En un momento en el que el sector vive entre calendarios, restricciones y dudas tecnológicas, Gasib ha reunido a industria, automoción, logística, investigación y administración pública para hablar de descarbonización. El mensaje ha sido claro: la transición no será de una sola tecnología, sino de una convivencia de soluciones bajo un enfoque de neutralidad tecnológica, especialmente en los segmentos donde electrificar es más complicado.

Usuario, el gran beneficiado del GLP
El CEO de Gasib, Filipe Henriques, puso el foco en el usuario —y en el coste de moverse— para justificar por qué el GLP sigue teniendo sentido como solución de transición ya asentada: «El principal reto de Gasib es que nadie se quede atrás en la transición energética. Es importante que busquemos soluciones adaptadas a las necesidades de cada uno; estas tienen que ser reales, efectivas y estar ya disponibles. No podemos perjudicar el poder adquisitivo de las familias ni la propia competitividad de las empresas«. Y aquí el GLP se muestra como alternativa inteligente por disponibilidad -1.000 puntos de repostaje-, precio competitivo -la mitad que el Diesel- y su limpieza frente a combustibles tradicionales. No olvidemos que el GLP puede reducir el CO₂ hasta un 20% frente a combustibles líquidos tradicionales y disminuir hasta un 99% otras partículas contaminantes. En óxidos de nitrógeno, el recorte puede llegar al 96% frente al diésel y al 68% frente a la gasolina, además de reducir el ruido del motor hasta un 50%, con menos humos, olores y vibraciones. En ciudad, esto conecta con una preocupación muy concreta para el conductor: la etiqueta ECO y el acceso a zonas con restricciones, especialmente relevante para reparto y servicios.
Interesante la opinión en este foro de Miguel Ángel Calderón, director de Marketing de Dacia España, marca que —junto a Renault— ha contribuido a normalizar el GLP en el mercado con una oferta amplia orientada a coste por kilómetro. En el debate, Calderón defendió el papel del GLP como una vía madura y accesible para rebajar emisiones sin obligar al usuario a cambiar hábitos de uso ni asumir sobrecostes difíciles de justificar en el corto plazo. Y Calderón incidía en que en nuestro país y en momentos como los actuales “no todo el mundo puede pagar las nuevas tecnologías; y además hay que mirar el coste de uso”.
Pero más allá de su utilización en el transporte privado vía los turismos, interesante el reto de Gasib de extender el GLP al uso intensivo (última milla, servicios urbanos y flotas). Marcos Pallás, director Comercial de Gasib, nos recordaba que «cuando hablamos de transición energética, es importante destacar que nos referimos a cómo descarbonizar porque la contaminación y la polución en los grandes núcleos urbanos se traduce en un problema de salud pública«. Para reforzar esa apuesta, Gasib se apoya y apoya el desarrollo de soluciones industriales como las de BeGas, proveedor de motores GLP para aplicaciones profesionales. Su CEO, Pedro Silva, presentó el BeGas B430LG como «el primer motor europeo 100 % autogás y bioautogás que cumple con la normativa Euro VI Step E», diseñado para última milla y servicios urbanos.
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