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El fraude del cuentakilómetros en España: cuánto pagas de más, cómo se truca y por qué la ITV no lo evita

Compras un coche de segunda mano con 90.000 km y resulta que ha rodado 145.000: pagas de más, lo mantienes mal y te expones a averías que no tocaban. Existe un mecanismo para cerrar el grifo a esta estafa, funciona en media Europa y en España no se aplica.

El cuentakilómetros es la cifra que más manda en un coche usado. Marca el precio, insinúa cuánta vida le queda a la mecánica y es lo primero que mira cualquiera antes de firmar. Y justo por eso, porque mueve el valor como ningún otro dato, es también el número más goloso de falsear.

Y se falsea. No hablamos de la picaresca de cuatro espabilados, sino de un fraude extendido e industrializado en toda Europa, con aparatos que se compran por internet y talleres que lo resuelven en un rato. España no se libra: aquí también se venden coches con miles de kilómetros borrados a los que su próximo dueño paga de más sin enterarse.

Estos días el asunto ha vuelto a los titulares porque una empresa de informes de vehículos ha difundido un estudio con una cifra redonda. Merece la pena mirarla, pero también de dónde sale, y contrastarla con lo que dicen las fuentes que no tienen un producto que colocarte.

El dato y su letra pequeña

El estudio lo firma carVertical, y su titular es que en España un coche con el cuentakilómetros manipulado se vende de media un 26,1% por encima de lo que vale de verdad. Llevado a euros, un usado anunciado en 20.000 € podría valer en realidad unos 16.000. Suena contundente. El problema está en cómo se ha cocinado esa cifra.

El número no sale de una muestra del parque español, sino de los informes que compraron los propios clientes de la empresa entre abril de 2025 y marzo de 2026. Es decir, de coches que alguien ya sospechaba lo suficiente como para pagar por revisarlos. Con esa selección de partida, el 4,1% de manipulados que anuncian para España nace inflado: no es la foto del mercado, es la foto de los coches que ya olían mal.

Hay otro detalle que invita a la cautela: carVertical vende justo el producto que su experto recomienda como solución, el informe de historial. No lo descartamos por eso, pero sí lo tratamos como lo que es, un indicio interesado, no una estadística del mercado. Para calibrarlo de verdad hay que mirar a quien no te vende nada.

Lo que dicen las fuentes serias

El fraude del cuentakilómetros existe y es gordo, eso no lo discute nadie. El servicio de estudios del Parlamento Europeo (el EPRS, el gabinete que elabora los informes técnicos para los eurodiputados) cifró hace unos años el problema con números que siguen siendo la referencia: entre el 5% y el 12% de los coches usados vendidos dentro de un mismo país llevan los kilómetros trucados, y la proporción se dispara al 30-50% en las ventas de un país a otro. La factura para el comprador europeo se estima entre 5.600 y 9.600 millones de euros al año.

La cifra transfronteriza no es casual. El usado europeo fluye de oeste a este, y cada vez que un coche cruza una frontera pierde su rastro documental: los países apenas intercambian el historial de kilometraje, así que el defraudador borra y exporta con relativa impunidad. Alemania, primer exportador de usados de la UE, es también donde más encarece el fraude el precio (hasta un 49,3%, según el mismo análisis de carVertical).

Gráfico del impacto del fraude del cuentakilómetros en el precio de los coches usados por país en Europa, con Alemania a la cabeza (49,3%) y España en el 26,1%
El encarecimiento estimado por país. Gráfico: carVertical.

La lección incómoda es que esto tiene solución y alguien ya la aplicó. Bélgica montó en su día el sistema Car-Pass: cada vez que un coche pasa por un taller, una reparación o la inspección técnica, alguien anota su kilometraje en una base de datos común, y ese historial acompaña obligatoriamente a cualquier venta de segunda mano. En 2024, sobre 849.860 certificados emitidos, solo aparecieron 1.411 casos probables de manipulación. En los coches importados, el fraude cayó del 2,4% de 2020 al 0,53%. El Parlamento Europeo calcula que Bélgica y los Países Bajos, con sistemas parecidos, han rebajado la manipulación al 1% o menos.

Para que te hagas una idea de lo que hay en juego, en esos fraudes belgas se borran de media 99.130 km. El caso más burdo del año fue una Mercedes Sprinter de 2018 a la que le habían quitado casi 496.000 kilómetros, de 890.613 a 394.890.

Cómo se truca un cuentakilómetros

En los coches antiguos, con el cuentakilómetros de tambores y agujas, era un trabajo de destornillador: se desmontaba el conjunto y se giraban los rodillos hacia atrás. Rudimentario, y encima chapucero, porque las cifras solían quedar descuadradas.

En un coche moderno el kilometraje es un dato electrónico, y ahí empieza el problema de verdad. Existen aparatos llamados «correctores» que se enchufan al puerto OBD (la toma de diagnóstico que usan los talleres para hablar con la electrónica del coche, la misma por la que te leen las averías) y reescriben la cifra en cuestión de minutos. Se venden por internet, son baratos y no exigen apenas conocimientos.

La única barrera es que el coche no guarda su kilometraje en un solo sitio. Además del cuadro de instrumentos, la cifra queda copiada en varias centralitas (la del motor, la de la transmisión, a veces la llave). El aficionado cambia solo lo que se ve en la pantalla y deja las demás copias intactas, de modo que un técnico con el equipo adecuado encuentra la contradicción enseguida. El profesional del fraude las reescribe todas, y entonces la manipulación es prácticamente indetectable por vía electrónica. Lo que no puede falsear es el desgaste físico: un volante pulido, unos pedales con la goma comida o unos asientos vencidos no cuadran jamás con 60.000 km.

Qué ve la ITV (y qué no)

Aquí está la pregunta que probablemente te ha traído hasta aquí. Desde hace más de una década, la ITV anota la lectura de tu cuentakilómetros y la vuelca al Registro de Vehículos de la DGT; desde 2018 el manual de inspección incorpora criterios específicos para el aparato, afinados en junio de 2021. O sea que el dato se guarda, revisión a revisión.

Ahora la parte incómoda. Presentarte a la ITV con menos kilómetros que en la inspección anterior no es, por sí mismo, motivo de rechazo. La razón es que existen motivos legítimos para que la cifra baje: te han sustituido el cuadro de instrumentos tras una avería, o te han cambiado un módulo electrónico completo. La inspección solo suspende el cuentakilómetros en dos supuestos, y ambos como defecto grave: que muestre señales físicas evidentes de manipulación, o que esté claramente parado (por ejemplo, que marque exactamente lo mismo que en la última visita registrada). La manipulación electrónica bien hecha, esa que reescribe todas las copias, le pasa por delante sin que salte nada.

De modo que la ITV ni te para ni te denuncia por rodar hacia atrás. Lo que sí hace, y no es poco, es dejar constancia de cada lectura en tu historial de la DGT. Ese registro es la prueba que puede hundir al defraudador el día que intente revender: el rastro está ahí aunque la inspección mire para otro lado. El material para atajar el fraude existe. Simplemente no se usa para eso.

¿Es delito trucar los kilómetros?

Manipular el cuentakilómetros de tu propio coche no es, en España, un delito autónomo. Lo que convierte el chanchullo en delito es venderlo a alguien ocultándoselo: ahí hay un engaño con ánimo de lucro, y eso es estafa, con penas de seis meses a tres años de prisión (artículos 248 y 249 del Código Penal) según la cuantía defraudada. Además, el comprador puede reclamar por vía civil: el Tribunal Supremo (sentencia 705/2020) fijó que la indemnización debe cubrir la diferencia entre lo que se pagó y lo que el coche valía en realidad.

En la práctica, casi todo el peso recae en el comprador, que primero tiene que sospechar, luego demostrar la manipulación y después reclamar. Y no es lo mismo según quién te lo venda: a un concesionario o una compraventa se le puede exigir por la vía de consumo y la garantía legal del vehículo de ocasión; a un particular hay que perseguirlo de uno en uno, y muchos casos se quedan por el camino.

La diferencia con Bélgica es que allí el sistema evita el fraude antes de que ocurra, y aquí lo perseguimos después, cuando el comprador ya ha pagado y tiene la energía de llevar a juicio a un desconocido. No es lo mismo prevenir que litigar.

Cómo no picar al comprar un usado

Mientras España no comparta el historial de kilometraje como hacen los belgas, la defensa es tuya, y la primera herramienta es barata: pide el informe de la DGT por matrícula (cuesta unos pocos euros y recoge, entre otras cosas, las lecturas anotadas en cada ITV). Si los kilómetros bailan de una revisión a otra, o si el salto entre fechas no cuadra, aléjate. Y desconfía del precio demasiado bueno: es el cebo con el que se coloca un coche trucado.

Cruza siempre esa cifra con el estado real del coche. Un volante pulido, unos pedales con la goma comida, un asiento vencido o un pomo desgastado no cuadran con 60.000 km, por mucho que lo diga la pantalla. Ten en cuenta que un coche europeo hace de media unos 12.000 a 15.000 km al año: un ejemplar de diez años con 60.000 es la excepción, no la norma. Y repasa el libro de mantenimiento y las facturas, porque las fechas y los kilómetros de cada sello tienen que ir siempre en orden creciente.

Nada de esto haría falta si el kilometraje viajara con el coche, sellado en cada ITV y visible para el comprador. La tecnología está, la ITV ya toma el dato y Bélgica lleva años demostrando que funciona. Falta la voluntad de conectarlo. Hasta entonces, el único que paga el fraude sigues siendo tú.

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