio vehículo y en el cargador inteligente instalado en el domicilio, que en este caso es un Wallbox Pulsar Max. La clave está en que la compañía puede conocer cuánta energía se ha destinado a la recarga del coche y aplicar sobre ella la bolsa de kWh incluida en el contrato, sin que el usuario tenga que hacer cálculos, separar facturas o gestionar manualmente cada carga.
Cómo se calculan las bolsas de energía
Según Iberdrola, la cantidad de energía incluida se calcula en función de la duración del contrato y del kilometraje anual elegido por el cliente. Para hacer esa estimación se toma como referencia un consumo medio de 16 kWh/100 km, una cifra razonable para un eléctrico eficiente en uso mixto, aunque puede quedarse algo corta en autopista, invierno, coches grandes o conducción rápida.
El reparto también es relevante: las bolsas de recarga doméstica y pública son independientes. El 80% de la energía prevista se asigna a la recarga en casa y el 20% restante a la recarga pública en la red de Iberdrola. La bolsa doméstica se descuenta en la factura eléctrica del hogar, mientras que la pública se consume en los puntos de carga de Iberdrola sin necesidad de realizar un pago en cada sesión, hasta agotar el saldo incluido.
Traducido a números, un contrato de 10.000 km/año equivale a 1.600 kWh anuales de energía con el consumo de referencia de 16 kWh/100 km. De ellos, 1.280 kWh corresponderían a la recarga doméstica y 320 kWh a la recarga pública. Si valoramos la electricidad doméstica a 0,15 €/kWh y la pública a 0,50 €/kWh, esa bolsa tendría un valor aproximado de 352 euros al año, o unos 29 euros al mes.
En el caso de 20.000 km/año, la energía incluida se duplicaría hasta 3.200 kWh anuales: 2.560 kWh para recarga doméstica y 640 kWh para recarga pública. Con las mismas hipótesis de coste, estaríamos hablando de unos 704 euros al año, es decir, alrededor de 59 euros mensuales de energía incluida. Es importante no confundirlo con energía ilimitada: si se agota la bolsa contratada, el consumo adicional se paga aparte.
El salto a 20.000 km/año tiene más sentido del que parece
Uno de los aspectos más interesantes aparece al comparar el precio entre los contratos de 10.000 y 20.000 km anuales. En un renting convencional, subir kilometraje suele implicar simplemente pagar más por usar más el coche: más depreciación, más desgaste, más mantenimiento potencial y más riesgo financiero para la compañía. Aquí también ocurre eso, pero con una diferencia importante: parte de ese incremento vuelve al usuario en forma de más energía incluida.
En el Renault 5 E-Tech, el salto de 10.000 a 20.000 km/año supone unos 68 euros más al mes. Sin embargo, esos 10.000 km adicionales incorporan 1.600 kWh extra al año. Aplicando el reparto del 80% en casa y 20% en pública, y valorando la energía a 0,15 €/kWh en el domicilio y 0,50 €/kWh fuera, hablamos de unos 352 euros anuales, o 29,33 euros al mes. Es decir, la energía absorbería alrededor del 43% del incremento de cuota.
En el Mazda 6e, el salto de kilometraje es de unos 82 euros al mes. Con la misma lógica energética, los 29,33 euros mensuales de electricidad adicional incluida absorberían aproximadamente el 36% de esa subida. Dicho de otra manera: aunque el incremento bruto de cuota parece elevado, el sobrecoste efectivo asociado al mayor uso del coche queda bastante matizado cuando se descuenta el valor de la energía incluida.
Este comportamiento también parece bastante lógico: el incremento de cuota crece de forma relativamente lineal con el valor y la categoría del coche. Un Mazda 6e es una berlina grande, más potente, más cara y con mayor valor residual en juego que un Renault 5, de modo que cada kilómetro adicional pesa más en la depreciación y en el riesgo financiero. Pero en ambos casos, la bolsa de energía hace que la subida real sea más razonable de lo que aparenta a primera vista.

BYD Surf, Renault 5 y Mazda 6e: tres lecturas distintas
La oferta inicial de Green Renting Iberdrola incluye ocho modelos eléctricos de seis marcas diferentes, con autonomías homologadas entre 300 y 583 kilómetros WLTP. Entre ellos aparecen el BYD Dolphin Surf, el Renault 5 E-Tech, el Mazda 6e, el Volvo EX30, el Volvo EC40, el BYD Atto 2, el Xpeng G6 y el MG S5.
El modelo de acceso es el BYD Dolphin Surf Comfort 115 kW (156 CV), anunciado desde 491 euros al mes, IVA incluido, con contrato a 48 meses y 10.000 km/año. Es la opción más barata de la oferta y también una de las más urbanas, con cuatro plazas y una autonomía homologada de 300 kilómetros WLTP. Su interés está en ofrecer la barrera de entrada más baja a este formato de renting eléctrico con energía incluida.
El Renault 5 E-Tech Evolution Autonomía Confort 110 kW (150 CV) aparece desde 535 euros al mes en las mismas condiciones base. Aquí la propuesta cambia: no es sólo un eléctrico práctico, sino uno de los lanzamientos más relevantes del mercado europeo, con un componente emocional evidente y un posicionamiento muy interesante para quien busque un utilitario eléctrico moderno, atractivo y relativamente eficiente.
El caso más llamativo, sin embargo, puede ser el Mazda 6e EV RWD Takumi 190 kW (258 CV), anunciado desde 579 euros al mes. Por 88 euros más al mes que el BYD de acceso, el cliente pasa a una berlina de 4,92 metros, tracción trasera, 258 CV, cinco plazas y un nivel de presencia muy superior. En términos de coche percibido por euro pagado, probablemente sea una de las opciones más interesantes de la oferta.
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