Nissan Ariya Solar visto desde arriba con las células fotovoltaicas del techo y el capó

Nissan Ariya Solar: hemos visto de cerca las 480 células que le dan 17,6 km al día en Barcelona

El Nissan Ariya Solar lleva 3,8 metros cuadrados de células fotovoltaicas en el capó, el techo y el portón, y lo tuvimos delante en la presentación española del Ariya y el X-Trail renovados. No está a la venta, y aporta 17,6 kilómetros diarios de media en Barcelona.

Aparcado al sol de mediodía, el Nissan Ariya Solar no llama la atención. El capó es negro, el techo es negro y el portón es negro, y de frente pasa por un Ariya cualquiera con la pintura Black Pearl del catálogo. Muévete un metro hacia un lado y aparece una cuadrícula finísima de rectángulos que solo se ve cuando la luz entra sesgada.

Debajo del barniz hay 480 células fotovoltaicas repartidas en tres piezas de carrocería, 3,8 metros cuadrados en total. Nissan lo desarrolló junto a Lightyear (la empresa neerlandesa de movilidad solar que puso la tecnología de paneles) y lo enseñó por primera vez en enero. No es un modelo de producción y no está a la venta, ni la marca ha dado a entender que vaya a estarlo: es un demostrador, un coche construido para medir una sola magnitud.

Esa magnitud es cuánta energía cabe en la superficie de un automóvil. El miércoles 12 de agosto, a última hora de la tarde, la Luna se puso delante del Sol y el sistema eléctrico español perdió cerca de 5 gigavatios de generación fotovoltaica. Son en torno al 13% de la demanda máxima de un miércoles de agosto, según los cálculos que había publicado Red Eléctrica. Un eclipse es la única ocasión en la que un país comprueba de golpe cuánta energía le llega del Sol. La pregunta que responde este Ariya es la contraria.

El techo se lleva 272 de las 480 células

Detalle del capó del Nissan Ariya Solar con las células fotovoltaicas visibles bajo el barniz

El donante es un Nissan Ariya de serie, con tracción delantera y la batería menor de la gama, sin tocar nada más del coche. Sobre esa base, cada pieza fotovoltaica emplea una construcción diferente, porque cada una tiene su forma y aguanta unos esfuerzos que no se parecen a los de las otras.

Pieza Construcción Células Cadenas
Capó Compuesto polimérico 115 4
Techo Vidrio sobre vidrio 272 10
Portón trasero (luna) Lámina sobre vidrio 93 3
Total 3,8 m² intervenidos (unos 3 m² de células) 480 17

Las 480 células están agrupadas en 17 cadenas independientes, para que la sombra proyectada sobre una zona de la carrocería no penalice a las demás. Es la primera concesión a la realidad de un coche. Un panel de tejado vive quieto y despejado; uno de carrocería se pasa el día entrando y saliendo de la sombra de un árbol.

De los 3,8 metros cuadrados intervenidos, alrededor de 3 están ocupados por células. El resto se lo comen los bordes, la separación entre células y las zonas que la geometría de cada pieza no permite aprovechar. Ese salto entre superficie disponible y superficie útil explica por qué las cuentas de servilleta sobre techos solares salen casi siempre optimistas de más.

Las células no se ven porque la metalización va por detrás

La ficha técnica del prototipo, expuesta en un atril junto al coche, declara una arquitectura «Si-Tandem (IBC)». Las siglas IBC corresponden a contactos posteriores interdigitados, y quieren decir que toda la rejilla metálica que recoge la corriente se traslada a la cara oculta de la célula. La cara expuesta al Sol queda limpia.

Luna del portón del Nissan Ariya Solar con las 93 células fotovoltaicas en lámina sobre vidrio

De ahí salen dos ventajas. La primera es eléctrica, y consiste en que no se pierde superficie iluminada debajo de ningún conductor. La segunda es de aspecto, y en un tejado ni se plantea: una célula sin metalización frontal presenta un negro uniforme, sin la retícula plateada de un panel doméstico, y solo así se puede integrar en un capó sin que la pieza ‘cante’.

El conjunto declara un rendimiento del 24,3%, por encima del 22,7% que Fraunhofer ISE da como media de los módulos de silicio que se venden hoy. El instituto alemán de referencia en energía solar sitúa el récord de laboratorio de esa misma tecnología en el 28,1% y el límite teórico en torno al 29%. Ese techo lo impone un mecanismo de pérdida interno del material, no la calidad de la fabricación.

Para pasar de ese 29% hay que cambiar de tecnología, y la industria trabaja en dos líneas de las que ninguna ha llegado todavía a un automóvil de calle. Las células en tándem apilan dos materiales sensibles a partes distintas del espectro solar, y la combinación de perovskita sobre silicio alcanza el 35,2% en laboratorio, aunque los primeros módulos comerciales se quedan cerca del 25%. Las de múltiples uniones de arseniuro de galio llegan al 47,6% bajo luz concentrada y viajan en satélites, donde el coste importa menos que los vatios por metro cuadrado.

En marcha, los 688 vatios pico se quedan en unos 250

La confusión más habitual con la energía solar está en dos palabras que se parecen mucho: la irradiancia mide la potencia que llega a un metro cuadrado en un instante, y la irradiación mide la energía que ese mismo metro cuadrado acumula a lo largo de un día o de un año. La primera se expresa en vatios por metro cuadrado y explica lo que marca un panel a mediodía. La segunda se expresa en kilovatios hora por metro cuadrado y explica los kilómetros.

Los 688 vatios pico del Ariya Solar corresponden a las condiciones de ensayo normalizadas, con 1.000 vatios por metro cuadrado de irradiancia y la célula a 25 grados. Un coche en servicio casi nunca las reúne. En un trayecto de dos horas y 80 kilómetros el sistema generó 0,5 kilovatios hora, tres kilómetros de autonomía. Salen a 250 vatios de media, poco más de un tercio de la potencia nominal.

Ficha técnica del prototipo Nissan Ariya Solar expuesta junto al coche en la presentación

La sombra es la principal responsable de esa diferencia. Fraunhofer ISE instrumentó 57 turismos y cinco camiones durante cuatro años, y en un vehículo con células en el techo y el capó las pérdidas atribuibles solo al sombreado rondan el 35%. El estudio cuenta las horas de circulación y las de estacionamiento, y son estas últimas las que concentran el efecto de los garajes, los árboles y los edificios.

Después viene la curvatura. Las células de una misma pieza apuntan en direcciones ligeramente distintas y reciben cantidades diferentes de luz incluso con el cielo despejado, y la peor iluminada limita la corriente de todas las que van en serie con ella. En los ensayos del programa fotovoltaico de la Agencia Internacional de la Energía, un módulo curvado con un radio de 0,6 metros entrega el 85,8% de la corriente de un panel plano. Para contener eso existen las 17 cadenas.

Queda un tercer factor, y actúa justo cuando más radiación hay: un módulo de silicio pierde unas tres décimas de punto porcentual de potencia por cada grado que la célula supera los 25 del ensayo, y el capó de un coche aparcado al sol en agosto se va bastante más arriba. Sombra, curvatura y temperatura son física pura, y no hay presupuesto que las arregle.

Lo que sí es cuestión de ingeniería y de dinero es aguantar el trato. La Agencia Internacional de la Energía señala la rotura de células por vibraciones como uno de los riesgos serios de fiabilidad, y apunta que las vibraciones que interesan en un turismo llegan a los 2.000 hercios, un rango en el que los encapsulantes habituales apenas amortiguan. Añade el lavado a presión, el granizo y la papeleta de reparar un capó fotovoltaico después de un golpe.

La energía se guarda en una batería adicional de 12 voltios

Techo del Nissan Ariya Solar con las 272 células fotovoltaicas integradas entre dos vidrios

Los paneles entregan corriente continua, que un controlador gestiona y envía a una batería adicional de 12 voltios y 1,28 kilovatios hora. Obviamente, esa no es la batería de alta tensión que mueve el coche: es un acumulador independiente, y está ahí por una limitación eléctrica muy concreta.

La batería de tracción de un Ariya trabaja a varios cientos de voltios. Meterle energía obliga a cerrar los contactores y a despertar todo el sistema de alta tensión: convertidor, electrónica de control, supervisión del paquete y gestión térmica. Ese conjunto consume potencia mientras está activo, y la consume igual reciba 688 vatios o reciba 50.

Un sistema fotovoltaico de este tamaño no puede sostener ese gasto. Si el coche despertase la alta tensión cada vez que hubiera sol aprovechable, buena parte de lo generado se iría en alimentar la propia instalación que tiene que recibirlo. La Agencia Internacional de la Energía coloca ese consumo parásito entre las causas principales de pérdida en fotovoltaica embarcada.

A baja tensión el problema desaparece. Los 1,28 kilovatios hora equivalen a algo menos de dos horas de generación a potencia nominal, de modo que el sistema acumula una jornada entera de aparcamiento sin obligar al resto del coche a estar despierto. La energía llega después a la propulsión por etapas.

17,6 kilómetros al día que evitan unas quince recargas al año

En Barcelona, el Ariya Solar aporta una media de 17,6 kilómetros diarios de autonomía, y hasta 23 con insolación favorable. Las medias de otras ciudades son 10,2 kilómetros en Londres, 18,9 en Nueva Delhi y 21,2 en Dubái. Entre Londres y Dubái no cambia el coche, cambia la irradiación: el IDAE sitúa la que recibe el territorio español entre 1.500 y 2.000 kilovatios hora por metro cuadrado y año.

Nissan Ariya Solar de tres cuartos trasero con la luna fotovoltaica del portón

Donde de verdad se nota es en la frecuencia de recarga. El sistema reduce el número de conexiones a un punto de carga entre un 35 y un 65% según el uso, y para quien recorra unos 6.000 kilómetros al año permite pasar de unas 23 sesiones anuales a ocho. El beneficio se concentra en quien hace pocos kilómetros y aparca al aire libre. La razón es que la energía que un sistema fotovoltaico genera a lo largo del año es prácticamente la misma, haga los kilómetros que haga el coche que lo lleva encima. El del Ariya Solar produce lo que produce, así que cuanta menos energía gaste su conductor, mayor es la parte de su movilidad que ese sistema cubre. En un garaje subterráneo, en cambio, no genera nada.

Para saber si esos 23 kilómetros diarios son muchos o pocos hay que compararlos con los de otro vehículo solar. Aptera es un triciclo estadounidense concebido desde cero para gastar lo mínimo por kilómetro, declara unos 700 vatios de células y anuncia hasta 40 millas diarias, unos 64 kilómetros. La energía que el Aptera es capaz de generar a lo largo del día es comparable a la del Ariya, porque su superficie de células es prácticamente la misma; lo que cambia es la eficiencia con la que cada uno convierte esa energía en kilómetros. Que un SUV de cinco plazas alcance la misma potencia instalada que un vehículo diseñado desde cero para captar el Sol dice bastante de lo bien aprovechada que está su carrocería.

Esta no es la primera incursión de Nissan en la energía solar. El primer LEAF montaba un panel en el alerón que mantenía cargada la batería de 12 voltios de la que cuelgan los accesorios, y la marca corrió el World Solar Challenge australiano de 1993. En octubre de 2025 presentó el Ao-Solar Extender para el kei-car eléctrico Sakura, cuya respuesta a la falta de superficie es mecánica: con el coche parado se despliega un segundo panel y la generación sube de 300 a unos 500 vatios.

El Nissan Ariya Solar, en cuatro preguntas y un minuto

¿Está a la venta el Nissan Ariya Solar?

No. Es un demostrador tecnológico construido sobre un Ariya de serie para cuantificar el aprovechamiento solar en un automóvil. Nissan no lo ofrece en catálogo ni ha anunciado una versión de producción.

¿Cuánta autonomía aporta cada día?

Una media de 17,6 kilómetros diarios en Barcelona, y hasta 23 en condiciones de insolación favorables. Las medias de otras ciudades son 10,2 kilómetros en Londres, 18,9 en Nueva Delhi y 21,2 en Dubái.

¿Deja de hacer falta enchufarlo?

No. La energía solar recorta la frecuencia de recarga entre un 35 y un 65% según el uso, y en un conductor de 6.000 kilómetros al año permite pasar de unas 23 sesiones anuales a ocho. Es una fuente complementaria del enchufe.

¿Por qué 688 vatios pico no son 688 vatios todo el rato?

Porque el vatio pico se mide en condiciones de ensayo normalizadas: 1.000 vatios por metro cuadrado de irradiancia y la célula a 25 grados. En un coche hay sombras, la carrocería es curva y las células se calientan muy por encima de esa temperatura. En dos horas y 80 kilómetros el sistema generó 0,5 kilovatios hora, que equivalen a 250 vatios de media.

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