La llegada de la normativa Euro 7 supondrá nuevos cambios para la industria del automóvil en Europa. Además de introducir requisitos más estrictos sobre emisiones contaminantes, la regulación también pondrá el foco en la durabilidad de varias piezas del vehículo, algo que podría traducirse en componentes más resistentes y con una vida útil mayor a partir de los próximos años.
La Euro 7 quiere reducir averías en sistemas anticontaminación

En las últimas décadas, las normativas europeas han obligado a los fabricantes a incorporar tecnologías cada vez más complejas para reducir emisiones. Sistemas como los filtros de partículas, las válvulas EGR o el conocido AdBlue han permitido disminuir contaminantes, aunque también han generado averías costosas en muchos modelos modernos.
Con la nueva Euro 7, Europa quiere endurecer los requisitos de funcionamiento de estos sistemas durante más tiempo. La futura normativa obligará a que los dispositivos de control de emisiones sigan funcionando correctamente hasta los 10 años o 200.000 kilómetros.
Hasta ahora, los requisitos eran más limitados y dejaban mayor margen de interpretación a los fabricantes. La regulación actual fijaba objetivos de hasta 8 años o 160.000 kilómetros, aunque algunas condiciones permitían márgenes inferiores.
El cambio busca garantizar que los sistemas anticontaminación mantengan un rendimiento razonable incluso con el paso de los años y el envejecimiento del vehículo.
Los coches eléctricos también entran en la nueva regulación

La Euro 7 no se limitará a los motores de combustión. Los coches eléctricos también estarán afectados, especialmente por todo lo relacionado con la degradación de sus baterías.
La normativa establecerá unos mínimos obligatorios de conservación de capacidad. Según los objetivos anunciados, las baterías deberán conservar:
- Al menos el 80% de capacidad tras 5 años o 100.000 kilómetros.
- Un mínimo del 72% después de 8 años o 160.000 kilómetros.
Aunque muchos fabricantes ya ofrecen cifras similares en sus garantías, la diferencia es que ahora estos límites pasarán a estar respaldados por una normativa común en toda Europa.
Esto también puede tener impacto en el mercado de segunda mano, donde el estado de la batería se ha convertido en uno de los factores más importantes para determinar el valor de un coche eléctrico usado.
Frenos con menos desgaste y mayor duración
Otra de las novedades de la Euro 7 afectará a las partículas emitidas por los frenos. Hasta ahora, gran parte de la atención se centraba en las emisiones del escape, pero Europa también quiere controlar las partículas generadas por el desgaste de discos y pastillas.
Para cumplir con los nuevos límites, los fabricantes podrían apostar por materiales más resistentes y sistemas de frenado con menor desgaste.
Actualmente ya existen proyectos en desarrollo que buscan aumentar considerablemente la duración de los discos de freno. Algunos prototipos experimentales hablan incluso de componentes capaces de superar los 300.000 kilómetros, muy por encima de la vida útil habitual de unos discos convencionales.
La clave estará en lograr ese aumento de durabilidad sin disparar los costes ni comprometer el rendimiento de frenada.

Los neumáticos también cambiarán con la Euro 7
Los neumáticos serán otro de los elementos afectados por la nueva regulación europea.
La razón es sencilla: el desgaste del neumático genera partículas contaminantes que terminan en el aire y en el entorno urbano. Reducir ese desgaste se ha convertido en otro de los objetivos de la normativa.
Esto podría impulsar el desarrollo de neumáticos más resistentes y con menor degradación, aunque los fabricantes tendrán que encontrar equilibrio entre duración, agarre y seguridad.
Un neumático diseñado únicamente para durar más podría perjudicar el comportamiento del coche en frenadas o superficies mojadas. Por eso, el reto técnico será mantener prestaciones suficientes sin aumentar las emisiones de partículas.
Coches más duraderos en una industria cada vez más compleja
Durante años, buena parte de las críticas a las normativas anticontaminación se han centrado en el aumento de complejidad mecánica y en el coste de determinadas averías.
La Euro 7 no eliminará esos sistemas, pero sí obligará a que muchos componentes estén preparados para funcionar durante más tiempo y bajo condiciones más exigentes.
Aunque el objetivo principal sigue siendo reducir emisiones y mejorar la calidad del aire, la normativa podría acabar teniendo un efecto indirecto importante: coches con piezas más resistentes y potencialmente menos propensas a fallos prematuros.
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