Yo soy muy fan de los coches deportivos, aunque sé diferenciar muy bien los que son maravillosamente emocionales (un Lotus, por ejemplo), de los que son plenamente utilizables en otras circunstancias en las que no se trate de correr. El deportivo perfecto. Estos últimos tienen mucho más sentido, lógicamente, puesto que sirven como coches únicos. Si tienes un Lotus, necesitas un daily, eso está claro.
Bien, pues en esas, el Audi S3 es uno de los top. Y tengo una malísima noticia si estás en mi línea: este es el último Audi S3 que existirá. Al menos, de pura gasolina.
Bien, pues como sabrás se vende con carrocería Sportback y Sedan. El que nos han dejado es un Sedan, o sea con carrocería de tres volúmenes, que añade un poco elegancia y maletero. Por cierto, hablando de esto último, declara sólo 325 litros de capacidad mermado por la ubicación del diferencial trasero, pero no sé quién ha medido eso porque a mí visualmente me parecen unos cuantos más.

A costa de encarecerlo, es el deportivo perfecto
Claro que este Audi S3 nada tiene que ver con aquel compacto deportivo de 210 CV que te flipaba hace dos décadas y que, a pesar del casi mito que gira en torno a él, no dejaba de ser poco más que un Audi A3 Quattro con potencia y una suspensión deportiva.
Esto es otro nivel, y lo es porque el mercado lo ha dictado así. El actual Audi S3 tiene un motor 2.0 turbo de 333 CV, tracción total con diferencial autoblocante torque splitter detrás, frenos gordos, suspensión regulable y hasta 1,5 grados de caída negativa en las ruedas delanteras.

En consecuencia de todo lo anterior, ofrece una experiencia de conducción mucho más deportiva, eficaz y gratificante a costa de haber duplicado su precio. Este Audi S3 Sedan cuesta 68.720 euros para empezar a hablar. Luego cámbiale el color si no lo quieres rojo y añádele un par de extras y superarás los ’70’ holgadamente.
Claro que te llevarías un deportivo perfecto, un coche total. Ese que te sirve para recorrer carreteras chulas, para correr en tandas de circuito, para viajar, para ir a hacer tus recados y para ir a trabajar. Lo tiene todo, literal.

Corre ya mucho; menos de cinco segundos para pasar de 0 a 100 km/h. Y tiene una caja de cambio automática de doble embrague y siete velocidades que, aun con sus largos desarrollos, cambia de marcha en un parpadeo y de forma convenientemente violenta en el modo de conducción Dynamic.
Ciertamente, hay palpables variaciones de comportamiento entre los modos de conducción y eso es bueno. En Efficiency esto es un Audi A3 que gasta un poco más de la cuenta, pero tampoco te creas que mucho, pues puedes llevarlo en 9,2-9,5 L/100 km sin problema. En Dynamic ofrece una respuesta y tensión muy gratificantes y efectivas.

Cómo me gusta por dentro
Por supuesto aderezado por su maravillosa dirección, que tiene sólo dos vueltas de volante y se conecta a un volante de perfecto tacto. Esto no es un deportivo radical, tienes otras opciones para eso incluso dentro de la gama Audi A3 (el RS 3), pero sí uno que es bestia al 60% y manso al 40%.
Esta generación del Audi A3 ya tiene un tiempito, se presentó en 2020. Y eso tiene una parte buenísima, y es que hay mandos físicos en el interior. Y botones de verdad, de los que transmiten valor cuando los pulsas. Nada de superficies táctiles o paneles que aglutinen varias funciones en una pieza. Muchísimo mejor que lo que llevan últimos lanzamientos de Audi, como el Audi S5 o el Audi A6 que tengo hoy en mi garaje.

Y además de tener botones mecánicos de tacto caro, como debe ser en un coche de estos, hay un módulo específico para el control de la climatización. No se integra en la pantalla como en los últimos Audi. Luego aparte hay unas butacas deportivas fantásticas y plazas traseras sólo decentes.
El sistema multimedia tampoco es el más reciente y avanzado de Audi, pero es un perfecto ejemplo de sensatez, rapidez de funcionamiento y relativa sencillez. No hacía falta complicarlo más, Audi, eso te distinguía del resto de marcas premium.
Bueno, puede que esta haya sido la última vez que me pongo al volante de un Audi S3 nuevo, al menos sin hibridación de algún tipo. Siempre guardaré un gran recuerdo de él y estará en mi particular salón de la fama, ese integrado por coches que me gustaría tener en mi garaje.
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