Hay una escena que se repite cada verano. El coche lleva varias horas aparcado a pleno sol, abres la puerta y una auténtica bocanada de aire caliente convierte el habitáculo en un pequeño horno. Lo primero que haces es poner el climatizador al máximo. Si conduces un coche de gasolina o diésel apenas piensas en ello. Pero si tu vehículo es eléctrico, es muy probable que te asalte la siguiente duda:

¿Cuántos km de autonomía pierdo al enfriar un eléctrico?
La buena noticia es que el impacto es mucho menor de lo que suele pensarse. La menos buena es que ese primer golpe de calor obliga al sistema de climatización a trabajar con una intensidad muy superior a la que necesita una vez alcanzada una temperatura confortable.
Diversos estudios sobre climatología y confort térmico en el automóvil concluyen que un vehículo cerrado expuesto al sol durante varias horas puede alcanzar fácilmente temperaturas interiores de entre 55 y 70 ºC, incluso cuando en el exterior el termómetro marca entre 35 y 40 ºC. El llamado efecto invernadero hace que los cristales dejen pasar la radiación solar, pero dificulten la salida del calor acumulado, elevando rápidamente la temperatura del salpicadero, los asientos y los paneles interiores.
Ese exceso de calor tiene una consecuencia directa: el sistema de aire acondicionado debe extraer una enorme cantidad de energía térmica durante los primeros minutos de funcionamiento. Según distintos trabajos publicados en revistas científicas especializadas en climatización y eficiencia energética del automóvil, el compresor puede llegar a demandar entre 2 y 5 kW de potencia durante esa fase inicial, dependiendo del tamaño del vehículo, la radiación solar recibida y la diferencia entre la temperatura interior y la seleccionada por el conductor. La cifra puede parecer elevada, pero conviene ponerla en contexto. Esa potencia máxima solo se mantiene durante un tiempo relativamente corto. Una vez que el habitáculo desciende hasta unos agradables 22 o 23 ºC, el esfuerzo del sistema disminuye de forma considerable y el consumo suele estabilizarse entre 0,8 y 1,5 kW, suficiente para mantener el confort térmico sin grandes variaciones.
Traducido a la batería, la factura resulta razonable. Enfriar un coche que ha permanecido varias horas al sol suele requerir aproximadamente entre medio y un kilovatio hora (0,5-1 kWh) durante los primeros quince o veinte minutos. En un vehículo eléctrico equipado con una batería útil de 60 kWh, eso supone alrededor del 1 % de la capacidad disponible. En la práctica, la pérdida de autonomía suele situarse entre cinco y diez kilómetros, aunque la cifra depende de la eficiencia de cada modelo, del tamaño del habitáculo y de la temperatura exterior. Incluso manteniendo el aire acondicionado funcionando durante una hora completa en una jornada especialmente calurosa, el consumo ronda habitualmente 1,3-1,5 kWh, es decir, poco más del 2 % de la batería en un eléctrico de capacidad media.

El consejo de Autofácil sobre climatización en un eléctrico
Hay un aspecto que muchos conductores desconocen y que juega claramente a favor de los eléctricos. Mientras que en un coche con motor de combustión el compresor del aire acondicionado necesita que el propulsor esté funcionando, la inmensa mayoría de los eléctricos permiten preclimatizar el habitáculo desde el teléfono móvil antes de iniciar el viaje.
La ventaja es doble. El conductor encuentra el interior ya refrigerado y, además, si el vehículo permanece conectado al punto de recarga durante esa operación, la energía necesaria para enfriar el habitáculo procede directamente de la red eléctrica y no de la batería. En otras palabras, se empieza el viaje con el coche fresco y prácticamente con la autonomía intacta.
El sistema térmico de un eléctrico, además, tiene otro cometido que suele pasar desapercibido. No solo debe garantizar el confort de los ocupantes, sino también mantener la batería de alta tensión dentro de su rango óptimo de temperatura. En pleno verano, especialmente después de una recarga rápida o de un largo recorrido, parte del circuito de refrigeración puede destinarse a proteger el paquete de baterías frente al exceso de calor. Es una función fundamental para preservar tanto las prestaciones como la vida útil del acumulador.
Por todo ello, algunos gestos tan sencillos como buscar una plaza de aparcamiento a la sombra, utilizar un parasol en el parabrisas, abrir las puertas durante unos segundos antes de arrancar o activar la preclimatización desde la aplicación del vehículo pueden marcar una diferencia apreciable tanto en el confort como en el consumo energético.
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